Home Campus Virtual Meditación: Cultivar Regocijo

Meditación: Cultivar Regocijo

[PRIMER BORRADOR  PENDIENTE DE REVISIÓN]


CURSO: CLAVES PARA CULTIVAR COMPASIÓN



MEDITACIÓN: Cultivar Regocijo


 Una vez situado en una postura equilibrada dejo que el cuerpo y la mente se relajen. Puedo hacer algunas respiraciones lentas y profundas para facilitar el proceso.

A continuación, hago consciente una motivación altruista. Pienso, quiero que mi paso por la vida sea beneficioso para los demás, para esto voy a meditar. Al decir esto, deseo que meditar sirva para seguir evolucionando y avanzando, me enfoco en ser cada vez más capaz de ayudar a los demás. No es algo estático, sino un movimiento de expansión del propio potencial hacia la máxima capacidad de beneficiar al mundo.

Que todos los seres tengan la felicidad y sus causas, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar; que todos los seres estén libres del sufrimiento y sus causas, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar; que todos los seres alcancen el gozo que trasciende el sufrimiento, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar; que todos los seres vivan en armonía y ecuanimidad, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar.

Reconozco las experiencias ahora, lo que sucede. Y en particular, entre todas las experiencias, hay una experiencia mental. Así que me fijo en que hay esta experiencia mental, el estado mental, el estado emocional.

Al reconocer, al observar el estado mental me doy cuenta de que este estado es consecuencia de unas causas y condiciones; lo importante de este estado es que no tiene ninguna realidad en sí mismo, por sí mismo no existe, depende de unas condiciones, lo que se ha producido debido a unas circunstancias. Miro así el estado mental. Sea cual sea el estado -si hay un estado de tranquilidad, un estado de ansiedad, si hay un estado de enfado…da igual- no tiene ninguna realidad en sí mismo, es producto de unas condiciones. Así es como lo miro.

Si veo esto, sé con claridad que este estado se puede cambiar. Si lo veo así, si entiendo el estado mental, sé que puede cambiar. Así es como lo miro, no tiene ninguna fuerza ni ningún poder en sí mismo. Y aquí elijo cambiarlo por REGOCIJO, esa es la elección. Elijo sentir despertar este estado de regocijo, de alegría.

Voy a empezar haciéndome consciente de qué he logrado, qué he conseguido haciendo meditación los últimos días, semanas, meses, quizás años…qué ha cambiado en mí haciendo meditación. Trato de tomar conciencia. Y conforme voy viendo cosas empiezo a sentir alegría por el trabajo que he hecho, la dedicación, la disciplina, alegría de todo lo que ha ocurrido, todo lo que he logrado, regocijo. No me quedo con “he logrado una cosa”, hay muchas cosas; intento recordar todo lo que he aprendido, hacerlo consciente, cómo era antes, cuáles eran mis tendencias, mi forma de relacionarme con los demás, mis estados mentales, y cómo soy ahora gracias al trabajo personal, gracias a la meditación. Al reconocerlo, voy creando un espacio interno en el que emerge esta alegría, este regocijo, este alegrarme de mí mismo.

Que se produzca el estado de regocijo requiere un tiempo, y cuento con ello, con que hace falta tiempo. Sin prisa, voy respirando. Hay personas para las que es algo nuevo, para otras es muy fácil. Hay para quienes es muy nuevo esto de sentir alegría por lo que ha logrado. Y ahí tengo que hacer más esfuerzo, tengo que tener más paciencia y esperar a que se vaya produciendo. Por ejemplo, si recuerdo un día en que medité y sentí paz, siento alegría de que fui capaz de generar un estado de paz; o si un día medité y sentí amor, siento alegría. O si noto que hoy me afectan menos las agresiones de los demás, tengo más paciencia o de alguna manera no me tocan tanto, siento alegría. Así que intento recordar todo lo que ha ido ocurriendo, todas las cualidades y beneficios de este trabajo.

Para muchas personas pensar en el pasado es pensar en culpas, errores, defectos, equivocaciones… y aquí es donde estas personas especialmente tienen que hacer el esfuerzo de mirar lo bueno, las cualidades, los logros, y sentir alegría. Ese es el reto, eso es transformar la mente.

Hay cosas como “un día decidí no hacer daño a esa persona y no decirle algo que le iba a dañar”, siento alegría de esa cualidad; “un día decidí meditar en la compasión en lugar de ponerme a ver una película”, esa cualidad de conciencia de este proceso, siento alegría por eso. Todos los momentos en los que he vivido cualidades, todos los avances, aunque sean pocos, siento alegría. Sentir alegría, siento alegría dentro de mí, me dejo sentir alegre, feliz. También hay personas que nunca se permiten sentir alegría, que tienen como un apego al sufrimiento. Me dejo sentir alegría.

Un momento de generosidad, un momento de conciencia que tuve, el ver que ahora tengo menos rencores, que ahora me engancho menos a los problemas, que ahora soy más capaz de perdonar… Conectando primero el recuerdo de las cualidades y luego la alegría, sentir que esta alegría me cura, me sana todo lo que me está frenando hoy a seguir evolucionando; lo que hoy me está frenando, este regocijo me lo está disolviendo.

Para muchas personas es muy difícil ver sus cualidades, tienen muchas cualidades pero muy difícil verlas, reconocerlas, darles valor incluso; así que este es el ejercicio también, este es el reto: hacerme consciente de las cualidades que practico, que vivo cada día, que para mí son muy naturales, hacerme consciente, darles valor y sentir regocijo.

Por supuesto, no solamente los logros a través de la meditación sino otras cualidades que he ido desarrollando a lo largo de mi vida. Puedo reconocer cuando era adolescente cómo era más ignorante, mucho más descontrolado, más egoísta… y ya no lo soy. Entonces me alegro de eso, cómo he aprendido cosas en la vida, cómo he evolucionado.

Frenando esa otra mente que me juzga –me juzgo por mi historia, mi vida, las cosas que hice, lo que fui, esa mente de autocrítica, una especia de estar resentido con uno mismo- en lugar de todo esto, alegría por todo lo que he aprendido, todo lo que he madurado, todas las cualidades que he puesto en práctica, todas la cualidades que he desarrollado.

Ahora me fijo en ¿hay alguna cualidad, algo que estoy cultivando en este momento de mi vida, algo que me importa en este momento de mi vida? Y ahora vamos a enfocar el regocijo en los demás. Y empiezo pensando: ¿cuál es la cualidad que ahora me importa? Pongamos: “yo querría ser más amable, yo querría tener más paciencia, meditar mejor, lo que sea… Voy a abrir la atención a personas que ya poseen esta cualidad para sentir regocijo, sentir alegría. Eso que me importa a mí, que me interesa –estamos hablando de cualidades- pienso, recuerdo personas que tienen eso, que ya viven esa cualidad y siento alegría, hay personas que ya tienen esto.

De nuevo, es un proceso a que se abra el corazón; para unas personas es fácil, para otras es muy difícil. Me doy tiempo. Y cuando vemos a otros con cualidades que no tenemos hay muchas reacciones negativas, desde la envidia hasta sentir culpa, te sientes incapaz, o sentir indiferencia, o sentir rechazo, un desprecio, inseguridad… En lugar de todas esas actitudes intento sentir alegría, esta cualidad que me importa existe en el mundo y hay personas que ya la tienen, ya la poseen. Conseguir que esa atención, ese reconocer la cualidad, en mí se convierta en un sentimiento de alegría, de regocijo.

Ahora voy a pensar en la emoción negativa, la emoción destructiva que a día de hoy me hace más daño. Me hago consciente, ¿cuál es la emoción que sé que me hace más daño? ¿Es el enfado, algún tipo de apego, la envidia, la ofuscación, la duda, la pereza, los celos…? Me hago consciente de que hay personas que están libres de esta emoción destructiva. Enfoco la atención en esas personas y siento regocijo, siento alegría. Hay personas que no se enfadan, personas que no se apegan a las cosas, que tienen esa libertad al desapego, personas con lucidez, sin ignorancia, personas con diligencia, sin pereza, personas que se enfocan con determinación, no tienen dudas ni desconfianza, personas con calma, serenidad, sin agitación… Y siento alegría. Dándome tiempo para que se manifieste la alegría hacia esas personas.

Vivo en un mundo donde es posible vivir sin enfados, sin apegos, sin envidias, sin ignorancia; hay personas que viven así. Siento alegría por eso.

Si me cuesta sentir alegría, simplemente tengo que tener paciencia, darme tiempo, no me rindo; parte de la meditación es mantener la paciencia, la actitud, hasta que se vaya produciendo.

Y ahora voy a enfocarme, voy a ver todas las cualidades. Definíamos que evolucionar como personas no es más que desarrollar cualidades, más y más cualidades. Intento enfocarme en todas las cualidades de los demás y siento alegría, todas las cualidades que hay en el mundo, que suponen estados más evolucionados que el mío, estados más desarrollados, personas que tienen más madurez. Por ejemplo, hay personas que tienen un amor más auténtico, más desinteresado, o personas que tienen compasión, personas con esa sabiduría de que no hay ningún yo, personas que viven con una ética impecable, personas con una generosidad absoluta. Todas las cualidades siento alegría que existen, que hay personas así.

Así que todo eso que trabajamos en meditación, que estamos en un proceso de cultivarlo, hay personas que ya están ahí, que ya lo han logrado. Personas despiertas, personas evolucionadas, siento alegría por ellos, porque esas personas existen, todas las cualidades de la sabiduría, del despertar, todas las cualidades de la compasión, de la evolución. Ecuanimidad, gratitud, perdón, regocijo mismo, amor, compasión, la sabiduría de que no hay un yo, la sabiduría de la naturaleza de la experiencia, la sabiduría de la interdependencia, ser capaz de vivir sin enfado, sin apego, sin envidia, sin emociones destructivas…

Me alegro de todo eso… dejando que la alegría me invada, sin ponerle límites a la alegría, al regocijo, sin frenarla, sin contención, dejo que me impregne completamente de la cabeza a los pies.


Cuaderno Séptimo >>>