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Cuaderno Sexto

[PRIMER BORRADOR  PENDIENTE DE REVISIÓN]


CURSO: CLAVES PARA CULTIVAR COMPASIÓN


Cuaderno Sexto

Relacionado con la gratitud y el deseo de corresponder está la cualidad del regocijo.
Como hemos mencionado, hay 
dos caminos: por una parte está el proceso del despertar, que significa despertarse del mundo de la mente, que es como una ensoñación y por otra, el camino de la evolución, de madurar y desarrollarse como personas. Dicho de otra forma, Sabiduría y Compasión.
Dentro del camino de la evolución, una de las cualidades que queremos cultivar es el REGOCIJO, saber alegrarse de la felicidad de los demás
, como cuando a alguien muy querido le salen las cosas bien y te alegras, eso es regocijo -a tu hijo/a le sale un buen trabajo y sientes felicidad- El regocijo se convierte en algo muy interesante porque hace que este camino sea mucho más alegre. Es muy común sentir experiencias en un momento de frustración, como que todo va demasiado lento, no consigo meditar bien, o no consigo quitarme este enfado que me consume, hay momentos que uno siente que nada funciona, se siente incapaz, que no va a llegar a ningún sitio… son momentos de impotencia, indefensión, decepción, es muy común; solo nos fijamos en lo que nos falta por conseguir. Y todas esas actitudes al final acabamos como bloqueados, paralizados. Ahí es donde esta cualidad del regocijo nos ayuda, nos saca de esos sentimientos y nos ayuda a avanzar, facilita y hace más fluido el camino.

Cuando nos alegramos, en lugar de compararnos con algo o con alguien el alegrarnos nos da energía para avanzar. El compararse con los demás o con una situación ideal es una de las formas más seguras de crearse sufrimiento uno mismo. Si me comparo con los demás, por ejemplo en este proceso de meditación, si me comparo con gente que yo creo que medita mejor que yo, me comparo con gente que está más avanzada, más evolucionada, eso es una forma de acabar sufriendo, acabas teniendo mucha infelicidad, mucha indefensión. Si me comparo con ideas, con ideales, siempre me siento peor, siempre siento que soy el último, el peor, el que no lo hace bien, y no es muy sano. Frente a eso, si me alegro de las cualidades de los demás, si me alegro de mis propios avances -no solamente de los demás sino de uno mismo- en lugar de lo que me falta, en lugar de compararme, eso me hace avanzar, me hace continuar. Por ejemplo, es muy conocido también que una de las formas más importantes de aprender algo es lo que se llama el aprendizaje vicario o modelado, aprendemos por imitación, sobre todo los niños pequeños, aprendemos por imitación a los demás; en esa línea, cuando me fijo en alguien que tiene una cualidad o un logro que yo no tengo, si siento por ejemplo envidia o indefensión o siento culpa o rabia o lo que sea, no aprendo nada, al contrario, eso me lleva a sentir como una cierta infelicidad, algún tipo de infelicidad. Pero si siento regocijo, esa atención de sentir alegría, me lleva a aprender eso, hace más fácil que pueda aprender eso, que pueda desarrollar eso en mí. Así que si por un lado la envidia, el competir con los demás, me paraliza, el alegrarme me ayuda a aprender, me ayuda a avanzar. Es muy importante reconocer qué me pasa a mí, cuál es mi reacción cuando veo las cualidades de los demás, los logros de los demás, cuál es mi reacción. Y a partir de ahí intentar “voy a cultivar, voy a hacer que mi reacción sea alegrarme de la felicidad de los demás, de los éxitos”.

Como lo estamos trabajando, esto no es un deber o una obligación, no es una norma, es una forma de evolucionar. Cuando uno está más evolucionado, cuando uno está evolucionando más y más, es como lo más natural alegrarse. Por ejemplo, también una de las cosas cuando nosotros trabajamos la sabiduría, una de las cosas que vemos es que ese yo, el ego famoso, separado de los demás, que está desconectado de los demás, es una ilusión; lo que descubrimos cuando trabajamos la sabiduría es que todos estamos interrelacionados, hay una interdependencia, no somos nada, ningún ente independiente separado. Esto también lo trabajamos con el regocijo. Cuando me alegro de los demás estoy también disolviendo la separación, es como que el otro forma parte de mí o yo formo parte del otro, y el otro tiene esta cualidad, de algún modo también es mi cualidad. Y podríamos incluso decir, llevándolo esto de una forma muy global, sentir que en este planeta, en este mundo –por ejemplo, hay personas en el mundo que tienen mucha compasión, hay personas que tienen esa sabiduría que ven que no hay ningún yo, hay personas que viven en la sabiduría de que todo es conciencia, todo ese tipo de cosas- siento que yo vivo en este mundo, éste es mi mundo haypersonas con estas cualidades –hay gente que siente amor, hay gente muy generosa, hay gente que tiene mucha ética, una gran cualidad ética- entonces yo vivo en este mundo con estas cualidades, y siento alegría de que vivo en un mundo así. En lugar de estar frustrado por todo lo que yo no consigo o por todos mis problemas o por todas mis limitaciones, me siento alegre y feliz de que haya gente que tiene estas cualidades, entonces eso significa que yo también puedo porque vivo en un mundo donde eso es posible, y eso me alegra más. Con el regocijo hacemos como más fluido el proceso, mucho más fluido. Dice la enseñanza que cuando uno se fija en las cualidades de los demás y se alegra, de algún modo empiezan a nacer en uno mismo.

Otro componente del regocijo es alegrarse de las propias cualidades. La práctica es: en lugar de pensar todo lo que me falta o lo mal que medito, o los defectos que tengo –que no tengo suficiente amor o compasión o sabiduría- el regocijo es si pienso cómo era antes, por ejemplo, si hablamos de la meditación, cómo era yo antes de meditar, cuánto me enfadaba, cuántos apegos tenía, cuántas envidias, cuánta vanidad, cuánta ignorancia…y eso ahora ya no está, hay muchos de esos condicionamientos que me he liberado, siento alivio por eso, cómo yo era antes, o lo agitado que estaba o la ansiedad que tenía. En lugar de fijarme en lo que me falta veo lo que voy logrando y me alegro, no simplemente lo veo sino que siento regocijo; solo hace un año era mucho más envidioso, hace un año mi mente estaba completamente loca, hoy tengo mucha más paz. ¿Cómo ha ocurrido? Porque he trabajado, porque he sido consciente, porque he tenido una disciplina, siento regocijo por eso. Antes yo siempre criticaba a todo el mundo y ahora respeto a los demás, entonces siento alegría por eso. La cuestión es el efecto que eso tiene, esa actitud de regocijo, cómo eso hace que sea mucho más alegre este proceso.

Así que vale la pena detenerse de vez en cuando a alegrase de las propias cualidades, de los propios logros, de los propios avances, y de las cualidades y los logros de los demás. Y, por ejemplo, si yo en un momento dado estoy trabajando una cualidad –decimos que siempre tenemos que tener una cualidad que trabajar-, supongamos que estoy en una época que estoy tratando de crear armonía en mi vida y estoy trabajando eso, entonces una de las cosas que es muy importante y muy útil es alegrarme de las personas que ya poseen esa cualidad, de ecuanimidad por ejemplo, o de crear armonía, siento alegría por eso. Uno de los componentes de cómo desarrollo, cómo se cultiva una cualidad es alegrarme, regocijarme de las personas que ya la tienen, que ya la poseen, fijarme lo más posible en encontrar personas y alegrarme. De vez en cuando es bueno pararse, estar unos minutos, por ejemplo en la tradición tibetana budista es una de las prácticas diarias, todos los días, no de vez en cuando, te regocijas; todos los días hay un momento en que sientes regocijo por lo bueno que has hecho, sientes alegría, y por lo bueno que has visto en los demás, sientes alegría por eso. Es algo muy útil, muy efectivo que nos va transformando. Entonces practicamos de vez en cuando, lo más posible, el regocijo.

Cuando empezamos a ser agradecidos nos damos cuenta de que hay mucha gente feliz, y el regocijo es sentir alegría al ver que los demás están bien y son felices. Empezamos a concertar y a sintonizarnos con la felicidad de los demás. Dejamos atrás que estamos separados de los demás y que la gente es peligrosa, y reconocemos que estamos vinculados a los demás y que estamos continuamente recibiendo de los demás. La vida es un continuo dar y recibir, nuestra presencia en el mundo influye en los demás y los demás nos influyen, esta es la realidad, vivimos en un constante intercambio. Entonces, vemos que en el mundo en que vivo hay gente feliz y empezamos a sentir alegría de que eso ocurra.

Algo muy similar sucede cuando la gente se llena de felicidad porque ha ganado su equipo. Si a alguien le gusta el fútbol y gana su equipo se siente eufórico. La persona no ha hecho nada, han sido los jugadores los que han hecho el esfuerzo y han ganado, la persona solo veía sentado en su sillón los partidos, sin jugar, sin hacer nada; sin embargo, se siente muy feliz de que los jugadores hayan ganado. La razón es que uno se sintoniza, se fusiona y se identifica con el equipo. Con la práctica del regocijo es lo mismo. Pero aquí nos identificamos con toda la humanidad, como si todos los seres fueran nuestro equipo, cuando vemos que alguien es feliz, sentimos un gran felicidad.

También, por ejemplo, cuando alguien nacido en un pequeño pueblo gana un campeonato deportivo muy importante, toda la gente del pueblo se siente feliz. Se sienten identificados. Del mismo modo, cuando vemos a alguien feliz, sentimos que forma parte de la comunidad humana, de nuestro planeta Tierra, y sentimos regocijo. Al ver un ser humano feliz, sentimos lo bueno que es eso, sentimos que es estupendo que alguien del planeta Tierra sea feliz. Esta es la idea del regocijo.

Es evidente que pensar así no nos aflora espontáneamente, mas bien nos resulta difícil, de modo que necesitamos adiestrar la mente y aprender a pensar y sentir así. Podemos llevarlo al extremo de buscar personas felices y alegrarnos. Cuando uno tiene carencias y dificultades, y se siente abatido y desdichado puede empezar a pensar en personas que tienen éxitos, reconocimiento, salud y bienestar y alegrarse por ello. Entonces, nos sentimos felices. Al encontrar a personas felices nos llenamos de dicha y satisfacción.

Ahora hay muchos grados de felicidad y por tanto la calidad del regocijo puede ser distinta. Por una parte existe la felicidad de los placeres cotidianos, por ejemplo, alguien se siente feliz al estar tomando una copa en una terraza, y practicamos el regocijo al ver esto. Un tipo de felicidad más estable podría ser la fortuna de tener gente que nos quiere y apoya, entonces al verlo en los demás, sentimos alegría. Luego, está la felicidad de quienes viven con un equilibrio emocional y con claridad para abordar los problemas. Al pensar en ellos nos alegramos. Algo más avanzado es la dedicación a crear verdadera felicidad. Es decir, las personas que se esfuerzan por evolucionar y ser mejores, quienes cultivan cualidades y virtudes, quienes desarrollan sabiduría y compasión; de manera que también sentimos alegría por quienes están en procesos de desarrollo personal, estudiando, meditando, aprendiendo. Por tanto la práctica del regocijo abarca los diferentes grados de felicidad que encontramos.

Ahora bien, no suele ser suficiente tomar la decisión de practicar el regocijo. Conviene ser conscientes de cómo solemos reaccionar cuando vemos a alguien feliz, reconocer nuestras tendencias. Hay quienes sienten envidia al ver el bienestar en los demás, hay quienes sienten culpabilidad y vergüenza, hay quienes sienten indefensión, hay quienes se sienten inferiores e incapaces, hay quienes les molesta que haya alguien feliz, hay quienes reaccionan con frialdad e indiferencia, hay incluso quienes nunca se fijan. Encontramos muchas posibilidades, incluso hay quienes sienten algunas de estas reacciones a la vez.

De modo que investigamos nuestra tendencia, el modo habitual de reaccionar ante la felicidad de los demás. ¿Soy de los que se siente culpable, de los que tienen envidia, de los que no quieren verla, de los que se sienten incapaces de conseguirlo, de los que les molesta? Esta toma de conciencia nos conduce a un proceso hacia el regocijo mas genuino.

Cualquier persona con la que haya una relación forma parte de nuestra comunidad, de nuestro mundo, además hay una constante dependencia mutua, damos y recibimos continuamente de los demás, y que sea feliz es beneficioso para todos. Si la gente que nos rodea se encuentra abatida y desconsolada, nos afecta negativamente, pero si es alegre y feliz nos ayuda. Vivimos en el mismo mundo, formamos parte de lo mismo.

Así pues, sentimos alegría al ver bienestar, salud, éxitos, logros, ganancias, felicidad en los demás. Todo esto en realidad es muy evidente, pero nuestra forma de pensar nos mantiene enredados en un relato diferente. Por ejemplo, si trabajamos en un lugar con veinte personas y todos están malhumorados la situación es muy desagradable. Pero si entre ellos hay una sola persona feliz, verdaderamente radiante y alegre, la situación cambia, y puede hacer que todos los demás cambien. Si la persona tiene suficiente presencia podría hacer que todos reaccionaran.

Por consiguiente, si en el mundo hay gente feliz, es bueno para uno. Esta es la forma de pensar. Cuando no vemos la realidad y todavía nos condicionan la mente y el egocentrismo, pensamos en los beneficios para nosotros de que haya gente feliz; nos conviene. Nos conviene que la pareja sea feliz, que los amigos sean felices, que los compañeros de trabajo sean felices, que los vecinos sean felices, que el país sea un país feliz. Nos conviene que La Tierra sea un planeta feliz. Entonces, a partir de este pensamiento, cuando haya más claridad y lucidez pensamos que la felicidad de los demás es lo hace posible que podamos seguir avanzando y evolucionando. Entonces, sentimos alegría cada vez que vemos a alguien feliz.


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