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Meditación, Saber Perdonar

[PRIMER BORRADOR  PENDIENTE DE REVISIÓN]


CURSO: CLAVES PARA CULTIVAR COMPASIÓN



Meditación, Saber Perdonar


Recordamos la motivación.

Quiero que mi paso por la vida sea beneficioso para los demás, para esto voy a meditar.
Que todos los seres tengan la felicidad y sus causas, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar.
Que todos los seres estén libres del sufrimiento y de sus causas, quiero contribuir, para esto voy a meditar.
Que todos los seres alcancen el gozo que trasciende al sufrimiento, quiero contribuir, para esto voy a meditar.
Que todos los seres vivan en armonía y ecuanimidad, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar.

Dejamos que el cuerpo/mente se relajen, me hago consciente de las experiencias aquí y ahora. Dejo que se produzca una cierta claridad en la mente, sin permitir que la mente se llene de pensamientos y de ideas, que haya una cierta claridad en este estar aquí en el presente ahora. En esta claridad o en este espacio mental -a veces simplemente se siente como un silencio en la mente- voy a traer la presencia de alguien que me está haciendo daño o que me hizo daño; así que hay una visualización, imaginar a esa persona como si estuviera aquí conmigo. Y al traer a esa persona veo cómo algo en mí se encoge, puede que se note muy físico, muy claro, el corazón se encoge, algo en el pecho se contrae, hay una sensación quizás de resentimiento, quizás enfado, ira, rencor, rechazo. Trato de ver qué ocurre cuando imagino a esta persona que me hace daño o me hizo daño; puede que no me hiciera a mí daño pero hizo daño a alguien que quiero mucho, que aprecio mucho, y también siento lo mismo, siento rencor, siento ira. Observo la experiencia, la reacción que hay en mí.

Debajo de esta ira, rencor, hay dolor, el dolor que la persona me causó o me está causando. Y siento rechazo, siento ira porque no quiero este dolor, porque me parece injusto, porque me parece un abuso, porque no lo merezco, no quiero este dolor. Y el ejercicio aquí, lo primero que necesito hacer es dejar el dolor, dejar de rechazarlo, dejarme sentir el dolor que esta persona causó. En lugar del rechazo, en lugar de la ira o el rencor, empiezo un movimiento interno conmigo mismo de dejar de resistirme al dolor, dejar de rechazarlo, el dolor está, el dolor ha ocurrido, está ocurriendo, la mejor forma de relacionarse con el dolor es aceptarlo, ya ocurrió, ya está ocurriendo, ya no hay nada que hacer, solo puedo aceptar, soltar, vivirlo con ecuanimidad, vivirlo con contentamiento. Por un momento dejo como en un segundo plano a la otra persona, a la persona dañina, y me centro en la experiencia, en sanarme, en asumir, asimilar, aceptar el dolor, y es como que el corazón se abre, el corazón está contraído, se abre, dejo que el dolor duela. Y esto a veces puede ser muy difícil, así que lo reconozco que es muy difícil, me doy tiempo. A veces es solo empezar a hacerlo, solo se trata de empezar a hacerlo y me doy tiempo, el tiempo que sea necesario. Ayuda la respiración, el relajar el cuerpo.

Aceptar el dolor no significa que desaparezca, no significa voy a meditar y voy a conseguir que no duela; aceptar es hacerle un sitio, es buscar un lugar donde situarlo.

Reconocer soy un ser humano, soy vulnerable, me hacen daño muchas cosas y esto es parte de la vida, y simplemente lo acepto.

En este proceso de digerir y asimilar el dolor, si me fijo con más atención en esta experiencia de dolor descubro que está cargada de ideas, pensamientos, expectativas, juicios, formas de pensar, interpretaciones, hay un montón de ideas que están contaminando el dolor; no simplemente siento el dolor que la persona me hizo sino que al dolor se añade el dolor de mis expectativas, o mis creencias, o mi forma de pensar, o el significado que le doy a lo que ocurrió, comparaciones, anticipación, memorias…Así que en el proceso de apertura de asumir el dolor voy soltando todo lo que la mente añade, todo lo que mis pensamientos hacen para contaminar el dolor, para hacer que duela más. Eso significa soltar expectativas, soltar creencias, soltar juicios… Dejo de juzgar a la persona que me hizo daño, dejo de interpretar su comportamiento, dejo de compararlo con otras personas, otras cosas, dejo atrás mis creencias de cómo tendría que ser esa persona, de cómo tendría que haber actuado, de lo que es correcto, de lo que no es correcto, dejo atrás el significado que le doy a su comportamiento, a su forma de ser. Todo eso voy soltándolo con cada respiración. A veces ni siquiera me doy cuenta de todo esto y hago el esfuerzo de reconocer cómo la mente contamina. Aquí es donde me doy cuenta de que la persona que me hizo daño también tiene sus expectativas, y sus juicios, y su forma de pensar, igual que yo, y sus interpretaciones, y sus condicionamientos, y sus tendencias emocionales. Empiezo a entender un poco más cómo se ha producido esta experiencia de daño.

Cada persona estamos condicionados por innumerables prejuicios, miedos, ideologías, proyecciones, emociones, sentimientos. La persona que me hizo daño, también. Aquí puedo recordar lo que decía aquel maestro: “sé amable, todo lo que te encuentras está librando una gran batalla”. Así que, igual que yo, esta persona que me ha hecho daño también está librando su batalla, la batalla con sus miedos, con sus errores, con sus tendencias, con sus condicionamientos. Aquí tengo mucho cuidado porque no estoy justificando el daño que me hizo, no lo justifico, simplemente estoy entendiendo las causas y condiciones que han producido esta experiencia; no justifico la maldad o el egoísmo, estoy entendiendo cómo funciona. Y si realmente empiezo a entender, empiezo un poco a perdonar, empiezo a sentir que puedo perdonar a esa persona.

Ahora recuerdo la compasión, todo el dolor que hay en el mundo, el inmenso sufrimiento, no solamente ahora sino generación tras generación atrás, durante cientos de miles de años, sufrimiento. Y siento “no quiero”, no quiero contribuir a que haya más dolor en el mundo, ese tipo de compasión. Ahora mismo me rodean miles de personas experimentando dolor y sufrimiento, experimentando agresiones, maltratos, miles como yo. No quiero añadir más dolor en el mundo. Y siento que la forma de terminar con este dolor que siento como mío es perdonar, perdonar a esta persona desde esa compasión.

Siento el dolor, todavía duele, siento que esa persona ha actuado mal, ha sido egoísta, injusta, y aún así da igual, le perdono. Y ahora me hago consciente de cómo se está formando en mí una sensación de “a mí me han hecho daño”, me siento herido, maltratado, atacado…cómo se está formando en mí esta identidad de víctima, y está ocurriendo sin darme cuenta, estoy empezando a sentirme a mi me han hecho daño, estoy herido.

Y me hago consciente de que no quiero que esto me defina, no quiero que esta identidad forme parte de mi yo, de mi ser, no quiero que esto me condicione, me ate este yo víctima, este yo herido, no quiero esto en mi vida; se está formando, quiere decir que no es real, se está fabricando esta identidad. Siento con mucha determinación no soy una víctima, este dolor no me define, no me va a definir, no va a determinar quién soy ni qué soy, con mucha claridad. Es como evitar que se produzca esta asociación del yo con el dolor, no quiero esto, esto me condiciona, me atrapa. Soltando el yo, dejando que el yo se desprenda de la experiencia de dolor.

Este dolor no soy yo, no es mío. Este yo herido, este yo dañado, este yo maltratado no me pertenece, es solo una fabricación de la mente. Aquí es cuando realmente perdono completamente al otro; si sostengo que el otro es un agresor, estoy sosteniendo al yo herido, al yo víctima, así que aquí es cuando perdono. Estoy en paz con esa persona, dejo de verle como un agresor porque yo no soy una víctima, eso no soy yo, ese yo víctima no es lo que soy.

Puede que sea necesario continuar una y otra vez este proceso pero si algo se ha resuelto siento a la persona delante y siento que estoy en paz y descubro que ahora es cuando soy libre, cómo he encontrado la libertad, en presencia de esa persona siento que soy libre.


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