Meditación: La mente a dieta
Queremos cambiar, ser mejores personas, desarrollar
nuestro potencial espiritual; sin embargo, nuestras aspiraciones no bastan. La
mente no nos deja. Atrapados por hábitos y tendencias mentales, damos círculos y círculos alrededor de lo mismo.
Cuando
uno emprende un proceso personal necesita saber los recursos con los que cuenta
y las dificultades que van a surgir. Los recursos son las capacidades
personales que nos permitirán llegar a cumplir los objetivos, y las
dificultades son los distintos obstáculos que conlleva avanzar en el proceso.
La
premisa fundamental es que todos tenemos recursos para avanzar en el proceso
espiritual, y la razón es que todos tenemos cierta capacidad de conciencia.
Además, por su naturaleza, la capacidad de conciencia no es algo estático y
formado sino que puede desarrollarse y potenciarse. La meditación y las
disciplinas que trabajan la mente nos sirven para este fin. Así, el estudio de
la mente y de las enseñanzas de los maestros de la humanidad, la atención al
momento presente, la práctica del comportamiento ético y responsable, la
relación con personas sabias y espirituales, etc. son algunos de los métodos
habituales para potenciar nuestros recursos.
Ahora
bien, tener recursos no lo es todo. Las capacidades personales necesitan ser
utilizadas para tener resultados. Como el que se muere de inanición porque no
se alimenta de la comida que tiene, solamente acrecentar nuestros recursos no
tiene ningún efecto en nuestra transformación. Así, hoy en día mucha gente se
conoce todos los libros sobre espiritualidad, otros muchos están siempre
haciendo cursos, otros buscan la cercanía de algún maestro, etc. y de este modo
acrecientan su capacidad y fuerza interior, no obstante, pocos desarrollan su
proceso espiritual. Hace poco un conocido regresaba de unos días de estancia
con su maestro, venía “flotando” con una sensación de paz y de estar “lleno de
bendiciones” – como él decía. Sin embargo, cuando le planteé qué iba a hacer
para enfrentar sus dificultades personales y para seguir avanzando en el
trabajo espiritual no supo responder. No se lo había planteado, sólo quería
seguir sintiendo las “bendiciones”.
De
modo que es preciso aplicar los recursos que tenemos y aquí es donde nos
encontramos con dificultades. Los obstáculos es la inercia de la mente, son los
hábitos emocionales y racionales, son las tendencias a repetir lo que hemos
hecho siempre. Para vencerlos necesitamos pasión. Sólo obtienen resultados en
el plano espiritual quienes viven apasionados por
Por
otra parte, el apasionamiento encierra el acceso a los métodos apropiados para
avanzar en el camino junto con la clara convicción de que son fiables y
servirán de ayuda. Además, es importante abrigar la certeza de que ha habido
personas que con idénticos procedimientos obtuvieron resultados, y que a lo
largo de los tiempos muchos —que eran personas corrientes— consiguieron
trascender y descubrir la realidad esencial de su ser, empleando esos mismos
métodos.
La
pasión nos lleva a vencer los obstáculos. Cada vez que actuamos dejamos
tendencias e impresiones en
Lo
mismo que con este ejemplo sucede con otras emociones. Así, los momentos de
rencor, de tristeza, de ansiedad, de inseguridad, de agitación, etc. —y
especialmente el sentimiento de ser alguien individual y separado— se van
quedando grabados y con el tiempo vienen a formar parte de nuestro carácter y
de nuestro modo de vivir la vida.
Para
vencer esto se plantean diversas maneras.
Una de ellas es aprender a controlar
A
través de la quietud y la observación interior —con la meditación, por ejemplo—
descubrimos cuáles son esas tendencias que nos condicionan y limitan. Luego,
una vez descubiertas nos esforzamos en reconocer las situaciones en que surgen.
A continuación, tomamos la determinación de erradicarlas. Finalmente, en cuanto
aparecen dejamos de poner energía en seguirlas. La manera de hacer esto último
es cambiar los pensamientos y detener la rumiación.
Debemos saber que todos los hábitos mentales se apoyan en una serie de pensamientos y creencias muy arraigados. Así, para anular un estado mental activo podemos utilizar pensamientos diferentes que interfieran y contrarresten su fuerza. Así, en el ejemplo citado antes, cuando uno entra en la insatisfacción, puede empezar a pensar que la vida cambia muy rápido, que lo que hoy le llena mañana no significará nada, que aunque encuentre algo al final le desencantará y volverá a seguir buscando, que siempre ha sido y siempre será así, etc. Pensando de este modo dejamos de alimentar el estado emocional y éste se agota.
Ahora,
como sabemos, las tendencias mentales se han convertido en hábitos de modo que
contrarrestarlas una vez no es suficiente. Aquí necesitamos ser constantes y
esforzarnos en
La
buena alimentación
La otra parte de la tarea es cultivar
tendencias positivas. De nuevo, se trata de crear un espacio interno —por
ejemplo, utilizando la meditación— en el que se fragüen nuevos estados mentales
y formas de pensar. La idea del espacio interno es importante pues no basta con
la repetición racional y el convencimiento superficial. Necesitamos contactar
con el lugar interior donde se asientan las impresiones mentales y allí mismo
crear algo nuevo. Así podemos implantar estados como la gratitud, el perdón, el
amor, la compasión, la sabiduría, la visión lúcida, etc., hacer que se
conviertan en hábitos y a través de ellos nuestro carácter nos conduzca a la
trascendencia espiritual. La forma de hacer esto en meditación es emplear una
serie de pensamientos y vivencias que provoquen la manifestación del
sentimiento que buscamos. Primero deja una huella débil en la mente, luego,
cuando repetimos la meditación la huella se refuerza y con el tiempo, se convierte
en un hábito y finalmente viene a formar parte de nuestro carácter.
La
idea es propiciar unos procesos mentales que nos ayuden a avanzar en el camino.
Después de esto todavía queda mucho por hacer en cuanto a la vivencia
espiritual, pero así tendremos menos obstáculos y atraeremos más oportunidades
y mejores condiciones para llegar fácilmente a vivir nuestro ser más genuino.
|
|
|