Sobre el amor

Juan Manzanera

   Mientras la pluma escribía con afán, al llegar al amor se rompió... (Rumi)

Imagino que no es demasiado correcto citar a un maestro sufi en una revista budista; o tal vez sí, ya que el asunto es el amor. Algo que trasciende tradiciones religiosas y espirituales, como también decía Rumi: "Cuando uno adquiere una cantidad infinitesimal de amor, se olvida de ser gabir, mago, cristiano o infiel". Por otro lado la cita de Rumi expresa muy bien lo que siento cada vez que aparece este tema. Aunque nos encanta sentir amor, hablar y leer sobre él, es algo que nos sigue siendo desconocido y escurridizo.

Al ponerme a escribir este artículo no puedo evitar un sentimiento de bochorno al ver que después de tantos años de meditar en bodhicitta, amor, compasión y demás, uno sigue siendo tan interesado como siempre y la mente no se haya movido un ápice de su inclinación egocéntrica. Me preocupa y me pregunto por qué está sucediendo esto.

He buscado explicaciones y, aunque no encuentro respuestas, entre las muchas que me doy, tengo la sensación de que todo gira en torno al miedo. Pienso que tenemos tanto miedo a sufrir, tanto miedo al abandono, tanto miedo a los juicios ajenos, tanto miedo a las carencias, tanto miedo a la aniquilación, etc. que buscamos compulsivamente cualquier cosa que nos proteja. Todo el egocentrismo no es mas que una construcción del sistema nervioso central, el cerebro, para asegurar la supervivencia del organismo y responder ante las amenazas y peligros cotidianos. Tengo la impresión de que nos hacemos egocéntricos como una estrategia de la naturaleza para sobrevivir a las amenazas del medio y de los semejantes. El amor es peligroso desde el punto de vista biológico pues con él nos parece que va a ser difícil subsistir. Sólo hay que recordar algunas historias, como la del bodhisattva que dio su vida a la tigresa o a tantos otros.

Me pregunto si esta es la razón por la que a pesar de tanta insistencia de los maestros en los inconvenientes del egocentrismo sigamos con ello. El miedo tiene mucha fuerza. Por mucho que uno se convenza de lo dañino que es ser egoísta, el impulso biológico es mucho más intenso, visceral y poderoso. El egocentrismo es una forma de defensa y quedarnos sin ella nos hace sentirnos demasiado vulnerables. La cuestión importante es darse cuenta de que nos enfrentamos al miedo. Es decir, el problema no es el egocentrismo sino el miedo ya que aquel sólo se ha construido como salvaguarda y protección.

Decía el venerable Lama Zopa: "Mientras no consagres tu ego al servicio de los demás tendrás problemas, incluso aunque todos los seres de la tierra te amen". Todos los discursos acerca de los males provocados de la construcción egoísta son formas de adquirir valor para afrontar el miedo. Tenemos que sentir más miedo al egoísmo que a quedarnos indefensos y vulnerables, tenemos que llegar a sentir verdadera aprensión; como quien acaba de tomarse una copa de veneno por descuido. La meditación nos tiene que llevar a un nivel de conciencia más profundo y potente que el impulso biológico. Tenemos que darnos cuenta de que siendo egocéntricos no hay modo de sentir paz interior. Lama Yeshe decía: "La única forma de estar satisfecho es crear espacio a todos los seres. Hay que eliminar la insatisfacción, la insatisfacción con la comida, con el trabajo, con los amigos..., esto nos hacer estar cerrados, nos impide tener espacio en el corazón". También lo expresaba Dilgo Khyentse Rimpoche: "Ten en cuenta que todos tus sufrimientos son una manifestación del egocentrismo y toda la felicidad del aprecio a los demás". Tal vez no somos suficientemente conscientes. La cuestión es elegir entre dar prioridad al organismo (ser un animal más) o aprovechar el nivel de conciencia que nos permite la vida humana. Hace unos días también me lo comentaba personalmente el Gueshe Lobsang Tsultrim: "Para desarrollar compasión tienes que tener una firme renuncia". Aparentemente son cosas muy distintas; sin embargo, la conexión es cercana. La compasión y el amor, no pueden ser genuinos si uno no ha dejado de lado para siempre el interés por una identidad corporal.

Sin embargo, no es real que el amor sea peligroso; verlo así, es sólo una limitación de la mente biológica. Cuando hay una mayor conciencia el amor es lo más saludable, lo que trae más prosperidad. Recuerdo al Venerable Lama Zopa: "Si tenemos buen corazón, no hay obstáculos para tener una vida larga, estamos sanos, somos felices; la bondad es la mejor medicina, el mejor ritual tántrico". Pero no sólo eso, es el verdadero cambio de conciencia, la auténtica transcendencia. Decía el psicólogo Erich Fromm: "El hombre en sus aspectos humanos es un impenetrable secreto para sí mismo y para sus semejantes. El sendero para conocer el secreto es el amor. El amor es la penetración activa en la otra persona. La única forma de alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar; este acto trasciende el pensamiento, trasciende las palabras".

Ahora, si nos empeñamos en eliminar el egocentrismo y ser más amorosos nunca lo vamos a conseguir. El yo actual nunca será más amoroso ni mejor. El amor es el resultado de una mente más amplia, más madura. Es la consecuencia de abandonar el centralismo actual para reconocer la universalidad interdependiente que configuramos el conjunto de seres que existimos. El individuo es sólo una parte de un todo que únicamente tiene sentido como parte de esa totalidad. Como la manecilla pequeña de un reloj sólo adquiere verdadero sentido cuando forma parte de un reloj en funcionamiento.

Una mayor conciencia nos lleva a reconocer que el individuo separado, autosuficiente e independiente que creemos ser es falso. No existimos como seres separados, somos el producto de cientos de personas que nos han influido, nos han alimentado, nos han enseñado, etc. Pero no es que hay un individuo que ha recibido todas estas influencias sino que el individuo actual es el resultado de la configuración de todas esas personas. El amor es una mayor conciencia, es ampliar la definición de nosotros mismos para incluir a los demás seres. Es ser más realista. Un gran maestro hinduista, llamado Nisargadatta Maharaj decía que todos vivimos en un sueño que creemos real: "En el sueño amas a algunos y no a otros. Al despertar descubres que tú eres el amor mismo, abarcándolo todo. Cuando amas, te hayas más allá del tiempo y los números. Al amar a uno amas a todos, al amar a todos amas a uno. Uno y todos no son excluyentes."

Hace un par de años un amigo que tenía una casa en el campo me contó que había cambiado el generador de luz por uno más potente. La casa se alimentaba de electricidad con un antiguo generador y decidió cambiarlo. Me decía que el nuevo era tan potente que tenía que encender muchos más aparatos eléctricos que antes para que no se estropease y funcionara bien. Creo que eso es lo que nos sucede cuando avanzamos en la conciencia, si no nos dedicamos a los demás la mente se vuelve neurótica, obsesiva y enferma. Una mayor conciencia nos exige abandonar la dedicación exclusiva a la supervivencia y volcarnos a los demás. Es algo necesario. El amor es lo que nos sana, y los demás son quienes nos permiten amar.

El yo egocéntrico nunca va a amar a los demás. Por mucho que medite y se esfuerce. El yo tendrá que quedarse atrás y ponerse al servicio de una mayor visión. Una conciencia que percibe la realidad interdependiente y para la cual el amor no es un esfuerzo ni un peligro sino la forma natural de vivir. Recordando de nuevo a Rumi: "Aunque exteriormente aparezca como que el amor nace en mí, sabes, sin embargo, que en realidad fue el amor quien me dio la vida".