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Meditación y Compasión Juan Manzanera Los
contenidos de nuestra mente están cambiando constantemente. Pasamos por estados
mentales positivos y negativos, por momentos de generosidad, ética, amor, etc.,
y por momentos de rencor, avaricia, desconsideración y demás. La mente cambia y
en ella existen infinidad de posibilidades. Entre todas, una resalta por su
belleza y distinción, por su poder y relevancia, es uno de los estados mentales
más importantes para el despertar espiritual: la compasión. Aunque la palabra compasión tiene una
connotación de conmiseración y lástima, en el ámbito de la meditación es algo
muy diferente. Aquí la compasión es una actitud firme y enérgica volcada a
acabar con el dolor donde quiera que se encuentre; es la actitud que anhela aliviar
del sufrimiento a los demás, una disposición que siempre nos lleva a actuar y
que nos impulsa a meditar para ser cada vez más capaz de beneficiar a los
demás. Ver a alguien sufriendo y decidir ayudar a esa persona a salir de ello
es compasión. Esta capacidad de movilizarse ante el
sufrimiento de los demás es sumamente importante en el proceso de maduración
personal y uno de los elementos clave del sendero a la realización espiritual.
Se dice que de la misma manera que para obtener una buena cosecha son
imprescindibles unas semillas de buena calidad, que luego debemos regar y
fertilizar para finalmente dejar que sus frutos maduren al sol; asimismo, para
obtener esta cosecha de la plenitud humana, es esencial la compasión, con la
particularidad de que —a diferencia de las tres condiciones previas (las semillas,
el agua y el tiempo)— la compasión es importante siempre, al inicio del camino,
en el proceso y al final. Al comenzar la práctica espiritual lo que
nos impulsa a implicarnos en ella es la compasión. Al percibir el sufrimiento
sentimos la necesidad de hacer algo y de este modo buscamos una mayor
conciencia y sabiduría. Luego, a lo largo del proceso de realización, ante las
muchísimas dificultades que surgen, la solidez de la compasión es lo que nos
mantiene firmes y nos lleva a ir eliminando los velos de nuestra mente. Debido
a la conciencia del sufrimiento de los demás, nos implicamos en acciones
generosas, éticas, ecuánimes, etc., que nos aportan la capacidad para acabar
con las emociones destructivas. La compasión nos hace sentir que cada instante
es crucial, pues mientras menos tardemos en llegar al despertar antes podremos
acabar con el dolor de los demás. Finalmente, al llegar a la meta también la
compasión es importante pues es lo que hace que la realización espiritual se
encarne y se complete. La conciencia de que los demás sufren por no conocer la
realidad nos lleva a materializarnos para estar más cercanos y ser más
efectivos en la ayuda. Es decir, sin el compromiso de erradicar el sufrimiento
del mundo, aunque la experiencia espiritual sea paz y serenidad está
desprovista de las cualidades y potencialidades de la mente. Sólo con la
compasión es posible desplegar el caudal inconcebible de posibilidades que hay
en el ser. Al investigar cómo llegar a sentir este
afán de acabar con el sufrimiento de los demás, encontramos que no puede venir
simplemente del deseo de ser buenos ni estar basado en una obligación moral,
ni en una visión idealista de la humanidad. Para vivir en al compasión
necesitamos la profunda realización de que la manera más coherente de vivir
es ayudar a los demás. La vida de los grandes seres iluminados de la historia
acredita esta comprensión, tal como nos señala el maestro budista Shantideva en
su obra, Guía
a la Vida del Bodhisattva: ¿Qué necesidad hay de decir más?. Quienes son inmaduros se afanan por su
propio beneficio, (mientras que) los seres despiertos se
afanan por beneficiar a los demás. ¡Observa la diferencia entre ellos! Es decir, para nosotros que todavía no
tenemos ninguna realización espiritual y estamos llenos de condicionamientos,
la elección prioritaria es nuestra propia felicidad; sin embargo, los seres que
han llegado a la plenitud cuando se deciden a actuar siempre eligen ayudar a
los demás. Estos hombres y mujeres conocen todos los fenómenos y están libres
de comportamientos compulsivos; es decir, pueden elegir sus movimientos y
acciones, nada les afecta ni les perturba. De manera que si estos grandes
personajes llenos de sabiduría actúan así es porque es lo mejor, lo más
coherente, lo más inteligente. Para generar esta mente de compasión
necesitamos detenernos a meditar. Primero en el espacio de la meditación y
luego en la interacción con los demás, el proceso se inicia despertando la conciencia
de que todos los seres somos iguales; así, por medio de la atención consciente,
percibimos que todos deseamos fundamentalmente ser felices y por lo tanto no
hay diferencias entre nosotros y los demás, que nuestra naturaleza esencial es
idéntica y que compartimos la misma verdad última. A continuación lo siguiente
es meditar para reconocer que todos estamos interrelacionados, que no somos
individuos aislados y separados sino que se produce un constante intercambio
entre nosotros y los demás; por ejemplo, cada día estamos usando miles de cosas
que nos están proporcionado cientos de personas (ropa, alimentos, agua,
electricidad, etc.). Esto promueve un cierto sentimiento de cercanía que rompe
con la distancia habitual en la que vivimos. También, necesitamos admitir que los
momentos de más felicidad en nuestra vida se corresponden con cuando fuimos más
amorosos y abiertos, mientras que las etapas de sufrimiento coinciden con los
momentos de más egocentrismo. Aún más, nuestros momentos más felices siempre
han sido gracias a los demás. Al ver esto, si somos realmente sinceros con
nosotros mismos no podemos evitar un profundo sentimiento de gratitud. A partir
de aquí y como consecuencia de esto la meditación nos lleva a sentir empatía y
el deseo de hacer algo cuando percibimos que alguien sufre. Luego, con el
tiempo este sentir se va extendiendo a todos los seres, de modo que llega un
momento en que sólo deseamos dedicar nuestra vida a erradicar el sufrimiento,
no importa quien lo padezca, y esto es la compasión. La determinación de acabar con el dolor es
una actitud de proximidad, afecto y valor ante el dolor ajeno que tiene mucho
que ver con la acción. La persona compasiva no se aísla del mundo, no se
desconecta de los demás con grandes explosiones de emotividad, no habla ni se
abruma ante el dolor ajeno, al contrario, se pone en marcha para encontrar la
manera de eliminar el sufrimiento donde lo haya. Desde que nacimos sólo queremos una cosa,
sólo queremos vivir felices y en paz. La mente de compasión es la vía de esa
paz, generar compasión es el mejor remedio para solucionar todos los estados
emocionales destructivos. No solamente es la actitud más positiva frente a los
demás, sino también ante uno mismo. Tener compasión trae gozo y un fuerte
sentimiento de descanso sin culpas. Hacemos tremendos esfuerzos por aprender
cosas, por tener experiencias nuevas, hacemos cursos y viajes, conocemos gentes
y situaciones diversas, pero todo acaba siendo una acumulación de datos y
recuerdos, solamente transformar la conciencia puede darnos lo que buscamos con
esos esfuerzos. Y para ello la compasión es una de las claves más importantes. Meditación Práctica
Si
quieres meditar en la compasión este puede ser un modo sencillo de hacerlo. Después
de relajar el cuerpo y la mente con unas pocas respiraciones lentas y
profundas, toma conciencia de lo que te hace infeliz y siente que hay muchas
otras personas que están experimentando lo mismo. Siente a los miles de seres
que sufren y se encuentran mal, y contempla: -Que
todos los seres estén libres del sufrimiento y de sus causas. (Déjate estar en
eso unos minutos, hasta que la frase te llegue profundamente) -Sería
maravilloso que todos los seres estuvieran libres del sufrimiento y de sus
causas. (Déjate estar en eso unos minutos, hasta que la frase te llegue
profundamente) -Ojalá
todos los seres estén libres del sufrimiento y de sus causas. (Déjate estar en
eso unos minutos, hasta que la frase te llegue profundamente) -Voy
a hacer lo posible para que todos los seres estén libres del sufrimiento y de
sus causas. (Déjate estar en eso unos minutos, hasta que la frase te llegue
profundamente) Para
concluir, entra en el silencio de la mente, siente que te disuelves en el
espacio inefable que es tu verdadera esencia y la de todos los seres y que está
más allá de todo sufrimiento.
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