Home Campus Virtual Meditación: Un mundo de compasión

Meditación: Un mundo de compasión

CURSO: CLAVES PARA CULTIVAR COMPASIÓN


Meditación: Un Mundo de Compasión

 

Tomo conciencia del lugar, el espacio, el ambiente en que me encuentro y dejo que el cuerpo se relaje. Cuando noto que el cuerpo se va calmando dejo también que la mente se relaje. Me enfoco en sentir la respiración mientras cuerpo y mente se van relajando.

Hago que la motivación para meditar sea lo más altruista posible:

Quiero que mi paso por la vida sea beneficioso para los demás, para esto voy a meditar.

Que todos los seres tengan la felicidad y sus causas, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar.

Que todos los seres estén libres del sufrimiento y de sus causas, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar.

Que todos los seres alcancen el gozo que transciende el sufrimiento, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar.

Que todos los seres vivan en armonía y ecuanimidad, quiero contribuir a ello, para esto voy a meditar.

Para empezar me hago conscientes de todos los gestos de compasión que he recibido en la vida. Todos los gestos, personas que han hecho algo para aliviar algún tipo de sufrimiento. Sea hambre, una simple herida, una enfermedad, un momento de soledad, de tristeza, enfado, un momento de desconcierto, de ofuscación… muchos momentos. 

Trato de hacer consciente esto y visualizo esa compasión como una presencia de luz blanca sobre la cabeza.

No estoy intentando pensar en cuántas personas perfectas, sabias y compasivas he encontrado en la vida sino en los gestos de compasión. Gente que quizás no es muy inteligente o es poco capaz, o incluso que en otras ocasiones me hizo daño, pero que han tenido un gesto de compasión. Soy consciente de que todos nacimos completamente indefensos, sin recursos, vulnerables y ya desde que nacimos ha habido quienes – empezando por nuestra madre – que nos apoyaron y nos aliviaron de algo. Me fijo en esos gestos.

Aquí no considero si luego esas personas fueron dañinas. No se trata de las personas sino de los enfocarse en todos los gestos de compasión que he recibido. Hacerse consciente de cómo, si estoy aquí ahora, con cierta vitalidad y salud, es gracias a la compasión de los demás; si soy una persona equilibrada con ciertos recursos, habilidades y cualidades, también gracias a la compasión.

Me permito sentir sobre la cabeza esta presencia de luz blanca. Hago que se note cada vez más. Me hago consciente de que en los momentos claves, en los mejores momentos ha intervenido la compasión. Me vuelvo receptivo a la presencia de la compasión en el mundo y en concreto a la compasión que experimentada en la propia vida.

Algunas personas tienen un sentimiento de sí mismos muy negativo, se sienten llenos de defectos, de haber cometido muchos errores, mucha culpa, etc. Para estas personas en particular es especialmente relevante hacerse conscientes de esto. Da igual si uno ha sido malo, si lo hice bien o si lo hice mal, si se equivocó o no, da igual.

Puede llevar un tiempo hacerse consciente, conectar con ello. Me doy el tiempo que sea preciso, trato de mantenerme enfocado. Lo que estoy contemplando es que hubo muchas personas que algún día hicieron algo para aliviar mi malestar. Muchas personas.

A menudo me creo que he conseguido muchas cosas con mi esfuerzo, con mi disciplina y constancia; pero sin la compasión de los demás, sin quienes me ayudaron, hubiera sido imposible. Esto es lo que quiero hacer consciente.

Siento con más fuerza toda esta compasión que he recibido en la vida sobre la cabeza, una presencia de luz blanca, y veo que se empieza a derramarse en mi interior. Se vierte sobre el cuerpo y en el interior del cuerpo. Los innumerables gestos de compasión, gestos – palabras, acciones, pensamientos – de personas que querían aliviar en un momento dado el dolor o la inseguridad, o el enfado, o el miedo, o la tristeza, o la soledad… incontables.

Cuántas veces, alguien me hace daño y me fijo en el daño que me hizo y no me fijo, me olvido, desecho completamente todo lo que me ha beneficiado, todo lo que me ayudó. Y esto es el ejercicio ahora, me fijo en todo lo recibido.

Siento que me inunda, como un baño de compasión.

Estoy haciendo consciente esas personas que han deseado, en un momento dado, que hubiera menos dolor en mi vida. Pero no estoy pensando en personas que tenían pena, que les daba látima, estoy pensando en compasión, es una actitud, alguien que en un momento dado tuvo el deseo de que sufriera menos, de que estuviera libre de algún tipo de sufrimiento. Más me detengo en la visualización, más recuerdo. Esta meditación podría no acabar nunca, cada vez se recuerda más.

Algunas veces el problema es no querer sentir la compasión recibida, a veces el problema es desvalorizarla y mirar a otro sitio, a veces me asusta ver todo lo que recibo…, A veces siento miedo de que me ayuden, desconfío, sospecho de la compasión del otro.

Me dejo sentir, reconociendo cómo realmente la compasión me ha cambiado la vida, ha guiado la vida. Siento este baño de luz, por dentro y por fuera. Me dejo recibir la compasión que hay en el mundo. Visualizando sobre la cabeza esta presencia de luz blanca, que derrama esta luz, este néctar de luz que me llena… Esos numerosos gestos, incontables a lo largo de los años, compartían el mismo pensamiento: que esta persona no sufra.

A continuación, permitiéndome recibir esta compasión, me sintonizo con ella, me uno a esa voz, me armonizo a esos miles de personas, diciéndome a mí mismo: “que no sufras”; diciéndome a mí mismo: “voy aliviar tu sufrimiento, voy a hacer que estés bien”. Me uno a la compasión y despierto la decisión: “voy a sufrir menos, voy a hacer mi vida más fácil, voy a tratarme bien, voy a liberarme del sufrimiento”. Y aquí, cada uno en particular sabe qué significa eso, para cada uno es diferente. ¿Cuál es el sufrimiento del que voy a liberarme? ¿Cuál es el dolor que voy a sanar? “Voy a hacerlo”. Pero no soy yo, me sintonizo con la compasión, esta es la cuestión. Me uno a esa voz de tantas innumerables personas, incluso maestros de los que he recibido compasión, me uno a esa voz, “voy a sanar mi sufrimiento”.

Aquí lo más efectivo es concretar cuál es el sufrimiento que no estoy abordando, que no estoy sanando, precisar lo más posible. Pero no lo afronto yo solo, me uno a esa energía de compasión en el mundo para aliviar el sufrimiento, para sanar mi dolor, sea físico, mental, emocional, espiritual…

A veces somos muy pasivos con nuestro sufrimiento, muy condescendientes, a veces muy victimistas. También cambiamos esto. Siento que el cuerpo se va llenando de luz. La imagen corporal habitual, esta imagen de mí habitual se va diluyendo en una presencia de luz inmaterial, intangible.

Voy a sanarme, me uno a tantos que han deseado que sufriera menos, que viviera sin sufrimiento, voy a hacerlo. Así que cuál es, haciéndolo concreto, cuál es la tarea que me propongo, qué es lo que voy a liberar.

Activando la compasión hacia uno mismo sin dejar que sea sólo racional, sino como una presencia de luz que me llena. Empiezo a sentir que el propio sufrimiento está ligado al de los demás, que nadie existe separado. Así, ahora surge compasión también hacia los demás. Emerge el deseo de aportar algo al mundo, al intención de irradiar, sanar, a mi alrededor, a los demás.

Pero no es nada especial, sino simplemente seguir la energía, dejar que la energía siga fluyendo. Toda esa compasión que he recibido es sigue fluyendo a través de mí hacia los demás, hacia la gente con la que me relaciono. Siento cada vez con más fuerza: “Que yo pueda contribuir a aliviar el sufrimiento de los demás, que mi presencia sea sanadora”. Pienso en personas concretas con las que me relaciono: “Que mi presencia sea sanadora, que alivie el dolor”. La compasión me llena, me atraviesa y sana a los demás.

Al igual que siento el cuerpo lleno de luz de compasión, siento también a los demás llenos de luz recibiendo esta compasión. Donde sea que estén, donde sea que se encuentren las personas con las que me relaciono y todos los seres recibiendo la compasión.


Cuaderno Tercero >>