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Cuaderno Octavo

[PRIMER BORRADOR  PENDIENTE DE REVISIÓN]


CURSO: CLAVES PARA CULTIVAR COMPASIÓN



Cuaderno Octavo


 

Una parte del proceso de meditación tiene que ver con sabiduría, tiene que ver con la idea de que vivimos en un mundo imaginario, tiene que ver con despertar de eso, descubrir lo condicionados que estamos por nuestra mente y liberarse del condicionamiento

La otra parte tiene que ver con evolucionar, con desarrollarse como personas, desarrollar nuestro potencial. Y el potencial está muy relacionado con cultivar cualidades y tener cada vez más cualidades, y moverse en la vida a través de esas cualidades.

Una de las cualidades que queremos cultivar en ese camino de evolucionar como personas es el perdón; cuando nos hacen daño, cuando nos agreden, cuando experimentamos maltrato, el saber perdonar. Uno tiene la voluntad o la intención de cultivar esa cualidad. Nunca trabajamos con las normas, lo que es correcto, lo que es adecuado, lo que hay que hacer… no es que hay que perdonar, no es que hay que ser buena persona; el enfoque es hay un punto en que uno se da cuenta de que quiere cultivar esa cualidad, siente que eso es importante. Igual que uno puede sentir que quiere cultivar amor, gratitud, compasión… nos vamos dando cuenta que eso es importante, cultivar cualidades, en un momento dado quiero cultivar el PERDÓN.

Ese deseo tiene mucho que ver con ser consciente de ver que no estamos solos, hay toda una corriente de seres, personas, en un proceso de despertar, evolucionar, de despertar cualidades, de darle importancia a ser capaces de perdonar. Toda una corriente de energía que le importa la compasión, que le importa la ecuanimidad.

Por otro lado, cultivamos la cualidad porque somos conscientes de que de algún modo el verdadero sentido de la vida, o mejor dicho, lo que hace que la vida tenga sentido, lo que hace que nos sintamos más satisfechos en la vida son las cualidades que vamos cultivando. Eso es lo que más me enriquece y me da más sensación de plenitud en la vida.

Por último, y esto viene cuando empezamos a ser más capaces de perdonar, cultivamos el perdón porque descubrimos que es una de las maneras más potentes de ser libres, el perdón nos libera. Y esto más bien viene de la experiencia de perdonar. Cuando uno ha experimentado mucho daño, una agresión, una injusticia, mucho egoísmo por parte del otro, lo último que uno piensa es que perdonar a esa persona tan dañina sea liberador. Sin embargo, esa es la experiencia cuando entramos en este proceso.

Hay un punto de “quiero que eso esté en mi vida, que forme parte de mi forma de estar en la vida”. Somos muy conscientes de que en este mundo es inevitable que me hagan daño los demás, no puedo escapar de eso. ¿Por qué? Porque vivimos en un mundo donde las personas, nosotros y los demás, estamos rodeados de personas que tienen miedo, que están dominados por emociones destructivas muchas veces, por estados de confusión, de ignorancia, personas que están dominadas por deseos, adicciones, ira, envidia, orgullo, vanidad; la palabra es “dominadas”, la gente que nos rodea no tiene control sobre su vida, les controlan sus emociones y sus miedos, y sus experiencias pasadas, y esto lo podemos ver en nosotros mismos cómo nos dominan muchas veces esas emociones. Así que, por supuesto, me van a hacer daño. Cuando asumo de aquí al resto de mi vida, de aquí hasta el día que muera, cuántas veces me van a hacer daño: mil, dos mil, tres mil, bastantes veces…entonces me planteo: me van a hacer mil veces –pongámonos optimistas- ¿qué voy a hacer con esas mil experiencias de agresión, de ataque, cómo voy a responder a eso? ¿Con ira, con venganza, con resentimiento, odio? Si lo pienso así, la mejor solución es perdonar; si esto es lo que me espera, con toda seguridad al menos mil veces como mínimo, no voy a poner energía en esto, no voy a quedarme enganchado, voy a perdonar.

El perdón viene de entender el mundo en el que uno vive, y entender que el daño va a ocurrir, es inevitable. Y la mejor forma de gestionarlo es no darle importancia, no quedarme enganchado a eso; la mejor forma de recuperar el equilibrio, recuperar el bienestar cuando me dañan el equilibrio físico o mental es soltar, perdonar, no quedarme enganchado ahí.

Esto no es tan extraño si uno piensa en el pasado ya nos han hecho daño muchas veces, de algún modo tarde o temprano tengo que pasar página, no puedo quedarme enganchado a todos los daños, las agresiones que he recibido, eso me frena, me limita, me paraliza. De alguna manera todos acabamos soltando. Hay esa conciencia: lo mejor es perdonar.

Aquí el perdón no es olvidar -me han hecho daño, me olvido, entonces no tengo nada que perdonar, me olvido de que me hicieron daño- aquí no es eso. El perdón tiene que ver con hacerse consciente “esto me duele, esta agresión me duele y no la olvido”, pero voy a vivirla en paz, voy a soltar el vínculo negativo destructivo con esa persona, voy a perdonarla. Hay un componente de asumir la experiencia de dolor, la experiencia que es personal, sentirse herido, dañado, digerir eso, asumirlo, sanarlo, no lo tapo, no lo ignoro, sino que acepto “soy vulnerable, esto me duele”, y en ese contexto de hacerme cargo de mi dolor, la relación con el otro, no quiero sostener esta relación de víctima/agresor, libero al otro del rol de agresor, le perdono y así me libero de ser una víctima. Así que no se trata de olvidarse sino fundamentalmente de digerir y asumir la experiencia personal de dolor.

Para conseguir eso, que se produzca ese perdón, uno de los elementos que ayudan es tratar de entender todo lo que ha sucedido, entender todas las variables que estaban en juego cuando se produjo la agresión, entender los condicionamientos del otro, de la persona dañina, los propios condicionamientos, las tendencias emocionales del otro, las propias tendencias emocionales, los miedos, las formas de pensar y de sentir de la otra persona y de uno mismo. Así que entender lo más posible cómo se ha producido, cuáles han sido las causas y condiciones que han hecho posible esta agresión, este daño.

El segundo componente que me ayuda al perdón es la compasión, y aquí la compasión es esa conciencia de cuánto dolor hay en el mundo, cuántas personas sufriendo, yo no soy el único que ha sido agredido. La compasión es no quiero añadir más dolor al mundo, ya hay bastante, esa conciencia de no querer añadir más dolor. Y en este caso la compasión va a servir para dar la respuesta de perdonar.

El tercer componente en el perdón es: cuando sentimos daño hay una identificación con el dolor, hay un identificarse, un sentirse “a mí me han hecho daño”. Se produce la identidad de ser una víctima, a mí me han hecho daño, me han agredido. Ser consciente de “no quiero esta identidad de víctima”, es una construcción de la mente, no quiero que ahora en mi vida me defina ser una víctima, no quiero esta identidad, no quiero quedarme atrapado en esto. Esa sabiduría de cómo se produce el yo y evitar que se produzca este yo particular también va a contribuir al perdón.

Cuando tomamos conciencia de todo esto empezamos a cultivar, y lo digo así porque el perdón lleva tiempo. A veces el daño que nos hacen, que experimentamos es muy grande y es realmente muy difícil y simplemente reconocemos que lleva tiempo, puede ser un proceso de semanas, meses, de perdonar. No nos creemos súperpoderosos, sino reconocer “esto duele, lleva tiempo”, pero tengo la intención, la motivación de querer cultivar esta cualidad, no quiero que mi vida se detenga, mi proyecto vital, mi proceso de despertar y evolucionar se detenga porque alguien me hizo daño, aunque este daño sea terrible, no quiero que nada me detenga, voy a perdonar, empiezo el proceso, lo que tarde.

Así que entre todas las cualidades en el proceso del despertar también está cultivar el perdón.


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