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Meditación, Inmersión en la Compasión

[PRIMER BORRADOR  PENDIENTE DE REVISIÓN]


CURSO: CLAVES PARA CULTIVAR COMPASIÓN


Meditación, Inmersión en la Compasión                                           


Juan Manzanera


Me hago consciente de todos los momentos de infelicidad que habido en mi vida y de todos los momentos difíciles para inmediatamente – sin quedarme ahí – inmediatamente, reconocer que esto es el dolor el mundo. Esta es la experiencia. Todas las personas experimentan momentos de infelicidad, dolor, sufrimiento igual que yo. Y sin quedarme ahí, siento la compasión.

Que termine el sufrimiento de todos los seres. Ahí hay este deseo, quiero que termine el dolor en el mundo.

Voy a hacer, voy a permitir que este deseo vaya creciendo en el interior. Puedo utilizar cualquier problema que estoy experimentando en mi vida, cualquier cosas que me causa malestar y lo uso como detonante para una compasión hacia todos los seres. Igual que yo ahora tengo este problema, todos los seres tienen todo tipo de sufrimientos en el mundo. Esta es la naturaleza humana. No solamente los seres humanos, todo tipo de seres sufriendo de diferentes maneras. Que termine el sufrimiento.

Quiero que momento a momento vaya creciendo este sentimiento de compasión. Que me va llenando. Trato de mantener la compasión, el deseo de que termine el sufrimiento y mantener la intensidad. Me doy el tiempo que sea necesario y no me conformo con una idea, con un pensamiento, sino que quiero que se encarne aquí la compasión en mi, en cada célula del cuerpo. Es un deseo muy visceral.

Ojalá todos los seres vivan sin sufrimiento. Ojalá termine el sufrimiento de todos los seres. 

A veces uno se queda en un nivel muy mental, y la compasión es muy aburrida. Y quiero ir más allá. Es como si la energía vital se impregnara de este deseo de compasión. Hay un cambio de energía en el cuerpo, un cambio de frecuencia energética. Y esto va ocurriendo despacio, sin forzar, con cada respiración. Al principio, cuando empezamos a meditar, la compasión convive con otros pensamientos, ideas, imágenes, con otras sensaciones corporales. Pero momento a momento todos esos estados corporales se van apartando, se van desplazando. Momento a momento, la compasión es la que habita el cuerpo.

Puede ayudar traer a personas concretas. Personas que conozco las traigo delante y les deseo que termine tu sufrimiento. Que sepas vivir sin sufrimiento. Puedo ir imaginando personas, como si pasaran delante de mí. Se detienen un momento y mantengo la respuesta de compasión. Y puedo sentir que la compasión tienen un poder. Hay un efecto en el mundo en este momento. Que sentir compasión ahora. Llenarme de compasión, tiene un efecto que se puede notar en el mundo. 

La meditación continua hasta que soy capaz de permitir que la compasión ocupe el cuerpo completamente. Dentro de mi solo hay espacio para la compasión. Que termine el dolor del mundo. Que todos sepamos vivir sin sufrimiento. 

A veces se nota una resistencia. A veces parece que no se puede sentir la compasión que llena. Como que hay algo que frena. Si sucede esto, con una parte de la mente, me pregunto qué es. ¿Qué está frenando la compasión? ¿Hay algún miedo?¿Tengo miedo a perder el control? ¿Hay algún miedo? ¿Hay resentimiento? ¿Hay desesperanza? ¿Hay apego? ¿Hay enfado? ¿Hay algún sentimiento que está frenando la compasión? ¿Es la imagen de mí mismo lo que está frenando la compasión? ¿Hay algo que rechazo en mí o por lo que me siento culpable y por eso no crece la compasión? ¿No quiero trascender mis limitaciones, ir a lo desconocido…? ¿Por eso no crece la compasión? Si hay algo de esto intento hacerlo consciente. Intento hacer que se aparte del camino de la compasión. Me invade este deseo, no hay espacio para nada más, solo para la compasión.

Que termine el sufrimiento. 

Me siento mucho más liviano, intangible. Es como estar convirtiéndose en compasión. No soy yo, soy compasión. Una presencia que sana el mundo. Es como si todos los tejidos y  todas las células del cuerpo estuvieran vibrando en esa energía de compasión. Una sensación de estar irradiando en este momento a todos los seres esta compasión. No soy yo quien tiene compasión, es la compasión la que ocupa el cuerpo y la mente y sana al mundo. Incluso este yo es apartado ante la presencia de la compasión. 

Ahora, esta compasión empieza a transformarse en un deseo más personal. Empieza a surgir el pensamiento, el deseo, “que yo pueda hacer algo”. Surge esta intención, esta motivación: “quiero poder hacer algo”. Y este deseo es lo que ahora va invadiendo el cuerpo, la mente. Quiero tener más capacidades, más recursos, más sabiduría para aliviar el sufrimiento de los demás.

Intento sostener este objetivo, este deseo de aprender a evolucionar por los demás. Y lo visualizo en el centro del pecho como una pequeña gota de luz blanca. Quiero ser más capaz de ayudar a los demás. Para ello quiero aprender, quiero desarrollar todas mis cualidades, mis capacidades, todo mi potencial.

Este deseo, se visualiza con una pequeña gota de luz blanca, transparente, luminosa, intangible, cristalina en el centro del pecho.

Y aquí es cuando – especialmente, si he meditado otras veces – aquí es donde quiero que esta intención llegue a un nivel diferente, a un nivel mayor de conciencia. Quiero trascender mis propias limitaciones. El nivel de compasión en el que me siento cómodo, si es que he meditado antes sobre la compasión, quiero trascenderlo.

Cuando consigo una compasión más profunda a la que ya conocía, cuando consigo cruzar, hay una sensación de riesgo. Dejo de sentirme tan cómodo en la compasión, en lo nuevo, lo desconocido. Esta mayor compasión es algo que no controlo.  Esto es lo que quiero cada vez que me siento a meditar en la compasión. Buscando eso, sí puedo ir más profundo, con más verdad. 

“Que mi paso por la vida sea beneficioso para los demás”. Toda mi energía vital invertida en alcanzar un grado de compasión nuevo, desconocido. Quiero ser verdaderamente capaz de aliviar el sufrimiento. 

Dejando atrás mis miedos, mis inseguridades, mis tendencias emocionales, mis culpas, me atrevo a un nivel de compasión que no controlo, donde no soy el dueño.

Vuelvo, vuelvo a hacer consciente la maldad, el ansia de poder, la injusticia, el maltrato, la ira, el egoísmo, todas las personas dañinas, perversas. Haciéndome consciente de eso, quiero que mi paso por la vida sea beneficioso para los demás. Voy a aprender, voy a desarrollar, a potenciar todas mis cualidades, todo lo que haga falta para ese beneficio.

Así visualizando esta luz en el centro del pecho, percibo que atrae toda la compasión que hay en el mundo. Toda esa energía de compasión global se manifiesta sobre la cabeza como una presencia de luz blanca. Todos esos seres que ejercitan la compasión que viven desplegando capacidades para aliviar el dolor del mundo, esto es lo que visualizo sobre la cabeza como una presencia de luz. Siento la presencia, me dejo impregnar, siento estar amparado por la compasión.

Ahora, esta presencia se condensa en una gota de luz y se absorbe en mí; se va deslizando en mi interior y baja hasta fundirse en esta gota de luz, esta compasión, en el centro del pecho. Visualizo cómo va sucediendo esto, cómo esta presencia, esta compasión universal, se absorbe en mí, en la compasión que se ha generado. Cómo recibo esta compasión universal, esta compasión de todos los seres en el centro del pecho.

Siento que se ha iniciado el camino de la compasión. Aumenta mi capacidad de liberar del sufrimiento a los demás. Se crea un vínculo con la compasión universal y con todos los seres compasivos. Siento que mi destino es aliviar el dolor del mundo. Liberar al mundo del sufrimiento 

 


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