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Afrontar adicciones

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Tenemos que descubrir por qué es tan importante aprovechar la vida y, luego,
ser consecuentes con esa sabiduría. Lama Thubten Zopa Rinpoché.

Para las personas más despiertas y lúcidas la vida es una oportunidad inconcebible. Aunque la mayoría nos pasamos el tiempo huyendo de los problemas; es muy interesante comprobar que cuando llegamos a los estados más evolucionados empezamos a apreciar los conflictos y dificultades de la vida con inmensa gratitud. De hecho, los problemas dejan de ser percibidos como tales y son considerados como elementos que enriquecen la vida y abren el camino a nuevas posibilidades. Se abre una sorprendente fe en los inconvenientes y problemas. En estos estados más sabios, las personas buscan la sanación interna en los conflictos que se presentan.

Para la mayoría esto no es así. Nosotros escapamos de los problemas y del sufrimiento, y de hecho, cada uno tenemos nuestra forma peculiar de responder a los apuros. Poseemos un repertorio de respuestas que se activa automáticamente cuando se presentan problemas. Vivimos en constante alerta y estamos a la defensiva; además, nuestras reacciones son habitualmente las mismas.

La cuestión es que vivir no es nada fácil. A menudo nos sentimos inadecuados e incapaces, y la vida se presenta como una gigantesca maraña de situaciones complicadas que resolver y manejar. Sin pretenderlo ni desearlo nos topamos continuamente con situaciones incómodas. Vivir resulta ser experimentar continuamente inseguridades, fracasos, críticas, exigencias, culpas, incomodidades, limitaciones, frustraciones, etc., etc. Ante esto, respondemos como podemos, y cada uno tenemos nuestro estilo. Hay quienes se acobardan y se hunden en estados de impotencia y desesperación, hay quienes se agarran a otros como salvavidas, hay quienes se convencen de que pueden con todo, etc.

Una adicción es una de esas maneras automáticas y reactivas de gestionar el dolor de la vida.
Nadie elige ser un adicto, más bien tratamos de escapar del sufrimiento y acabamos capturados por una adicción. Es decir, empezamos buscando una salida y acabamos atados a algo que nos limita y nos lleva a un sufrimiento mucho mayor del que tratábamos de evitar.

Es preciso hacer una advertencia y evitar caer presos de nuestros prejuicios, valoraciones e interpretaciones. Con prestar atención, apreciamos que no elegimos nuestro cuerpo ni nuestra personalidad, no elegimos que nos gusten ciertas cosas o nos desagraden otras, tampoco elegimos nuestras capacidades ni limitaciones, etc. Todo lo que somos, nuestro cuerpo y mente, se deriva de la confluencia de numerosas causas y condiciones a las que hemos estado expuestos. Por consiguiente, tampoco elegimos nuestra forma de responder a los problemas ni nuestras capacidades o limitaciones a la hora de afrontarlos. En este sentido, hemos de asumir que una adicción no es una elección libre ni un problema de inmoralidad o algo por el estilo, sino un condicionamiento en el que hemos quedado atrapados. Entenderlo así es esencial a la hora de liberarse de ella. Debemos saber que nos condicionan nuestros miedos, necesidades, creencias y demás, y sobre todo la imagen que tenemos de nosotros mismos. Reconocer esto es el primer paso para dejar atrás la adicción.

Hay muchos tipos de adicciones y, como estamos viendo, todas ellas son intentos torpes e ineficaces de afrontar algún profundo dolor. (Las más comunes: adicción al alcohol, a la nicotina, a sustancias, al juego, a la comida, a los videojuegos, a internet, al sexo, a las compras y al trabajo). No es preciso mencionar que el efecto de la dependencia es experimentar mucho más infelicidad que aquella de la cual deseamos escapar; sin embargo, el adicto no puede hacer otra cosa. Por un lado, no es consciente de lo que está haciendo, y por otro no conoce ninguna otra forma de responder al sufrimiento.

Desde la perspectiva espiritual el problema de tener una adicción es la inmensa energía que nos demanda, y que nos impide despertar y evolucionar.

Es decir, se considera que la vida es un privilegio por las posibilidades de liberación y sabiduría que permite. Aunque, podamos cruzarnos con muchos problemas, siempre tenemos la capacidad de trascenderlos y evolucionar más allá de ellos. En palabras de uno de mis maestros, el lama Thubten Yeshe: “Nunca pongas límites a lo que puedas llegar a conseguir, no importa cómo haya sido tu vida hasta ahora”. Así, una adicción nos deja atrapados en un bucle de necesidad y dependencia que absorbe toda nuestra vitalidad, lucidez y potencial.

Cuando tenemos una adicción, nos atamos a eso a lo que somos adictos. Perdemos toda libertad de elección y nuestras decisiones y comportamiento están supeditados a la dependencia. No podemos hacer nada sin pensar en la adicción, perdemos la claridad mental y la autonomía.

Es curioso ver cómo la adicción nos hace ver las cosas de otra manera. Es decir, al contrario de lo que realmente sucede, muchas veces los adictos justifican su comportamiento con el pensamiento de que la libertad es seguir haciendo lo mismo. Por ejemplo, quienes tienen adicción a la nicotina se dicen que no quieren privarse del placer de fumar, quienes son adictos a comer se cuentan que no hay motivos para renunciar al disfrute de la comida. Lo que no quieren y no pueden ver es que no pueden elegir, que no pueden decir no a la nicotina o la comida. El adicto no es libre, está atado y ha perdido toda la libertad. Pierde horas y horas en obtener eso de lo que depende, y paradójicamente no le ofrece ninguna satisfacción.

Para liberarnos de una adicción es preciso llegar a apreciar claramente la dependencia como algo asfixiante. Es necesario dejar de engañarse y ser muy honesto con uno mismo. Este quizás es uno de los puntos más importantes y al mismo tiempo más difíciles. Las personas adictas tienen una habilidad muy especial de engañarse y de creerse las falsedades que se cuentan. Viven en su propia mentira y en una huida hacia adelante sin futuro. La curación empieza reconociendo que uno está enfermo. El adicto necesita darse cuenta de que no sólo nunca consigue dejar atrás el sufrimiento sino que constantemente está generando más. La conciencia del sufrimiento es lo que nos da la fuerza para aplicar remedios eficaces que nos liberen.

Sanar una adicción es un asunto complejo que requiere un abordaje desde varias perspectivas. La meditación nos aporta sanación al cultivar el poder de ser conscientes. Es decir, meditar puede ser muy efectivo como uno de los instrumentos para superar la adicción. No obstante, también hay que entenderla como complemento a otras herramientas, como el apoyo social, la vida saludable, el trabajo terapéutico emocional, etc.
Una forma práctica de emplear la meditación para superar una adicción es cultivar tres cualidades: compasión, atención y sabiduría.

La compasión consiste primero en apreciar que numerosas personas en el mundo están experimentando la misma situación angustiosa, la misma adicción, y reconocer el dolor del mundo. Es sentirse vinculado a los demás en este dolor de la adicción. Pero además, en segundo lugar, significa evocar un profundo anhelo de que todos los seres se liberen del sufrimiento de la adicción. Cuando nos damos el tiempo necesario para que despierte la compasión, este anhelo acaba convirtiéndose en la intención de contribuir a ello, el arrojo para emprender el camino para ayudar a los demás a superar su adicción. Esta compasión sana internamente los mecanismos más sutiles e inconscientes que mantienen la adicción.

Mediante la atención nos enfocamos en la experiencia interna de dolor y tratamos de evitar la reacción. Es decir, si entendemos la adicción como una forma de resolver un dolor profundo en nuestro interior, mediante la atención nos enfocamos en este dolor y tratamos de observarlo con la mayor claridad posible, de un modo directo, inmediato y sin conceptos. Esto no es nada fácil, pero el trabajo previo con la compasión es inmensamente valioso para hacerlo.

Es sumamente difícil reconocer el dolor profundo, generalmente antes de llegar a verlo ya nos hemos escapado. Sólo una práctica constante y una gran fe en el proceso nos pueden ayudar. Si entendemos claramente la adicción como una respuesta reactiva, sabremos que sólo podemos liberarnos si detenemos la reacción. La atención no libera del dolor, nos libera de la reacción adictiva. El dolor sigue estando y aceptamos vivirlo con ecuanimidad, contentamiento, humildad y apertura. Esta es la atención que sana y la meditación es la tarea ideal para alcanzarla.

Por último, la tercera cualidad es la sabiduría. Meditar en sabiduría tiene diferentes significados y puede referirse a cosas distintas. Aquí hablamos de un cambio de enfoque. Mediante la meditación tratamos de desvelar la fuente de la experiencia de dolor. Activamos la suficiente lucidez para apreciar la esencia de las experiencias, de las sensaciones físicas y mentales; tratamos de apreciar el origen, la fuente y el fundamento de todo lo relacionado con la experiencia de dolor.

Al mismo tiempo, la indagación nos lleva a cuestionar que haya alguien que sufra e incluso que el sufrimiento (que tanto tememos) sea tan real como lo vivimos. La sabiduría emerge cuando dejamos de entender el dolor como algo personal. El dolor se desvela como pura luminosidad, impersonal e interdependiente, sin ninguna entidad por sí mismo. Encontramos algo más real que el sufrimiento de modo que éste cambia de significado, el dolor pierde su peso e importancia.

La adicción se resuelve al descubrir que en realidad cuando lo miramos bien, no hay motivos para escapar de nada ni nada que lograr. Se aprecia que este momento, tal cual es, es la expresión de nuestra esencia más real. Ahora bien, es frecuente perder la sabiduría que evocamos en meditación. De modo que debemos ser conscientes de ello y estar dispuestos a mantener un trabajo continuado y constante. Una apertura no es suficiente, debemos seguir hasta que se instale una nueva visión.

En resumen, hay herramientas para superar cualquier adicción. Es preciso creer en lo valiosa que puede llegar a ser la vida y reconocer la adicción como algo que nos aprisiona y secuestra, además de despojarnos de mucho tiempo y energía vital. Como a menudo se menciona: ser feliz es una responsabilidad.

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