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Cuaderno Quinto

[PRIMER BORRADOR  PENDIENTE DE REVISIÓN]


CURSO: CLAVES PARA CULTIVAR COMPASIÓN


Cuaderno Quinto

 

Una de las distorsiones más relevantes en este proceso de compasión es la sensación de ser totalmente autosuficientes y creernos independientes. Trabajar la gratitud nos hace conscientes de lo equivocados que estamos y nos ayuda a subsanar el error. Necesitamos apreciar que todo lo que somos viene de los demás. El cuerpo, las necesidades vitales e incluso nuestras ideas se las debemos a otros. No hay nada, absolutamente nada que sea original de uno. Incluso para alguien muy brillante lleno de ideas geniales, sus ideas se apoyan en las ideas de otros. Todo lo que existe está interrelacionado, incluido lo que somos. Esto es muy obvio, pero nos resulta muy difícil verlo. Ahora se trata de hacer el esfuerzo consciente por ver todo lo que recibimos de los demás y cómo estamos profundamente conectados con numerosas personas.

Podemos empezar reconociendo cosas muy básicas, por ejemplo, para venir aquí, si hemos tenido que coger el metro, o un coche, o un taxi, lo que fuera, hemos necesitado a los demás. Además, cada día comemos, llevamos ropa, leemos libros, hablamos por teléfono, etc., para hacer todo esto necesitamos a los demás. Pero, también las cualidades que tenemos vienen de los demás, sin ellos permanecerían dormidas. Las aptitudes y capacidades que nos ayudan a encontrar satisfacciones y lograr nuestros objetivos, se han desarrollado gracias a otras personas. Nos hacemos conscientes de que nada de lo que tenemos es personal, nada podemos lograr sin depender de los demás.

La clave de todo esto es la sensación de conexión y vínculo. De modo  que no estamos haciendo nada extraordinario cuando sentimos compasión por los demás. Al contrario, es mas bien lógico, recibimos y también devolvemos al mundo. No somos una especie de héroe que se entrega a servir a los demás – el gran bodhisattva – sino algo mas bien ordinario, lo más normal del mundo. Hemos recibido muchísimo y algunas cosas han sido especialmente importantes, en la vida no hay tiempo suficiente para corresponder. Desarrollamos la actitud de agradecimiento y hacemos el esfuerzo de conectar.

Solemos tener una atención muy selectiva, nos fijamos mucho en el daño que nos causan, nos fijamos en lo que hemos perdido, en lo que todavía no hemos logrado, en lo que sufrimos, en lo que deseamos,  en lo que los demás tienen. Vivimos con esa tendencia a fijarnos en lo negativo, pero aunque puede encontrarse cierta utilidad es la base de mucho sufrimiento. A veces hay que elegir entre hacer algo práctico o sufrir menos. A veces se pueden tener muchos éxitos con una mente así. Por ejemplo, fijándonos en el daño que nos hace la gente y pensando en lo peligrosa que es podemos lograr ciertas cosas, pero seguramente vamos a sufrir mucho. Tenemos que ver qué nos interesa en la vida.

Ahora el entrenamiento consiste en hacer consciente la gratitud y cuando lo llevamos a su máxima expresión surge un fuerte deseo de poder corresponder a todo lo que recibimos de los demás. Llegar a este punto suele ser difícil,  pero si lo pensamos bien cuando hacemos algo por alguien sólo estamos devolviendo todo lo que hemos recibido. Esto es lo que queremos llegar a sentir. Este es el verdadero proceso de las personas compasivas – las personas más evolucionadas – su sentir es que tan solo están correspondiendo a lo que han recibido, no están haciendo nada extraordinario.

Desde otra perspectiva, la compasión es una de las cosas que nos van a ayudar a despertar la sabiduría. Tenemos muchas resistencias a apreciar la realidad, nos produce inseguridad y desasosiego; el deseo de poder liberar a los demás del sufrimiento es un gran apoyo para afrontar esto y caminar hacia el despertar.

Por otra parte, también podemos desarrollar compasión gracias a los demás, con lo cual hay más motivos para sentir gratitud.

Todo esto son formas distintas de enfocarlo y nos entrenamos a pensar así. A menudo nos cuesta mucho dar nuestro tiempo y energía a los demás; una de las cosas que podemos recordar es todo lo que hemos recibido y sentir la obligación moral de corresponder en alguna medida.

Nos creemos separados, aislados e independientes; sin embargo, esto dista bastante de lo que sucede en realidad. Todos estamos vinculados y dependemos de los demás. Nadie existe con verdadera autonomía y nadie se basta a sí mismo.

Cuando vamos adquiriendo más conciencia descubrimos que vivimos en un mundo elaborado por nuestra mente, de modo que todo lo experimentamos modulado por opiniones, interpretaciones, ideas y pensamientos. No tenemos acceso a un mundo objetivo sino tan solo a una perspectiva personal teñida de impresiones, experiencias y memorias. Aun así, lejos de apreciar el peso de lo imaginario creemos vivir una existencia palpable y real.

En particular, nos vemos seres individuales, con un destino propio y personal, independientes de todo y de todos los demás.  Nuestro organismo  tiene lugar gracias a la existencia de otros. Los seres vivos del pasado han hecho posible la existencia de cada uno de nosotros.

Nuestro cuerpo es consecuencia de incontables organismos previos, incluyendo las primeras bacterias hace millones de años. Pero además, en cada momento su existencia se mantiene mediante multitud de seres microscópicos. El organismo que sentimos tan nuestro sólo ha sido posible gracias a las innumerables personas que nacieron y murieron en el mundo antes que nosotros.

Por otra parte, nuestros estados mentales habituales, además de depender del cuerpo, se derivan de múltiples relaciones con los demás desde que nacimos, además del legado de otras personas en el pasado y de las formas de pensar de las generaciones previas. Nuestras emociones, pensamientos y demás, también se derivan de encuentros, conversaciones e interacciones con otras personas.

Así pues, ahora estamos vivos con ciertos recursos y capacidades gracias a incontables condiciones ajenas a nosotros mismos, incluidos otros seres; la sensación de independencia e individualidad  es inadecuada y parcial. Cada instante de nuestra existencia se sostiene gracias a los demás.

Pero además, en un sentido más concreto e inmediato, si queremos ganar algo, realizar nuestros sueños, alcanzar algún objetivo, construir un proyecto, vivir con vitalidad y energía, disfrutar y compartir, etc., solamente podemos conseguirlo si contamos con otras personas. Necesitamos seguridad, vínculos, libertad, comunicación, aprendizaje, recursos, etc.; sin los demás, no podríamos alcanzar nada de esto. Nuestras cualidades, capacidades y aptitudes son consecuencia de las relaciones personales. La sensación de bastarnos a nosotros mismos no es más que una ficción ilusoria.

Cuando apreciamos esta verdad, la consecuencia es primero una cierta humildad y a continuación, agradecimiento. Reconocer que somos y existimos debido a otros, y que todos nuestros éxitos, ganancias y necesidades vienen de los demás nos encamina a reconocer nuestras limitaciones y debilidades. Cuando nos percatamos de que todos los buenos momentos de la vida han sido posibles gracias a otros surge un sentimiento de estima y aprecio. Admitir que los triunfos y conquistas a los que damos más valor se produjeron gracias a la contribución de muchas otras personas, nos conduce a la humildad y el agradecimiento.

Así, de algún modo la gratitud se manifiesta cuando somos honestos con nosotros mismos y reconocemos nuestra deuda con el mundo. Nuestro proceso vital al completo se apoya en las aportaciones y logros de otras personas. Nada es nuestro en verdad, nada nos pertenece. Sin los demás no tendríamos nada de lo que disfrutamos ahora. Además, todo lo que esperamos en el futuro, todo lo que deseamos lograr y vivir, sólo será posible contando con el apoyo de los demás.

Una de las consecuencias más importantes de esta comprensión, y a su vez, parte de la gratitud, es el deseo de corresponder de alguna manera. Cuando alcanzamos la madurez suficiente y un estado adulto más evolucionado comprendemos la relevancia de nuestro paso por la vida. Sentimos el deseo de contribuir y compensar de alguna manera todo lo que hemos recibido. La actitud de aportar algo al mundo y colaborar en el bienestar de los demás surge de un sentimiento de lealtad y un compromiso personal de restitución.

El reconocimiento de todo lo recibido, la gratitud y el deseo de contribuir son consecuencia de una capacidad mental desarrollada. Desde un estado más inmaduro no podemos ni sabemos ser agradecidos; cuando sólo nos miramos a nosotros mismos, el mundo y los demás son tan solo proyecciones de nuestros miedos y deseos. Por el contrario, el servicio a los demás que emerge de la gratitud es una respuesta natural y espontánea en las personas más lúcidas y conscientes. Lejos de ser una obligación o una regla a cumplir, darse y contribuir positivamente se siente como una forma de ser coherente por todo lo recibido.

Así pues, para muchos, una de las dificultades de la gratitud es alcanzar la madurez que lleva a entender que sin los demás no estaríamos donde estamos ahora. El egoísmo, la desconsideración, la maldad y demás son actitudes infantiles de personas poco desarrolladas emocionalmente. Es preciso adiestramiento y aprendizaje para llegar a ser adultos; sólo una vida consciente y dedicada puede llevarnos a crecer y vivir plenamente.

Quienes saben vivir con agradecimiento y deseando corresponder a los demás son unos privilegiados. La experiencia personal de una persona agradecida es felicidad, satisfacción y plenitud. En la vida pueden acontecer situaciones sumamente difíciles y es imprescindible adquirir las capacidades necesarias para saber afrontarlas. Las peores experiencias vitales sólo pueden abordarse adoptando un estado mental abierto y positivo; no hay otra manera. La gratitud es uno de estos estados. Quienes tienen la suerte de descubrirla viven una vida plena y llena de recursos ante las dificultades; aunque surjan situaciones adversas tienen una mayor tolerancia y capacidad de manejarlas. Sentir gratitud y corresponder es ser afortunado.

Cultivar cualidades es tan importante como todo el proceso del despertar, todo el proceso de sabiduría. Y hay una relación; muchas veces cuando estamos intentando tener suficiente lucidez para despertar, para trascender la mente, nos encontramos con un bloqueo, con una impotencia, una sensación de no poder llegar. Ahí es donde es muy importante tener cualidades o cultivar cualidades como amor, compasión, gratitud.

Incluso cuando se produce un despertar, cuando se produce un vislumbre; a veces es muy común que haya ciertos “efectos negativos”, es muy común sentirse, por ejemplo, especial cuando uno tiene un vislumbre, sentirse mejor que los demás. También es muy frecuente una sensación de “no hay nada más que hacer, ya está, ya lo he visto, ya he visto esto, no tengo que hacer nada más”. A veces, incluso uno se disocia y se distancia del mundo como si eso fuera lo espiritual. Cuando estas cosas ocurren, que son muy frecuentes, es muy importante tener ciertas cualidades; por ejemplo, frente a sentirse especial sentir gratitud, sin los demás no hubiera tenido este despertar, querer corresponder; o cuando siento que no tengo nada que hacer, sentir amor o compasión. Y eso me va a ayudar a un siguiente nivel de sabiduría de despertar. Entonces las cualidades hay una correlación, se dice tener cualidades, tener sabiduría, antes de despertar y después de despertar.

Así pues, queremos tener gratitud. Pero el enfoque es sentirse tan agradecido por lo recibido que uno quiere contribuir, quiere colaborar. No nos referimos a esa gratitud más simple  de sentirse  agradecido a la vida, sino que hay un querer corresponder, querer participar de esto, he recibido tanto y yo también quiero contribuir a esta riqueza.

Muchas veces la mente se vuelve muy negativa. Nos enfocamos en lo peor, en lo malo, en los defectos, en los errores; ahí es muy útil, muy beneficioso, muy sanador enfocarse en todo lo que uno recibe, en toda la compasión que uno ha recibido, la bondad que ha recibido, todo lo que uno recibe continuamente de los demás. Ese cambio de enfoque: en lugar de estar pensando en todo lo malo que hay en mi vida, como un esfuerzo por cambiar la mirada y reconocer lo bueno. Es muy útil cuando uno está pasando por momentos difíciles, nos abre un camino, una vía de salida sentir gratitud, reconocer lo bueno que uno ha recibido y querer contribuir. Es una cualidad muy beneficiosa.

Hoy en día se habla mucho de gratitud; cualquier manual de autoayuda, de felicidad, habla del agradecimiento, y esto ocurre porque es una de las emociones o de las cualidades que más nos acerca a la felicidad, con sentirnos felices en la vida, sentirnos dichosos.

La cuestión es que hay un punto en que la gratitud tiene que ver con la sabiduría y es que realmente lo que somos, lo que uno es, tiene que ver con los demás, no somos tan independientes, tan autosuficientes, tan valiosos; todo lo que uno es, todo lo que uno ha logrado, todo lo que ha conseguido viene de los demás. Así que hay un punto de humildad que me lleva a sentir agradecimiento y a querer corresponder.

No es fácil sentir esa humildad, no es fácil reconocer todo lo que uno recibe, poner atención a eso; porque a veces uno puede reconocerlo pero nunca lo piensas o puedes reconocerlo y lo desvalorizas, sentir “sí, pero no es para tanto lo que me han dado los demás, no es tan importante”. Hay ese ejercicio de reconocer lo que soy, lo que tengo, lo que he aprendido, lo que he evolucionado, las cosas que más me importan, vienen de los demás, han venido de los demás. No existimos como personas independientes. Tiene mucho que ver con la evolución, cuando una persona no está demasiado evolucionada le cuesta mucho admitir la dependencia de los demás, lo que depende para conseguir cualquier cosa. Solamente cuando uno madura es capaz de reconocer todo lo que ha recibido, todo lo que soy viene de los demás.

Vivimos en un  mundo donde se hace mucho hincapié, hay muchos mensajes que tienen que ver con la inseguridad, con lo que nos falta, lo que va a ir mal, lo que todavía no hemos conseguido… tiene que ver con eso, con la carencia; hay muchísimos mensajes, por ejemplo el hecho de que exista la publicidad, es un negocio que se basa en eso, hacernos sentir que falta algo y si lo tienes vas a ser más feliz, pero falta algo, siempre falta algo. Y eso se ha vuelto algo normal. Hay esa atención entrenada, inconsciente, estamos entrenados en fijarnos en lo que nos falta, en lo que todavía no tengo, en lo que en teoría se supone que los demás sí tienen. Aquí es donde es muy importante la gratitud porque me hace ver lo que tengo, lo que recibo, todo lo que he recibido. Pero si además añado ese componente de “voy a hacer algo” eso me conecta con mi poder, me empodera, voy a hacer algo para contribuir.

De muchas maneras es muy importante, muy útil. Cuando tenemos un momento de sufrimiento que es difícil de manejar, una de las cosas más importantes es ser capaz de tolerar el dolor, tolerar la frustración, tolerar ese sufrimiento, ser capaz de vivirlo con serenidad, tener serenidad para vivir esto. Ahí es donde es muy útil la gratitud para sostener la experiencia de frustración, de sufrimiento. Es vivir esta experiencia que tengo poseído de la gratitud, es ser consciente de todo lo bueno que ha habido en mi vida, hoy tengo este problema, tengo esta dificultad, esto que es muy difícil, pero hay muchas otras cosas que estoy recibiendo y que he recibido.

Usamos la gratitud como esa cualidad, como la herramienta para afrontar las diferentes dificultades. Y para eso tenemos que entrenarla, y no es suficiente sentir un momento de gratitud, no se trata de “reconozco un instante lo que el otro me da y me siento agradecido”. La cuestión es bañarse, empaparse durante unos minutos de agradecimiento hasta llegar a sentir el impulso “quiero contribuir también”. A muchas personas les resulta muy fácil inmediatamente sentir agradecimiento, a otras, muy difícil. Entonces no es suficiente un momento de gratitud, necesitamos bañarnos en la gratitud, que nos impregne, que nos sane, que nos empape hasta sentir que mi destino, mi sentido en la vida también es contribuir, todo lo que he recibido yo quiero devolverlo, quiero poder corresponder.


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