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Compasión autodestructiva

Compasión autodestructiva

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Es esencial cultivar la compasión. En ello encontramos una de las herramientas más poderosas para superar tendencias y condicionamientos. Además, el proceso de evolución personal está ligado directamente al desarrollo de la compasión y el despertar espiritual es más fluido y completo cuando la hemos integrado en nuestra práctica.

En este contexto, la compasión se entiende como el deseo de que los demás dejen de sufrir, así como la inclinación y las acciones encaminadas a aliviar el sufrimiento que encontramos. En estos momentos en que resulta frecuente encontrarse con personas que no ocultan su narcisismo y egoísmo, personas que buscan y valoran la confrontación con los demás, gentes sólo persiguen actividades lo más adictivas posibles, etc., parece más vital que nunca valorar y fomentar la compasión.

Ahora bien, desvivirse por estar al servicio de los demás y ser aparentemente desinteresado no significa necesariamente tener compasión. Algunas veces las actitudes de tolerancia, aceptación y consideración por los demás encubren un patrón autodestructivo y limitante. Volcarse por los demás y sacrificarse pueden deberse más a una huída de uno mismo que a un interés genuino por beneficiar al prójimo. Un aparente altruismo, en ocasiones, esconde una pobre valoración personal junto con arraigados sentimientos de culpa. Encontramos personas inclinadas a la compasión; sin embargo,   su necesidad de ayudar esconde lo que les disgusta de sí mismas.

Todo esto puede verse reforzado en ambientes de tipo espiritual, por ejemplo, en el mundo del yoga y la meditación, donde se valoran actitudes de entrega desinteresada y servicio. Encontramos personas que parecen naturalmente inclinadas a la compasión y la ayuda; sin embargo, hay algo que falla,  su necesidad de ayudar esconde una estrategia inconsciente  para ocultar lo que les disgusta de sí mismas.

Hablando con propiedad, es incorrecto decir que haya una compasión autodestructiva, porque lo cierto es que no se trata de compasión. Estas personas ayudadoras y serviciales se caracterizan por poseer poca empatía. Les vemos ayudar, entregarse, y sacrificarse por los demás, sin embargo, muchas veces resultan molestos, ayudando sin que se les pida y a veces haciendo esfuerzos innecesarios e inútiles.

Además, se les ve siendo excesivamente generosos con los demás, sin poner límites y siempre adoptando un papel secundario. Esta actitud les lleva a sentirse atraídos por personas y situaciones que les maltratan y les conducen al fracaso y la pérdida de autoestima. Es muy común que ellas mismas sientan que merecen humillación y desprecio.

Lo curioso de estas personas es que nunca se dejan ayudar por nadie y suelen alejarse de personas generosas y desinteresadas. Se sienten más atraídas por personas poco sensibles e incluso dañinas que por quienes les aprecian.

Aparentemente, su actitud es un modelo de altruismo, son dignos de confianza, honrados, tienen mucha paciencia y son tolerantes. Sin embargo, por otro lado, no se esfuerzan por progresar, se sienten incómodos con los aprecios y recompensas, y les cuesta disfrutar de los momentos de alegría; a menudo, se abandonan y descuidan de sí mismas. Rara vez reconocen los sucesos positivos que les acontecen y tienden a la tristeza, las actitudes depresivas y la sumisión. Es frecuente que se agoten hasta no poder más, y no se dejen ayudar. Cuando están con otras personas siempre están pendientes de los demás y se llenan de tensiones y ansiedad. La compasión incluye una alta valoración de sí mismo, del propio potencial y de la necesidad de recorrer un camino de evolución personal.

En la verdadera compasión existe una responsabilidad personal por avanzar y ser cada día más capaz de ayudar, además hay una clara empatía y conexión con el otro. Sabemos qué es lo que el otro necesita, sabemos dejar de ayudar, si eso es lo mejor, y conocemos nuestros límites. La compasión incluye una alta valoración de sí mismo, del propio potencial y de la necesidad de recorrer un camino de evolución personal. En lugar de renunciar a los propios objetivos para ayudar a otros, la compasión favorece hacernos mejores personas, más evolucionados y conscientes, y cultivar lo que más nos potencia.

Con compasión nos enfocamos en hacer algo efectivo por el otro, en lugar de una ayuda ciega. Es muy común que quienes tienen este falso altruismo acaben ayudando a personas egoístas que abusan de ellos, y ni siquiera se den cuenta, pues nunca sospechan de las segundas intenciones de aquellos a quienes ayudan. Cuando hay compasión, esto no sucede porque el objetivo es hacer que el otro viva sin sufrimiento, y cuando uno se encuentra por ejemplo, con alguien que abusa y descubre que la ayuda es inútil sirve simplemente se aleja.

Mientras que en la auténtica compasión se busca lucidez y claridad para ver lo que el otro necesita, en estas actitudes disfrazadas de altruismo uno cree que todo el mundo le necesita, no hay conciencia clara del otro sino una especie de estado imaginario en que uno se cree que es imprescindible para los demás. La persona vive con el pensamiento de que debe sacrificarse y facilitarle las cosas a los demás; uno mismo no cuenta, sólo los demás importan. En esta forma de actuar, las propias necesidades siempre son secundarias y uno está dispuesto a dejarlo todo por ayudar a quien lo necesite. Claro que luego, la mayoría de las veces su esfuerzo no sirve de nada, cuando no está encaminado a preocuparse por alguien que se está aprovechando de lo poco que uno se valora.

La persona que ayuda de esta manera justifica su comportamiento diciéndose saber lo que le falta al otro y convenciéndose de que percibe a la otra persona cuando en realidad desconoce sus necesidades, intenciones y deseos. En el fondo, detrás de todo hay alguien que se siente inferior a los demás, se está comparando siempre y siente culpa con frecuencia.

Cuando cultivamos la compasión genuina, necesitamos un concepto de nosotros mismos sano y positivo, así como una capacidad tanto de dar como de recibir; sin embargo, en esta situación de falsa generosidad se produce una especie de orgullo negativo, en el sentido de que la persona se siente inferior y con una gran necesidad de ser sumiso; les cuesta recibir ayuda y suelen buscar el aprecio de quienes les tratan peor, que son las personas que más les agrada ayudar.

La verdadera compasión se apoya en la comprensión de lo valiosa que es la vida en virtud del potencial que hay en ella.

No es fácil salir de esta situación, máxime si uno se encuentra en un entorno espiritual en que se valora el sacrificio, la entrega a los demás y la renuncia a las necesidades propias. Cualquier actitud encaminada a cuidarse uno y avanzar personalmente es interpretada por estas personas como una forma de egoísmo. Lo cual parece mas bien una excusa para no enfrentarse a sí mismas, pues se sienten continuamente heridas y humilladas, y se perciben de forma muy negativa, sintiéndose avergonzadas con frecuencia.

La verdadera compasión se apoya en la comprensión de lo valiosa que es la vida en virtud del potencial que hay en ella. Ejercitamos la compasión como uno de los pilares que enriquecen la vida; en lugar de una forma de autosacrificio, buscamos enriquecernos a través de la compasión. En lugar de apartarnos para que los demás triunfen, la compasión nos demanda seguir avanzando para llegar a todos los seres. La compasión favorece y nos empuja a caminar hacia el progreso personal y la liberación del propio sufrimiento. Cuando tenemos compasión sabemos que tenemos que dedicar tiempo a nosotros mismos con el fin de saber ayudar mejor y tener más habilidades.

La compasión se produce una vez que hemos cultivado otros estados positivos, entre ellos el regocijo. De modo que cuando hay compasión nos fijamos en las personas más elevadas y despiertas y sentimos alegría, no nos apartamos ni los ignoramos como en el caso del altruismo enfermizo. Hay una felicidad al ver personas que han trascendido el sufrimiento y un saber disfrutar.  Los ayudadores compulsivos no son capaces de alegrarse por la felicidad de los demás sólo buscan alguien a quien ayudar y en numerosas ocasiones se inventan que alguien les precisa.

Cuando tenemos compasión, aprendemos de los maestros y de las personas más avanzadas que nosotros. Estamos abiertos y receptivos a ser transformados por su influencia y presencia. Sin embargo, cuando estamos en esta actitud nociva, nos relacionamos con los maestros con actitudes serviciales y dóciles que nos impiden aprender y evolucionar. Puesto que a estas personas no les gusta pedir favores ni recibir ayuda siempre mantienen una actitud ambigua con los maestros y su única forma de expresarse es ayudar compulsivamente y sacrificarse. Pueden llegar a creer que son los que mejor sirven al maestro y al mismo tiempo sentirse continuamente heridos y rechazados por los demás.

Es pues, importante entender bien el camino espiritual y la práctica. Como sabemos, estamos atrapados en numerosas creencias y actitudes que desconocemos y nos impiden avanzar. Cuando hablamos de compasión, es importante saber qué es y cómo se practica.

No debemos pasar por alto uno de los mayores perjuicios que conlleva todo esto. Quienes no conocen bien el camino espiritual y toman como modelo este tipo de falso altruismo pueden acabar desarrollando una aversión a las actitudes bondadosas, con lo cual pierden la oportunidad de cultivar la auténtica compasión; se privan del privilegio de conocer el inmenso poder sanador y liberador de la compasión.

La camino no es fácil, siempre se cruzan impresiones mentales del pasado, por tanto es importante estar alerta y revisar una y otra vez si nuestra práctica es correcta, sincera y en consonancia con la enseñanza.

4 Comentarios

  1. Gracias una vez más por la Luz que pones en nuestras sombras.
    Con todo mi respeto y cariño,
    Luzma

  2. Me ha ayudado a discernir conductas propias y ajenas, empoderandome al amparo de la Compasión.es un privilegio siempre leerte Juan.Seguimos…

  3. Much as gracias por tus escritos me ayudan a entender y entenderme

  4. Después de la primera lectura: Me identificó. Siento miedo, habla de mí, me siento descubierto. Cómo es posible? Sigo engañándome? De verdad vivo tan ciego e ignorante?
    Vuelvo a leerlo, dos, tres, cuatro veces más y…
    Reconozco lo que he avanzado en estos años y en lo que no coincido con el falso compasivo:
    1.- Sigo evolucionando y trabajando en silencio.
    2.- Me protejo, me cuido y siento una gran alegría con los maestros.
    3.- Reviso mi práctica, no me abandono… Y aunque caiga en errores me refugio de nuevo en lo que ha dado más sentido a mi vida: LA MEDITACIÓN Y SU ENCARNACIÓN.
    Gracias Juan, gracias Lama Zopa, Lama Yeste, y todos los que hacen posible este camino de liberación. Seguimos.
    Sasi

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