Sobre el Mahamudra
Lama Guendun Rinpoche

PREFACIO

En Agosto del 87, Lama Guendun Rimpoche dió un comentario del texto raíz de las instrucciones orales que fueron dadas por Tilopa a su discípulo Naropa en las orillas del Ganges, en el alba del primer milenio. Estas instrucciones condensan todos los aspectos esenciales de la base, del camino y del fruto del Mahamudra, el “Gran Sello ”, realidad última de la mente y de los fenómenos.

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Tilopa es uno de los más grandes sabios y yoguis budistas. Él dirigió las enseñanzas de todos los grandes Realizados del siglo XI hindú y realizó la iluminación cerca del delta del Ganges. Él es el origen de la línea Kagyupa, cuya corriente de transmisión se ha mantenido intacta hasta nuestros días, se perpetúa a través del presente Karmapa y todos los maestros actuales detentadores de las enseñanzas Kagyu.

Tenemos que comprender que la mente está libre de todo nacimiento, muerte y existencia. La mente no es algo que haya nacido en un momentodado; si no ha nacido, no puede morir y puesto que no tiene verdadera realidad, no tiene localización, no existe. Tenemos que reconocer ésta realidad de la mente, que es lo que se llama el Dharmakaya o Cuerpo de realidad última; y para poder realizar la mente en su verdadera naturaleza, tenemos que meditar.

¿ A QUÉ SE PARECE LA MENTE ?

Incluso si la miramos directamente no podemos ver nada; incluso si la examinamos no podemos conocerla; si intentamos deshacernos de ella, separarnos, no lo lograremos; si intentamos agarrarla, tampoco lo lograremos. Es imposible mezclar la mente con otra cosa o partirla en trocitos. No se la puede definir en modo alguno, pero cualquier nombre que se le de, le conviene.

¿Qué es entonces la mente?Es simplemente lo que piensa, “lo que se mueve en el interior de la mente ”. Cada vez que aparece una idea o un pensamiento, se trata de la mente. Hay que mirar la esencia verdadera del pensador, del que piensa, y si lo logramos sin fijación ni apego, podemos entonces reconocer la verdadera naturaleza de la mente: la miramos directamente, y en un instante, vemos qué es la mente, pero no se puede agarrar este instante de conocimiento.

El Buda o la budeidad, no se encuentra en nuestro exterior. La budeidad está en nuestro interior y el profundo camino del Mahamudra , es el modo de realizar el Buda que nosotros somos. Este camino del Mahamudra recopila numerosas enseñanzas. Lo que vamos a estudiar aquí es el comentario de las instrucciones dadas por Tilopa a Naropa en las orillas del Ganges.

Este comentario del “Canto del Mahamudra del Ganges ” se llama “la Esencia de las Realizaciones ”. Comienza con estas palabras: “Este es un comentario del Mahamudra del Ganges que representa las instrucciones dadas a las orillas del Ganges al mismo señor Naropa por el Señor de los Yoguis, Tilopa ”

El texto se divide en tres partes: sentido del título, homenaje del autor, explicación del texto en sí mismo.

EL SENTIDO DEL TÍTULO

El texto raíz da primeramente el título en sánscrito: “Mahamudra Upadesa ”, lo que significa “. Instrucciones orales sobre el Mahamudra ”. El comentario explica en detalle la palabra Mahamudra. Mudra significa “sello”, lo que implica que una cosa sellada es auténtica: el sello certifica aquello a lo que se aplica. Ésto significa que el estado de realidad última es un estado en el cual la manifestación es vacuidad y la vacuidad es manifestación: manifestación y vacuidad son inseparables e indisociables. Este estado es un estado de gran felicidad, pero esta felicidad está igualmente vacía; es como un gran movimiento conjunto de felicidad y de vacuidad. Ésto representa los medios hábiles y la sabiduría y su inseparabilidad: aparecen simultáneamente. Ésto expresa igualmente lo indisociable de la compasión y de la vacuidad.

Tal es, pues, lo que connota la palabra “sello”. Certifica que todo lo que aparece en la manifestación es fenómeno de la verdad relativa y, al mismo tiempo, que todo fenómeno en el estado de vacuidad es fenómeno de la verdad última. Tal es el sentido de Mudra.

Si se llama el “gran sello ” o Mahamudra, , es porque lo relativo y lo último, aparecen juntos, simultáneamente. Si no fuera así, éste sello no podría aplicarse a todos los fenómenos. Por eso, porque es un sello particularmente noble, es por lo que se le llama “gran sello ”. El título “Instrucciones orales sobre el Mahamudra ” significa que, , de entre las ochenta y cuatro mil enseñanzas del Dharma que existen, estas instrucciones son la esencia.

EL HOMENAJE DEL AUTOR

“Yo rindo homenaje a la Gloriosa Dakini de Vajra ” El texto se abre con un homenaje dirigido a la Dakini de Vajra puesto que ella es la guardiana de todas las instrucciones orales.

Ella es también la que pronuncia éstos nombres indestructibles. Ella es el lama de Tilopa, y ella es la naturaleza de las diferentes etapas, de la base, del camino, y del fruto de todas las instrucciones orales. He aquí por qué Tilopa comienza por postrarse delante de ella.

Tradicionalmente, todo texto, todo comentario que tiene las palabras de Vajra, las palabras de la realidad indestructible, comienza por un homenaje dirigido a la Dakini de Vajra.

LA EXPLICACION DEL TEXTO RAIZ

Este Texto comprende dos partes principales: El compromiso por parte de Tilopa de componer un canto sobre las instrucciones orales indestructibles, las instrucciones de Vajra. La descripción, etapa por etapa, de estas instrucciones sobre el Mahamudra.

En cuanto a la promesa de Tilopa, el canto dice:

“Inteligente Naropa , Tú que has perseverado frente al sufrimiento, Tú que has superado muchas pruebas, Y que posees fe y confianza en el lama, Tú el afortunado, Guarda ésto en el corazón y pónlo en práctica ”.

El comentario de ésta primera parte del canto explica en primer lugar que el discípulo tiene que ser apto para recibir las enseñanzas y constituir un receptáculo apropiado, y que las instrucciones orales auténticas no deben ser dadas más que a un discípulo capaz de recibirlas y no a cualquiera. Es igualmente importante que el discípulo no tenga duda sobre el hecho de que la persona que le da las enseñanzas es Dorje Chang, que es el Buda en persona. Tilopa muestra que hay una situación en la cual el lama, el discípulo y las instrucciones, son los tres excelentes.

En la introducción del canto, Tilopa describe las diferentes cualidades de Naropa: ha sufrido muchas pruebas, es respetuoso, perseverante frente al sufrimiento e inteligente. Tilopa hace así la lista de las cualidades del buen discípulo. Por ejemplo, el hecho de que Naropa haya pasado por muchas dificultades en su práctica revela que él es muy enérgico, muy entusiasta por practicar el Dharma. El respeto que muestra hacia el lama es el signo de que tiene fe y confianza en él. Su perseverancia frente al sufrimiento es el signo de que es capaz de soportar y de aceptar toda clase de obstáculos y de sufrimientos. Y el hecho de que es inteligente es la prueba de que posee el aspecto de la sabiduría discriminativa. Puesto que tiene estas cuatro cualidades, Naropa es un discípulo afortunado.

Tilopa prosigue recomendándole que guarde muy cuidadosamente en su mente estas palabras sobre el Mahamudra en el que le va a instruir, y que las ponga en práctica una vez comprendidas.

La segunda parte concierne las diferentes etapas de las instrucciones dadas por Tilopa en el canto. Éstas se dividen en cinco partes:

- la primera describe qué es el Mahamudra, - la segunda establece que el Mahamudra es la realidad última, - la tercera muestra que este estado último trasciende el intelecto, - la cuarta explica cómo aparecen las diferentes experiencias cuando se ponen en práctica las instrucciones dadas, - y la última describe el uso de los canales sutiles del cuerpo, y de las energías puestas en movimiento en el interior del cuerpo, del modo de realizar la unión con una mensajera y de progresar en el camino.

Tilopa empieza por explicar que no se puede representar, ni expresar, ni hablar de la naturaleza del Mahamudra. El canto dice que el Mahamudra no puede ser demostrado: es como el cielo, nadie puede describir el cielo y decir que es alguna parte o que es de tal manera; por lo mismo, el Mahamudra, por naturaleza, no es un objeto que se pueda designar que es el Mahamudra.

El comentario continúa, diciendo que el que entiende esta enseñanza, puede verse llevado a plantearse la siguiente pregunta: “Si no se puede obtener enseñanza sobre el Mahamudra, si su verdadera realidad no puede ser explicada, ¿cómo poner el Mahamudra en práctica, cómo recibir enseñanzas e instrucciones sobre este tema "¿ Lo que se llama Mahamudra –y que es de hecho la realidad de todos los fenómenos-, es la realidad natural? libre de todo artificio, de toda interferencia y de toda fabricación; espontánea y últimamente siempre idéntica. Este estado último es único: que un Buda perfecto aparezca o no en la tierra, la realidad última está siempre presente. Para realizarla, hay que poder permanecer tranquilamente en meditación en este estado mismo.

Es lo que explica la parte siguiente del canto: se debe permanecer distendido en el estado natural, totalmente libre de toda fabricación mental o de todo asimiento; y si distendemos los músculos, no hay ninguna duda de que nos liberaremos. El canto da a continuación un ejemplo que explica cómo distenderse: si miramos la extensión abierta del cielo, la mirada se pierde y la vista se para; por lo mismo, si utilizamos la mente para mirar directamente la mente, todos los pensamientos se paran y se alcanza el Despertar insuperable. Esto significa que nuestro estado ordinario de la mente está dirigido por la presencia de emociones perturbadoras, cólera, apego e ignorancia, que actúan como cadenas que atrapan nuestra mente.

En la meditación, aprendemos a distendernos y a librarnos así, de éstas emociones; las cadenas caen entonces y la mente es libre. La presencia en nosotros de estas cadenas, hace muy difícil el cese de todo sufrimiento. Somos prisioneros de nuestros deseos, de nuestro odio y de nuestro estado de ignorancia, y por eso nos esforzamos sin descanso en rechazar o conseguir algo. Sin estas emociones en el interior de nuestra mente, no buscaríamos conseguir o rechazar lo que sea, y la mente estaría completamente libre y distendida, sin ningún sufrimiento. Nuestra mente, nuestra palabra y nuestro cuerpo están encadenados por éstos tres venenos-apego, cólera e ignorancia-que no vienen del exterior, sino que se encuentran en nosotros; y será desde el interior como podamos librarnos de éstas rémoras. La libertad viene del interior.

Si hay muchas tensiones en nuestra mente cuando meditamos, ésto puede tener por efecto bloquear los canales y energías sutiles en el cuerpo; entonces es posible que la mente conozca cierta estabilidad (pues el bloqueo de las energías tiene por efecto inmediato la calma de la mente)y que se den diversas experiencias conducentes a juzgar buena nuestra meditación. Pero el origen de ésta meditación es el fuerte asimiento que ejercemos desde el comienzo, y ésta manera de intentar calmar la mente por el asimiento y el apego es sólo momentánea, pues su resultado es el sufrimiento de la mente. Esto se parece un poco a beber alcohol: al principio, uno se siente muy bien, muy distendido; pero cuanto más se bebe, más experiencias y visiones se desarrollan y a la mañana siguiente de ésto, ¡no queda más que sufrimiento!

Como a veces nos esforzamos en la meditación por alcanzar un estado de paz y de felicidad aquí y ahora, elaboramos el concepto de que la meditación es un estado mental sin ideas ni pensamientos, y tratamos desesperadamente de llegar a éste estado mental particular. Si al precio de una gran tensión, alcanzamos ésto, lo único que hacemos es convertirnos en algo semejante a un pedazo de madera: una mesa, por ejemplo, no tiene pensamientos y si embargo, ¡no se puede decir que medite! ¿Por qué buscar llegar a ser semejante a una mesa?

De hecho cuando se medita, uno es llevado a reconocer que es propio de la naturaleza de la mente el tener pensamientos. En la meditación no se trata de suprimir los pensamientos, uno los deja simplemente aparecer sin apegarse a ellos; hablar de no conceptualizar, no significa la ausencia de pensamientos, sino no-apego a los pensamientos que aparezcan. Meditar no tiene por objeto encarcelar o limitar nuestro cuerpo, palabra y mente, sino mas bien liberarlos.

Es importante reconocer que meditar no significa llegar a alcanzar un estado libre de pensamientos y de movimiento mental, sino que consiste, al contrario, en dejar ir y venir los pensamientos, sin apegarse a ellos. Es este camino el que nos llevará a la iluminación.

LA LINEA DE TRASMISION

La línea Karma Kagyu cuenta con numerosos seres que han alcanzado los logros y la realización por su práctica de las enseñanzas de la línea. Se dice que es muy importante que un lama cualificado se una a un discípulo cualificado; si los dos se juntan, tiene lugar una transmisión en la cual el discípulo mejora cada vez más, de manera que el nuevo discípulo rebasa en realización al lama precedente.

La prueba está dada en los miembros de la línea Karma Kagyu: Naropa fue más adelante que su lama Tilopa; luego Marpa fue todavía mejor, aportando numerosas mejoras con su práctica; Milarepa tuvo una realización más grande que Marpa; Gampopa adelantó a su vez en realización a Milarepa; Tusum Khyempa, el primer Karmapa, superó a Gampopa en realización. Ésto muestra que cuando un discípulo cualificado se junta con un Lama cualificado, puede tener lugar una constante mejora.

El nombre del primer Karmapa, Tusum Khyempa, significa “El que conoce los tres tiempos ”: puesto que su realización es la de un perfecto Buda, él era capaz de ver simultáneamente los tres tiempos –pasado, presente y futuro-y sabía pues, todo lo que acontecía en los tres tiempos. El origen de la línea Karma Kagyu se sitúa en el Buda Dorje Chang, que representa la irradiación natural de la compasión del buda primordial Kuntu Zangpo (Sánscrito Samantabhadra). No existe ninguna diferencia entre Dorje Chang y Samantabhadra, si no es que Dorje Chang es la expresión de la compasión de Samantabhadra.

La transmisión de la línea Karma Kagyu se ha hecho hasta nuestros días a través de los dieciséis Karmapas. No ha sido interrumpida ni rota ni una sola vez y los samayas (o compromisos sagrados)entre lama y discípulo siempre fueron mantenidos muy puros, sin ser dañados en modo alguno. Esta línea forma, pues, un hilo de oro continuo, nunca roto, uniendo entre ellos a todos los miembros de la línea; en cada transmisión, todas las enseñanzas y todas las realizaciones fueron legadas intactas, como se vierte agua de un vaso a otro sin que se pierda una sola gota.

Para que la transmisión en una línea se desarrolle óptimamente, el lama debe de ser capaz de transmitir bendición y realización, el discípulo debe saber recibir la bendición y a través de ésta, desarrollar su propia realización. Cuando se ruega al lama, debemos tener la firme convicción de que él es indisociable de Dorje Chang; si el discípulo tiene fe en esta realidad, recibirá al mismo tiempo que la bendición del lama, las bendiciones de la línea entera. Cuando es así, el lama puede producir una impresión en el discípulo, de manera que lo impregna de su realización: como en una fotocopia, el discípulo llega a ser exactamente a imagen del lama cuando la transmisión se cumple perfectamente.

Si deseamos recibir una transmisión auténtica y completa, hace falta que nuestro lama raíz sea miembro de ésta línea pura, es decir que haya recibido él mismo todas las enseñanzas y transmisiones sin ninguna interrupción en la continuidad de la línea, igualmente hace falta que haya guardado los samayas enteramente puros. Si nosotros no encontramos un tal lama, si es miembro de una línea interrumpida o si sus samayas son impuros, no recibiremos ninguna realización en nuestra práctica. En una hilera de luces eléctricas, cuando el hilo que las conecta no está roto ni dañado, todas las bombillas eléctricas se encienden en una larga fila y cada bombilla tiene la misma luminosidad que la precedente; pero si la línea está rota en alguna parte, las bombillas siguientes no se encienden. Esto ocurre igual en la transmisión espiritual: si está interrumpida o dañada, la transmisión de la realización no puede tener lugar. Nuestro lama debe ser como una puerta por la que accedemos a todas las realizaciones de la línea.

LAMA Y DISCIPULO

El lama y el discípulo deben estar cualificados los dos. Esto es importante en el camino del Mahamudra.

Si buscamos un lama cualificado, nos hace falta encontrar alguien cuyo cuerpo, palabra y mente estén perfectamente en armonía con las enseñanzas del Buda. Un lama auténtico no presenta ninguna diferencia entre su comportamiento exterior y su estado mental, entre sus pensamientos y su actitud. No puede ser alguien que, quizás interiormente tiene una realización y una gran comprensión del Dharma, pero exteriormente se comporta mal y cumple actos que parecen negativos. No debemos tener un lama de ésta clase, como no podemos aceptar tampoco, un lama que se comporta aparentemente buena y santamente, pero que tiene un estado mental negativo y lleno de emociones.

El perfecto lama es tanto en el interior como en el exterior puro y bueno. El perfecto lama es alguien cuyas acciones, sean de cuerpo, palabra o mente, no están jamás contra la enseñanza del Buda. Si el lama no actúa observando esta enseñanza, es el signo de que no está enteramente convencido de la enseñanza; no será pues un buen lama. El lama ideal es enteramente puro, perfecto, sin ninguna impureza, ni mancha.

El discípulo cualificado, cuando encuentra al lama, está lleno de respeto en su presencia y no le muestra ningún desdén. Debe ser alguien que controla bien sus emociones, que no está en merced de la ira, o de un intenso deseo; no debe ser indisciplinado ni escapar a toda autoridad; debe tener la mente estable y no cambiar de opinión si cesar; en fin, tiene que mostrarse capaz de aceptar las instrucciones del lama.

El discípulo cualificado es muy suave en su manera de ser: su cuerpo está distendido y su palabra es franca; desarrolla amor y compasión y tiene una gran atención para con los demás seres; sabe aceptar el sufrimiento y las dificultades del camino; y sobre todo es constante y no da vueltas sin cuento sobre sus decisiones.

El discípulo cualificado posee una gran fe en el lama, gusta de practicar el Dharma y se alegra cada vez que recibe una enseñanza; sabe mostrarse perseverante en la práctica y no desanimarse si encuentra obstáculos. Cuando lama y discípulo están los dos cualificados, su relación lleva al discípulo a ser exactamente semejante al lama, y para que esta transmisión tenga lugar correctamente, los dos deben ser perfectos.

Cuando se hacen satchas se comienza por fabricar un molde; si la forma de este molde es perfecta, bien clara con contornos bien definidos, la forma de las satchas será igualmente clara y perfecta; pero si la forma del molde original está indefinida, si faltan los rasgos o si el molde está roto de alguna manera, las satcha reproducirán los mismos defectos. He aquí por qué de la misma manera hay que asegurarse que lama y discípulo estén los dos cualificados a fin de que este último pueda llegar a ser exactamente semejante al lama.

Deberíamos tener muy claro en la mente que el lama no es un simple ser humano hecho de carne y de sangre, y que representa la bendición de la mente pura del Buda Dorje Chang. Si el discípulo tiene fe en esta realidad, podrá asociar su mente a la del lama de manera que las dos mentes estén indiferenciadas, y al realizar así el Mahamudra; obtendrá la misma realización que el lama.

Incluso si el discípulo es lo suficientemente afortunado para permanecer constantemente al lado de su lama, si no tiene confianza en éste, es como si el lama no hubiese estado nunca ahí. Al contrario, si un discípulo, está separado físicamente de su lama pero tiene fe y confianza en él, entonces lama y discípulo están siempre juntos, poco importa la distancia que les separe. Milarepa dice que cualquiera que fuese el sufrimiento experimentado, y cualquiera que fuese el alejamiento entre él y su lama, él no estuvo nunca separado de éste.

El discípulo que no ve en el lama más que un ser ordinario recibirá simplemente la bendición de un amigo espiritual cuando le dirija su oración; pero el discípulo totalmente convencido de que su lama es un Buda nunca estará separado de él, por el hecho de la fe y el respeto que le testimonia; la mente del discípulo y la del lama estarán indiferenciadas y el discípulo podrá realizar que su propia mente sea Buda. Debemos darnos cuenta de que la mente del lama, nuestra propia mente y el Dharmakaya son tres aspectos perfectamente indisociables. Si el discípulo tiene fe en esta realidad y ora a fin de poder realizarla, tendrá primeramente una impresión (o una sensación)de esta realidad. Gradualmente, esta impresión llegará a ser una experiencia real que en la medida que se profundice llegará el día en que el discípulo reconozca que es verdadero, totalmente evidente, que entre su propia mente, el Dharmakaya y la mente del lama no puede ser hecha ninguna diferencia. A partir de este momento donde el discípulo reconozca esta realidad, habrá visto la esencia de su mente.

En el camino del Mahamudra, nos hace falta tener seguridad y certeza de que el lama es Buda; cuando se ora al lama hay que hacerlo siempre en este estado mental. Y hay que comenzar la meditación esforzándonos en considerar nuestra mente, la mente del lama y el Dharmakaya como inseparables, y permanecer en meditación en la unión indisociable de estos tres aspectos. Entrenándonos en pensar y meditar así, poco a poco todas las dudas concernientes a esta realidad serán extirpadas. Cuando comenzamos a meditar, podemos comprender intelectualmente cómo podría ser posible que la mente del lama, nuestra mente y el Buda sean inseparables, pero esta compresión se queda conceptual porque nosotros no estamos acostumbrados. Sin embargo, cuando cultivamos esta comprensión en la meditación, poco a poco todas las dudas son completamente apartadas y se llega a desarrollar una confianza natural y espontánea en esta realidad.

Nos paramos en el punto en que Tilopa enseña a Naropa cómo evitar engancharse a los pensamientos. Le explica que debe mirar directamente la esencia de cada pensamiento que surge en la mente y simplemente dejar marchar esta pensamiento, que hace falta permanecer distendido y abierto, sin ningún asimiento, y permitir al cuerpo, a la palabra y a la mente establecerse naturalmente. Así, los pensamientos se liberan automáticamente y somos capaces de permanecer estables en la esencia de la mente.

APRENDER LA REALIDAD ULTIMA

El comentario prosigue explicando que existen dos acercamientos para comprender, o reconocer la realidad última: En el vehículo de las características, que es uno de los vehículos del Mahayana, se utiliza la propia consciencia, o la propia facultad de comprensión, para analizar las formas, los sonidos, etc., todos los fenómenos externos, objetos de la mente, y se analiza igualmente la mente en sí misma, para llegar a la conclusión de que la mente y sus objetos no son más que una sucesión de instantes o de partículas individuales de tiempo. Se concluye de todo ello que todo eso, la mente y los objetos de la mente en el mundo exterior ( los objetos de los sentidos), es algo no nacido y libre de proyecciones.

Sin embargo esta conclusión no constituye una verdadera realización; tiene lugar en la mente individual y se trata pues de una comprensión teórica. Esta clase de análisis intelectual, en el que se utiliza la mente pensante para definir las cosas y categorizarlas en ideas como “es” o “no es” y “existe” o “no existe”, forma parte de la esfera del intelecto. Esto no puede ser, pues, la realidad última puesto que se dice que ésta no es del dominio de la actividad intelectual, y esta enfoque no hace más que velar y ensombrecer el Mahamudra que es la realidad última.

Sin embargo, en el vehículo que es el camino que conduce a la realización del Mahamudra, esta proviene de la potencia de la bendición del lama y del mérito del discípulo. Esto significa que, en este vehículo, no es ya necesario prestar atención a esta clase de debate lógico, o de proceso intelectual, para realizar la verdad. Por la simple conjunción de la fuerza de la bendición del lama y del mérito del discípulo, podemos establecernos en este instante mismo de consciencia en el interior de nuestra mente y así reconocer el estado natural de todos los fenómenos, su realidad espontánea.

Por este hecho, todas las actitudes extremas que oponen samsara y nirvana, todas las dudas en cuanto a la naturaleza real del samsara y del nirvana son atajadas, erradicadas. Todos los fenómenos –la manifestación del universo entero- son simplemente la manifestación de la mente; son por consiguiente la mente misma. La verdadera naturaleza de nuestra mente es instantánea, impermanente y en perpetuo cambio.

LOS TRES TIEMPOS Y LA MENTE

Si volvemos la consciencia hacia el interior para examinar la mente, y si observamos ante todo, el momento mental que acaba de ocurrir, descubrimos que es imposible asir el pasado. El pensamiento precedente, por ejemplo, se ha acabado y no puede ser un objeto de la mente: no es posible repensar el pensamiento precedente. Esto es comparable a un pájaro que vuela en el cielo si dejar ninguna huella tras de sí; de la misma manera, tan pronto como nuestros pensamientos se han ido, han pasado, no queda ninguna huella a la cual apegarse.

Ocurre lo mismo con el futuro, puesto que el futuro todavía no ha nacido, es imposible verlo, nadie puede verlo o examinarlo.

Es también el caso del presente: si examinamos cuidadosamente el instante presente en la mente o en la consciencia, descubrimos que es imposible llegar a una conclusión sobre este tema, pues se trata de un instante muy fugaz entre el pasado y el futuro, que trasciende el intelecto y no soporta examen; por consiguiente se le llama “libre de proyecciones”.

Es cómo si se mirase el espacio: el espacio es algo tan sutil que no puede llegar a ser un objeto de visión. Por lo mismo, el presente no puede ser observado; podemos intentar verlo, pero no lo lograremos.

Es preciso, pues, extirpar del interior toda forma de duda en lo que concierne a los tres tiempos. Si lo hacemos, todas las asociaciones y sucesiones de pensamientos se paran completamente y, por este hecho, se adquiere la certeza de que la naturaleza de todos los fenómenos es ser desnudada de existencia propia, que no se puede afirmar su existencia intrínseca y que, sin embargo, esta naturaleza no existente de los fenómenos tiene la capacidad de manifestarse de muchas maneras.

Esta certeza será sin fabricación, auténtica y no compuesta, aparecerá naturalmente en nuestra mente; será como si alguien señalase su propio dedo.

Con este método, se llega a un auténtico reconocimiento del rostro propio del Dharmakaya, y descubrimos que éste es innato en nuestra mente. Este reconocimiento se opera gracias a las instrucciones del lama al discípulo: es el lama quien muestra al discípulo que su mente es el Dharmakaya.

LA MENTE Y LOS PENSAMIENTOS

El canto explica a continuación cómo el movimiento de pensamientos con todas sus impurezas se para cuando se cumplen las instrucciones. Necesitamos reconocer que la fuente de todos los pensamientos e ideas que aparecen en nuestra mente, es nuestra propia mente. Si nosotros no nos aferrásemos los pensamientos cuando aparecen, desaparecerían por sí solos, de manera completamente natural; no hay que hacer ninguna distinción entre aparición y desaparición de los pensamientos: si no nos aferramos a ellos, los pensamientos surgen de la mente y se desvanecen en la mente; entonces, poco importa el número de pensamientos, nuestra meditación no será perturbada por ello, puesto que los pensamientos son el vaivén de la mente.

Es como la bruma de la mañana, prosigue el canto: desaparece en el cielo, pero no ha ido a ninguna parte, ni se ha instalado en otro sitio. De igual manera, si miramos directamente la esencia de nuestra mente, las olas de los pensamientos desaparecerán simplemente.

Así, se dice en el texto raíz que todos los fenómenos de los mundos del deseo, de la forma y de lo sin forma, de las tres esferas del universo, sea la mente en sí misma o los diferentes conceptos y pensamientos que en ella surgen, son de igual naturaleza que la mente, libres de proyecciones e inseparables de esta naturaleza. Por este hecho, en el momento en que se ve la naturaleza de la mente, todas las olas de pensamientos se paran: se apaciguan y desaparecen naturalmente. Puesto que éstos pensamientos son simples impurezas pasajeras, parecidas a las nubes que se desvanecen en el cielo, no hay nada deliberado que el pensador o la mente deba hacer para desembarazarse de ellos: se desvanecen naturalmente.

Cuando los pensamientos desaparecen así, esto no significa que han sido alejados de la mente o que se han ido a otra parte. Desaparecen porque no tienen ninguna realidad propia; no desaparecen en el sentido de “irse a otra parte”.

Esta parte del canto evidencia el hecho de que la manifestación innata no es otra cosa más que la luminosidad o la expresión del Dharmakaya. Aprendemos así que mente y manifestación tienen exactamente la misma naturaleza; esta naturaleza es no dual: no se establece distinción entre mente y manifestación.

El canto prosigue explicando que esta naturaleza última de la mente es sin realidad: no se puede decir que existe de manera tangible ni que es sin substancia. El canto da el ejemplo de la naturaleza del espacio: trasciende toda idea de color o forma, no puede ser obscurecida o recubierta por el negro y el blanco, y es inmutable. La esencia de nuestra mente es completamente similar: trasciende toda idea de color y de forma, y no puede ser recubierta o ensombrecida por los fenómenos de virtud y no-virtud ( que corresponden respectivamente al blanco y al negro)

La esencia de la mente de cada individuo es el Dharmakaya, esta realidad original última: el Dharmakaya es inseparable de nuestra propia mente y es inmutable. De ordinario, nosotros no podemos ver la esencia de nuestra mente como el Dharmakaya a causa de las impurezas pasajeras de nuestro proceso mental. Una vez purificado este aferramiento ejercido sobre los pensamientos y las ideas, ya no velan más la mente y no nos impiden ya ver su esencia; estamos entonces en disposición de reconocer nuestra mente y de ver la pureza original presente de todos los tiempos: el Dharmakaya en cada uno de nosotros.

LA MENTE DE LOS SERES ES BUDA

Por más que estén todos los seres vivientes oscurecidos por los velos de la ignorancia, tienen la naturaleza de Buda en sí. Y buscar la budeidad en el exterior no es más que una agotadora pérdida de tiempo.

Si la budeidad se encontrase en nuestro exterior, si nos resultara extraña e hiciera falta rebuscarla y alcanzarla, entonces sería algo compuesto y no podría ser el Dharmakaya. La naturaleza de Buda, porque es Dharmakaya, penetra todo objeto y dada esta omnipresencia, impregna no sólo a los Budas sino a todos los seres vivientes, de una manera totalmente ecuánime.

Los Budas y los seres ordinarios son de igual importancia. La única razón para establecer una diferencia entre un Buda y un ser ordinario impuro viene de que desde tiempos sin comienzo, hemos cultivado un estado mental que se apega a la idea de un ego, de un “yo”, por más que este ego no existe realmente. A causa de esta fijación en un “yo”, hemos creado un mundo dualista, un mundo dónde todas las apariencias son impuras puesto que están basadas en la dualidad; ignorantes de la verdadera realidad, volvemos entonces al ciclo de las existencias, creando así cantidad de acciones kármicas cuyo fruto debemos experimentar.

Este estado de ignorancia es semejante a un cielo cubierto; cuando el cielo está lleno de nubes, no podemos verlo detrás de las nubes; igualmente, cuando nuestra mente está velada por la ignorancia, a pesar de que seamos Buda no podemos reconocer nuestra verdadera esencia, nos hace falta disipar todas las impurezas creadas por nuestro apego a la dualidad para estar en disposición de realizar que nuestra mente es el Dharmakaya, de la misma manera que, cuando las nubes se disipan, percibimos que el cielo solamente escondido por las nubes, siempre ha estado ahí.

Nuestra naturaleza de Buda también ha estado presente desde siempre, simplemente velada por las impurezas de nuestra mente. Podemos así constatar que la budeidad está muy cerca nuestra; y puesto que está tan próxima, puesto que está en el corazón mismo de nuestra mente, no hay que temer que sea imposible de alcanzar. Las tendencias kármicas cultivadas en nuestro campo de experiencia dualista impuro nos mantienen en la fijación de un “yo” y, a partir de este hecho, el sufrimiento constituye el principal elemento de nuestra existencia: todas nuestras experiencias y nuestras sensaciones se transforman en sufrimiento.

En la meditación, hay que reinvertir el proceso y soltar según el propio interior de cada uno la fijación egocéntrica, de manera que la mente se abra al mundo exterior. Por el hecho de soltar, las impurezas desaparecen de la mente, liberándola de todas las tendencias al aferramiento y a la fijación y permitiéndole realizarse en su dimensión auténtica: su naturaleza de Buda. Cuando se medita, no hay que desarrollar una idea de meditación, ni decir, cuando se experimenta algo, “esto es la meditación”. El actuar así representa el extremo de la manifestación: desarrollar la idea de que la meditación es algo, es la manifestación de la meditación.

Podemos también caer en lo opuesto, rechazar todo lo que aparece, decir que la meditación no es nada e intentar alcanzar un estado de vacuidad. Meditar así nos hace caer en los dos extremos: el de la manifestación y el de la vacuidad, y es un error. En lugar de esto, hay que realizar en la meditación el estado de no dualidad, en el cual manifestación y vacuidad están ahí en su inseparabilidad y en toda su integridad.

En el estado de no dualidad, no hay aferramiento y no aparece pues ninguna de las tres emociones: no se está bajo la influencia del apego, de la aversión o de la ignorancia; se permanece en un estado mental no fabricado, no artificial, esencia espontánea de la mente que se llama Dharmakaya.

LA ESENCIA ESTÁ MÁS ALLÁ DEL INTELECTO

Habíamos llegado, en el texto raíz, al pasaje que indica que la naturaleza de la mente trasciende todo color o forma y que no puede ser recubierta o ensombrecida por el blanco y el negro de las acciones virtuosas y negativas, de la misma manera que el espacio trasciende color y forma y no puede ser oscurecido por el blanco o el negro.

El comentario explica que la naturaleza esencial de la mente no es del orden de la materia, y que no es tampoco una producción de la mente. Si ese fuese el caso, podría ser recubierta, oscurecida y contaminada por las tendencias kármicas creadas por los actos virtuosos, no virtuosos o neutros. Dado el hecho, precisamente, de que la mente no es una cosa definida, material, no puede ser recubierta. Si la naturaleza de la mente fuese sustancia material, podría ser oscurecida por los diferentes fenómenos del ciclo de existencias. Pero no es éste el caso: puesto que de hecho la mente es sin substancia (material), nada del samsara puede recubrirla.

El canto prosigue, diciendo que igual que el corazón radiante del sol no puede ser oscurecido por un millar de kalpas de oscuridad, de la misma manera la esencia de nuestra mente, que es la Clara Luz, no puede ser ensombrecida por un eón de existencia cíclica. La mente no es pues una substancia material; no es materia inanimada. Podríamos pensar entonces que es inmaterial. Este tampoco es el caso. Hemos dicho que la naturaleza de la mente no es de orden material, pero esto no significa que se pueda dar por sentado que es inmaterial.

Cuando se dice que una cosa es o que una cosa existe, se habla entonces de una cosa formada de materia y que puede ser definida, de un objeto concreto. No se pueden aplicar los mismos términos de “ser” y “existir” a una cosa inmaterial o que no tenga verdadera realidad. Cuando se habla del hijo de una mujer estéril, por ejemplo, no se puede en modo alguno decir que este hijo existe o no existe, simplemente porque es una imposibilidad. Es lo mismo para la naturaleza de la mente; no se puede decir que la mente existe, como no se pude decir que no existe; se trasciende completamente éstos dos extremos.

Cuando algo existe, se puede decir igualmente que eso no existe: los dos extremos de existencia y no-existencia se completan el uno al otro; pero éste no es el caso para la naturaleza de la mente, ésta trasciende completamente los conceptos de existencia o de no-existencia. El canto da un ejemplo; se habla de “espacio vacío”, pero no se puede describir el “espacio vacío”, no se puede calificarlo diciendo que tiene tal forma, tal tamaño, tal color, etc. De manera parecida, se puede decir de la naturaleza de la mente que es la Clara luz, pero esta palabra de Clara luz no puede ser el soporte de ninguna descripción; no sabríamos decir “es así”, como no sabríamos proporcionar ninguna definición.

La esencia de nuestra mente trasciende la esfera del intelecto, ésto se dice en las enseñanzas sobre la Perfección de Sabiduría: es imposible dar de ella ninguna definición o aplicarle ningún nombre. La esencia de nuestra mente es inconcebible e inexpresable. Esta realización es denominada: “Perfección de Sabiduría” o “Perfecta Sabiduría”. La sabiduría aquí en cuestión es la entera comprensión de la esencia de la propia mente; se le dice perfecta porque ha comprendido últimamente el hecho de que la esencia de la mente está más allá de toda forma, color o tamaño; es espontánea.

Este pasaje explica que la naturaleza de todos los fenómenos no es ni la vacuidad ni la no-vacuidad, puesto que los fenómenos no tienen verdadera existencia. Los conceptos de vacuidad y de no-vacuidad dependen uno del otro; la idea de vacuidad llama automáticamente a la de no-vacuidad y viceversa. La naturaleza de la mente no entra en la esfera de esta clasificación dualista, está totalmente vacía de todo extremo: no se puede decir pues, que la mente esté vacía o no vacía.

La naturaleza inherente de todos los fenómenos es estar libre de todo extremo. Cuando verdaderamente se comprende esta naturaleza última de los fenómenos, se comprende igualmente la variedad bajo la cual se manifiestan, es decir la realidad relativa. Se realiza entonces la naturaleza última de la realidad, tanto como su naturaleza relativa ligada a las apariencias: éstas son las dos verdades. La realización de esta doble verdad nos hace llamar a la naturaleza de la mente “Clara luz”: este calificativo se le aplica dado que la naturaleza última de la mente no conlleva la idea de sujeto y objeto, o de alguien que conoce y de un objeto de conocimiento. Trasciende toda idea dualista.

El canto continúa indicando que la naturaleza de la mente, desde el origen mismo de los tiempos, es como el espacio. En este espacio de la mente están contenidos todos los fenómenos sin excepción. Este pasaje del canto, explica el comentario, muestra que todos los fenómenos son mente, que la naturaleza de la mente es vacuidad y que esta vacuidad está completamente libre de todas las proyecciones. En este sentido, el canto pone claramente en evidencia la naturaleza de la mente.

PUESTA EN PRÁCTICA: MEDITACIÓN

El canto indica ahora cómo realizar la naturaleza de la mente, es decir como poner en práctica lo que ha sido anteriormente puesto en evidencia, utilizando el cuerpo, la palabra y la mente, cómo aplicar esta realidad a los propios actos.

Al nivel del cuerpo, tenemos que abandonar toda actividad y sentarnos, perfectamente relajados y distendidos; al nivel de la palabra hay que abandonar igualmente toda actividad y permanecer en silencio, reconociendo que todos los sonidos están vacíos como un eco; en fin , a nivel de la mente, conviene que abandonemos toda actividad mental y que no reflexionemos nada, al igual que se distiende la mente del que ha terminado bien un proyecto importante.

El cuerpo no contiene esencia; es como el tallo hueco de un bambú. La mente es como el espacio; trasciende la esfera del intelecto y es inconcebible, conviene permanecer en este estado, perfectamente relajado, sin aceptar ni rechazar lo que sea.

Tilopa incita así a Naropa a instalar su cuerpo en el relax, sin afección, ni contractura, a dejar su palabra libre de todo discurso y artificio, reconociendo que todos los sonidos están vacíos como un eco, y a dejar en reposo su proceso mental, a no pensar deliberadamente en nada, como el que ha llegado a una conclusión a propósito de un proyecto y ya no piensa en él puesto que está seguro de lo que va a hacer. En este estado, debe mirar directamente la realidad de todos los fenómenos.

Todos los ejercicios físicos que se podrían desarrollar con el fin de llegar a posturas particulares de meditación no tienen, desde el punto de vista último, ninguna esencia verdadera y están desprovistos de sentido; nuestro cuerpo es como el tallo de un bambú, hueco en el interior. Utilizar la palabra para recitar mantras es igualmente una acción vacía de sentido: nuestra palabra, desde el punto de vista último, es como un eco, esto es la unión del sonido y de la vacuidad. Incluso la esencia de la mente es sin significación, pues la mente es como el cielo o el espacio, por tanto libre de toda proyección. Dado este hecho, la actividad de nuestro cuerpo, palabra y mente bajo su aspecto último trasciende la esfera del intelecto.

De todas maneras, se debe reconocer que estas instrucciones de no hacer nada corresponden a dejar el cuerpo, la palabra y la mente permanecer en su estado último, pero no significan que estemos libres de todo esfuerzo ni que debamos hacernos perezosos o fácilmente contentadizos por todo lo que ocurre. No hay que caer en este extremo, ni en el extremo opuesto que consiste en emplear mucho esfuerzo y búsqueda en la meditación.

El estado último del Mahamudra trasciende éstos dos extremos de “demasiado esfuerzo” y “esfuerzo insuficiente”. No se debe abordar esta enseñanza de un modo simplista y pensar; “se ha dicho que no tenemos necesidad de buscar nada que hacer sea lo que sea, y que recitar mantras o sentarse en meditación no sirve para nada”; esto sería una interpretación superficial, y no es eso lo que enseña el texto. Para resumir esto, se dice en el canto que, si la mente no está orientada, hablamos de Mahamudra. Acostumbrarse a meditar así permite alcanzar el insuperable despertar.

Hablar de una mente orientada hace referencia a una mente que se apega a las nociones de sujeto y objeto.

La mente que se apega a un objeto, por ejemplo, no puede trascender los extremos de permanencia y nihilismo; éste no es pues el estado último de la mente. A fin de alcanzar la realidad última, la mente debe estar libre de todo aferramiento, permaneciendo en su propia realidad natural, y si llega a esto, se establece en el estado último del Mahamudra. Al principio, es necesario, simplemente, tener fe y confianza en esta realidad; se podrá así tener de ello una comprensión intelectual, para finalmente percibirla realmente. Si cada uno, a su nivel, medita sobre esta realidad hasta que le llegue a ser familiar, alcanzará el Despertar y realizará la perfecta budeidad, llegando a ser capaz de actualizar este estado en todos sus aspectos.

ABANDONAR EL APEGO A LOS CONCEPTOS

No podremos realizar esta realidad natural apegándonos a nuestras propias perspectivas, tampoco meditando o actuando desde una mente referencial. Si nos comportamos así, no veremos jamás el Mahamudra, y Tilopa se lo explica a Naropa en la continuación del canto. Dice que no alcanzará a ver la Clara luz (que es el Mahamudra ) por sus propias perspectivas y textos, ni por el recitado de mantras o la práctica de los Paramitas, ni por enseñanzas tales como las de las Tres Canastas (los Sutras, el Vinaya y el Abhidharma).

Es imposible realizar la naturaleza última a través de los métodos. Rimponché precisa que eso no significa que esas enseñanzas no sean válidas, sino que para que sean efectivas y conduzcan a la realidad última, no debemos apegarnos a la verdad de una escuela o de una enseñanza en particular y rechazar completamente otras; debemos reconocer que hay muchos métodos diferentes que conducen a la realización última y no quedarse fijado en determinados métodos, sino desapegarse de ellos en las últimas etapas de progresión.

El verso siguiente explica porque ello es así. Dice que cuando hay cólera o deseo, la Clara luz permanece oculta y se oscurece, y que guardar votos a un nivel conceptual estorba el samaya último, el lazo con la realidad última. Esto significa que todos los puntos de vista ligados a ciertas escuelas de pensamiento provienen de nuestra cólera o de nuestro deseo, lo que quiere decir que, si encontramos gratos puntos de vista particulares, los aceptamos y nos apegamos a ellos rechazando los puntos de vista de los otros. Esta cólera y este deseo no son mas que aferramiento mental, conceptual, que nos vuelve no sólo incapaces de ver la Clara luz, sino que además oscurece la realidad de la mente, nuestro reconocimiento de la verdadera naturaleza de la manifestación.

Guardar votos a nivel de cuerpo, palabra y mente, cuando la mente está llena de conceptos sobre lo que hay que hacer o no hacer, y guardar los samayas asociados a las meditaciones sobre las divinidades en sus etapas de desarrollo y de consumación son aspectos conceptuales de la práctica; es decir, son creados mentalmente y en este sentido, velan la dimensión verdadera del modo último. Si tenemos tales conceptos en el tema de la práctica, transgredimos la esfera de la realidad auténtica. Es la razón por la cual hay que permanecer en un estado libre de toda actividad conceptual y dejar simplemente aparecer y manifestarse libremente la realidad natural de todos los fenómenos. Se pueden trascender así los dos extremos de existencia y pacificación, o de samsara y nirvana.

El canto añade que, si no hay actividad en la esfera intelectual de la mente, estamos libres de todo deseo y de toda cólera. Cuando la mente está en este estado, los pensamientos aparecen naturalmente y se pacifican o desaparecen naturalmente, como dibujos en el agua. Si no se traiciona el significado de “sin permanencia” y “sin punto de referencia”, no se transgreden los samayas: es lo que se denomina “la antorcha en la oscuridad de la ignorancia”.

El universo es simplemente la manifestación de nuestra mente. Reconociendo así que mente y manifestación no son más que una sola y misma cosa, conviene no extraviarse en una aprehensión dualista de la mente y de los fenómenos. Es muy importante tener esto presente en la mente antes de comprometerse en la meditación. Aunque todos los fenómenos del universo estén desprovistos de existencia intrínseca, no obstante se manifiestan y son perceptibles. Esta manifestación no tiene una existencia verdadera; por eso se dice que manifestación y vacuidad son inseparables.

La no dualidad de la vacuidad y de la manifestación debe ser reconocida como el juego de la gran felicidad, no siendo éste otro que el Dharmakaya, espontáneamente presente. Este juego de la felicidad y de la vacuidad es otra manera de nombrar el Mahamudra, igual que podemos afirmar sobre el Mahamudra que es no-dualidad de la claridad (o lucidez) y de la vacuidad. En una palabra, en la meditación de Mahamudra no se debe establecer ninguna diferencia entre la persona que medita, la acción de meditar y el objeto de la meditación; estos tres aspectos son inseparables.

Acerca del camino de la meditación, reconocemos nuestra situación actual. Por el momento, aunque no se encuentre ahí un "yo" o un "ego" realmente existente, nos enganchamos a pesar de todo a su existencia, lo que entraña el aferramiento a la idea de que los otros estén separados de nosotros. Eso nos lleva a una situación de dualidad y, de esta manera, nos ponemos a imaginar un juicio sobre nosotros mismos y sobre el prójimo, considerando a ciertas personas como próximas a nosotros y a otras como lejanas. Las categorizamos como amigas y enemigas y en nuestra mente aparecen entonces diferentes emociones.

Bajo la influencia de estas emociones, realizamos actos que tendrán resultados impuros, que enturbian y recubren la mente, impidiéndonos el que podamos reconocer su verdadera naturaleza. En la meditación se debe de cultivar un estado de espíritu que no se aferre a nada y en el cual simplemente "nos dejemos ir". Así, cortamos este proceso de dualidad, de emociones, de karma, etc, y podemos observar que la esencia de la mente es Dharmakaya. Eso sobreviene en la meditación de manera natural, no es algo que podamos producir con grandes esfuerzos. Es importante comprenderlo, si no intentaremos conseguir en nuestra meditación un estado que esté libre de todo pensamiento, y los esfuerzos que haremos para alcanzarlo serán causa de un gran sufrimiento.

Decir que realizamos el estado último del Mahamudra y pensar que así conseguimos algo nuevo es un error, porque la realización del Mahamudra está presente en nosotros de manera permanente, después de tiempos sin principio. Simplemente, está temporalmente recubierta por los velos de nuestros actos kármicos. Cuando finalmente se realiza la esencia de su propia mente, se da uno cuenta de que ese estado último de Mahamudra ha estado siempre ahí presente en nosotros: reconocer la esencia de su propia mente es como reconocer a alguien que se le conocía desde siempre y al que se le había perdido de vista durante un tiempo. En el momento del reconocimiento la mente aparece en su estado naturalmente libre: sus limitaciones ordinarias desaparecen y puede liberarse de toda tensión.

Nuestra mente se encuentra ordinariamente en un estado de gran tensión; esto se debe a las emociones, al hecho de que nos apegamos a las cosas y a que las rechazamos: estamos constantemente bajo la influencia de las emociones de apego y de rechazo (o de cólera). Además, nuestra mente se encuentra en un estado de ignorancia.

Estos son los tres estados impuros (atracción, repulsión e ignorancia) que nos encarcelan en el círculo de las existencias. Abandonar esos límites nos permite reconocer que nuestra mente es Buda: no tenemos ninguna necesidad de buscar en el exterior el estado de Buda, él ya está en nosotros. No se encuentra aplazado en el futuro sino que está aquí y ahora presente instante a instante. Puesto que está constituído así, no es difícil llegar a alcanzar la budeidad.

En el canto de Tilopa, "El Mahamudra del Ganges", queda dicho: "si no transgredimos el sentido último de "sin permanencia" y "sin punto de referencia", el samaya del Mahamudra no se infringe: es el estado que denominamos "luz en la obscuridad de la ignorancia". Hay que abandonar toda tendencia a la argumentación intelectual en relación con la realidad última del estado natural. No debemos dejar a nuestra mente que se aferre al dualismo "bueno/malo" ni a las emociones que resultan de ello, como la cólera y el apego.

Cuando nos liberamos de todo eso, poco importa la cantidad de pensamientos que aparecen en la mente, pues éstos no violan este estado natural último y, bien al contrario, se liberan de sí mismos de manera automática, exactamente como los dibujos que podemos ver sobre el agua. En efecto, tal y como el movimiento del agua crea perfiles en la superficie, el movimiento de las ideas en el interior de nuestra mente origina toda clase de pensamientos; pero estos pensamientos surgen de la mente y vuelven a la mente sin enturbiar su estado natural.

En consecuencia, si no transgredimos la meditación última sin permanencia y sin punto de referencia para la mente, no infringimos el samaya (el compromiso secreto) del Mahamudra. Esto se vuelve pues como "una antorcha que tiene la capacidad de hacer desaparecer la obscuridad de la ignorancia". El canto prosigue, explicando que liberarse de los extremos de la cólera y del apego permite comprender las enseñanzas de los Sutras, sin excepción. Si nos absorbemos en la realidad de este estado, nos evadimos de la prisión del ciclo de las existencias. Si alcanzamos una estabilidad en esta realidad última, todas nuestras negatividades y todos nuestros velos se consumen. Es lo que se llama "la antorcha de la enseñanza".

Permanecer fuera de todo extremo representa la omnisciencia de la sabiduría primordial, pudiendo ésta ver y comprender con exactitud cada cosa tal y como es en realidad. Esta sabiduría primordial incluye igualmente la comprehensión de la diversidad de todos los fenómenos: de la realidad última aparece una manifestación múltiple y el conocimiento del estado último es igualmente conocimiento de la infinita diversidad del modo de manifestación, conocimiento de la verdad relativa.

Este segundo conocimiento aparece automáticamente después del primero; cuando esto se produce, podemos comprender todas las enseñanzas, ya sean budistas o no budistas. Abstenerse del extremo de la existencia tanto como del extremo de la pacificación de la existencia -los dos extremos del samsara y del nirvana- permite alcanzar la realidad última de los fenómenos.

El canto da a continuación instrucciones sobre la manera de desarrollar la compasión para todos los seres que no han alcanzado esta realidad última a causa de su inteligencia limitada. Los seres que no tienen ninguna fe ni confianza en la realidad últma, aquellos que no tienen la capacidad de comprenderla y de reconocerla, son arrastrados sin fin por el mar de la existencia cíclica, y se agotan. Los sufrimientos de los tres reinos inferiores no finalizan nunca para los que se han sumergido allí y es necesario entonces desarrollar una gran compasión hacia estos seres inconscientes.

Los que desean poner fin a estos sufrimientos insoportables deben dirigirse a un lama cualificado; la acogida de su bendición en sus corazones permite a sus mentes liberarse completamente de la ignorancia. Realizar el Mahamudra es por lo tanto esencial. Todos los fenómenos del ciclo de las existencias son causa de sufrimiento y están desprovistos de sentido y no tienen ninguna importancia. Todos los fenómenos compuestos, todas nuestras acciones manifiestas no tienen igualmente ni esencia ni significado verdaderos.

En consecuencia, deberíamos abandonar estas acciones desprovistas de sentido y, más bien, aprehender directamente el significado esencial de la realidad última. Los diferentes aspectos del ciclo de las existencias -las emociones perturbadoras, el karma, es decir las acciones realizadas bajo la influencia de estas emociones; y los skandas o los diversos constituyentes de nuestro ser- son causa los unos de los otros, según un proceso sin fin, un círculo vicioso; es la razón por la que experimentamos el sufrimiento en este ciclo de existencias que semeja a una gran rueda que hacemos girar sin parar.

Nuestro habitual aferramiento a un sujeto y a un objeto constituye la raíz de este proceso cíclico: conceptualizamos los objetos, nombrándolos constantemente, definiéndolos y dándoles atributos y nosotros nos apegamos a la idea de un sujeto, que se encuentra bajo el control de los objetos que percibe. Los diferentes fenómenos del ciclo de las existencias, ya sean la causa o el resultado de ello, no tienen valor y están desprovistos de sentido. El samsara no es más que un ciclo de acumulación, después de decadencia de todo lo que se ha acumulado. De esta manera debemos reconocer que por naturaleza la existencia cíclica es absurda e inútil.

EL CANTO PROSIGUE: La vía suprema es aquella que trasciende todo asimiento a un sujeto y a un objeto. La meditación suprema es aquella que está libre de toda distracción. La actividad o conducta suprema es aquella que es libre de todo esfuerzo o intención. Y cuando permanecemos libres de cualquier esperanza y de cualquier miedo el fruto se vuelve manifiesto.

Seguidamente se explica que, si permanecemos en un estado que trasciende todo objeto pudiendo servir de punto de referencia a la consciencia, la naturaleza de la mente se vuelve evidente y clara. Se está en el camino de la budeidad cuando no se sigue ningún camino. Meditar sin un objeto de meditación es el signo que alcanzará el insuperable Despertar. No debemos buscar un tipo particular de vía, de meditación ni de acción; hay que estar igualmente libre de buscar un objeto de meditación susceptible de constituir un punto de referencia relativo a ese estado natural último; y hay que estar libre de toda idea de progresión en un largo camino.

Ciertas enseñanzas sobre la obtención de la realización hablan de diferentes niveles y caminos, pero en la enseñanza del Mahamudra, la base, el camino y el resultado son inseparables. Por esta razón, puesto que no se trata de pasar de un estado a otro, la enseñanza del Mahamudra es una enseñanza completa y un camino muy corto hasta la iluminación.

La siguiente parte del canto da instrucciones acerca de la manera de poner en práctica esta realidad última. El texto explica que no debemos considerar como dignos de interés los fenómenos mundanos, los fenómenos de la existencia cíclica: debemos reconocer su impermanencia y no prestarles atención. Son como una ilusión mágica o como un sueño desprovisto de realidad propia. Ya que ello es así, debemos desarrollar la renuncia, reconocer que toda actividad mundana es completamente inútil e insensata y abandonar entonces completamente esta actividad desprovista de sentido.

Debemos cortar todos los lazos entre uno mismo y los objetos del ciclo de las existencias, estén esos lazos constituídos por el aferramiento o la cólera, y meditar en un lugar aislado (en medio de un bosque o sobre la vertiente de una montaña) permaneciendo en un estado de no-meditación, aún cuando meditemos.

La siguiente parte del canto habla de los beneficios que provienen de la práctica del Mahamudra: si alcanzamos lo que está fuera de alcance, eso es el Mahamudra. Por ejemplo, si cortamos simplemente las raíces de un árbol inmenso provisto de múltiples ramas y hojas, todas estas ramas se secarán, ya tenga diez mil o cien mil. De la misma manera, si cortamos las raíces de la mente, todas las hojas del ciclo de las existencias que provengan de la mente se secarán. Y, además, como una simple antorcha tiene el poder de disipar la obscuridad acumulada durante un millar de eras cósmicas, lo mismo (ocurre con) un instante de Clara-luz, con el reconocimiento de la naturaleza de la mente, tiene el poder de disipar cualquier ignorancia, las negatividades y los velos que hemos acumulado durante tiempos infinitos.

Rimpoché precisa que cuando hablamos de la Clara-luz de la mente debemos estar atentos a no tomarnos esto en un sentido demasiado literal ni pensar que cuando alcancemos la realización veremos chorros de luz, arcos iris o rayos de diferentes colores. Igualmente si tales experiencias pueden producirse, éstas no serán lo que llamamos la Clara-luz, sino las manifestaciones que aparecen en aquel que desea fuertemente tener experiencias.

La verdadera Clara-luz se refiere a lo que es la mente cuando está libre de toda impureza y de todo velo, es decir, (cuando hace referencia) a su claridad natural. Podemos entonces preguntarnos cómo es posible, cuando hemos realizado la naturaleza de la mente, alcanzar el beneficio de todos los seres vivos si ella es vacío. En efecto, aunque la naturaleza de la mente es vacío, el beneficio de todos los seres está contenido en esta naturaleza vacía: aquel que realiza su mente es capaz de alcanzar el beneficio del prójimo sin ningún esfuerzo; es algo espontáneo y natural.

Tomemos (algunos) ejemplos: sabemos que el fuego incluye la cualidad del calor, que el agua contiene la cualidad de ser húmeda y que la miel tiene la cualidad de ser azucarada. Todas estas características -calor, humedad, dulzor- no son cualidades que se añaden a la sustancia, ellas son parte de la misma. De igual manera, la capacidad de actuar espontáneamente para el beneficio de todos los seres vivientes forma parte de la naturaleza de la mente. No es algo exterior que le deba ser añadido.

Abordamos ahora la tercera sección de la parte principal del comentario, la cual explica que a través de las ideas creadas intelectualmente no podemos ver la realidad del estado último porque este estado de Mahamudra trasciende el intelecto. No es tampoco a través de acciones como podemos alcanzar esta realidad que está liberada de actuar y de hacer.

Para llegar a la realidad última, hay que arrancar de raíz la propia mente, cortar el aferramiento al ego, y dejar a la consciencia establecerse en su estado de desnudez. Así, los pensamientos decantan el lodo de sus impurezas y el agua de la mente se vuelve perfectamente clara y pura. No hay que tratar de bloquear la manifestación ni de producirla, sino dejar simplemente a la mente permanecer naturalmente y sin fabricación, sin trabarla de ninguna manera. Si no se rechazan ni se aceptan las cosas, el universo entero se libera en el estado de Mahamudra.

Cada vez que nos topamos con seres que sufren, incluyéndonos ahí a nosotros mismos, o que tratan de perjudicarnos, no hay que desarrollar cólera al respecto sino una gran compasión. Debemos reconocer que todos los seres vivos, en todos los estados de existencia, experimentan sufrimientos muy variados que se parecen en que están causados por las acciones anteriores perjudiciales o negativas de aquellos que sufren.

Porque los seres no reconocen la diferencia entre el bien y el mal, ya que son completamente ignorantes de la causa y del efecto relativos a sus acciones, estos seres, aún cuando están en pos de la felicidad, realizan acciones negativas, no encontrando después más que sufrimiento: de acuerdo con la importancia de sus acciones nocivas, un sufrimiento inmenso les espera en el futuro. Cuando reconocemos que tal es el estado de todos los seres vivos, debemos desarrollar una compasión sin límite hacia ellos y plantearse la cuestión de saber lo que se puede hacer para ayudarles a salir de esta experiencia de sufrimiento.

Todos los seres sin excepción -que han sido nuestros padres en el pasado- experimentan el sufrimiento, pero nosotros mismos estamos en una posición particularmente favorable porque hemos encontrado las enseñanzas de Buda y podemos recibirlas, reflexionar sobre su sentido y ponerlas en práctica; estamos en una posición que nos vuelve capaces en última instancia de ayudar a todos los seres vivos. Debemos estar muy contentos de sacar provecho de tal condición; no debemos dar pruebas de orgullo, al contrario, tener fe y confianza en las Tres Joyas, y utilizar nuestro cuerpo, palabra, mente para realizar acciones virtuosas que van oportunamente a madurar en (una) capacidad de establecer a todos los seres vivos en el estado de felicidad última, el estado de budeidad. Hay que llevar a cabo esta intención con mucho coraje, y hacer todo lo que puedas para liberar a todos los seres.

Anteriormente, hemos recibido las instrucciones que permiten deshacerse de toda actividad vana o absurda, para realizar lo que es útil y constructivo. Estas actividades sin sentido, son nuestras acciones mundanas y, para abandonarlas, hay que reconocer simplemente que todas las realizaciones mundanas son vanas y privadas de sentido : no tienen ningún valor último; en efecto, no hacemos otra cosa que acumular acciones que más tarde nos traerán el sufrimiento. Hay que renunciar pues a esta actividad y realizar acciones que tienen un sentido, acciones virtuosas que nos proporcionarán la felicidad en el futuro. Y debido a esta fortuna, podremos entonces establecer a todos los seres vivos sin excepción en el estado de budeidad. Hay que prometer alejarse de toda acción negativa y cumplir toda acción positiva con el fin de ser capaz de realizar el estado de budeidad para el beneficio de todos los seres.

Volvemos al canto de Tilopa. Se dice en el verso siguiente que, puesto que el alaya o conciencia de base es innata, todas las tendencias habituales que la recubren están purificadas. Rinpoché explica que cuando hablamos del alaya o de la conciencia de base hablamos de lo que es el fundamento de todas las acciones, ya sean positivas o negativas : es la conciencia en el interior de ese estado de base (la) que percibe si una acción es positiva o negativa. Este estado de base no ha nacido o no ha sido creado en un momento particular y, en consecuencia, es eterno y no puede morir.

Hay que comprender que el bien y el mal provienen ambos de esta conciencia de base; todo depende del mismo estado de conciencia. Por ejemplo, cuendo la conciencia está bajo la influencia de la ignorancia, capta la idea de un yo, de un ego, aunque este mismo ego no exista, y a causa de esta idea realizamos acciones que son negativas, es decir, basadas en la ignorancia. Por el contrario, si esta conciencia de base no ignora su verdadera naturaleza, si está en un estado de sabiduría y no de ignorancia, el individuo es entonces capaz de reconocer la esencia de su propia mente, la esencia de esta conciencia de base, y la reconoce como siendo buda.

El estado de la conciencia de base -estado de ignorancia o estado de conocimiento- es lo que distingue a un ser ordinario de un buda. Reconociendo que el alaya es no-nata, nos liberamos de todas las especulaciones sobre el estado de realidad y de todas las dudas que provienen del aferramiento a un punto de vista en el cual creemos pero del cual no estamos seguros. A partir de este momento, nos establecemos en la verdadera esencia de lo no-nacido : reconocemos que toda manifestación es simplemente la manifestación de nuestra propia mente, y toda idea intelectual desaparece.

Cuando se ha cortado la raíz de la mente, se ha zanjado así todo aferramiento al ego, no se siguen más los pensamientos y las ideas asociadas al pasado; la mente permanece en un estado de claridad y de nitidez que no es turbado por ningún pensamiento. No se busca tampoco rechazar los pensamientos que conciernen al presente o al futuro ni incitarlos. Se permanece en la esencia de la propia mente, completamente sosegada y sin tensión. Se puede entonces reconocer la conciencia cognoscente, la conciencia que se observa a sí misma, aquella que aplica su sello a toda manifestación, que se vuelve Mahamudra o Gran Sello.

Cuando se es capaz de permanecer en el estado natural del alaya y cuando se ha reconocido que esta conciencia de base es innata y no existe entonces verdaderamente, todos los velos que obscurecieran este estado natural (todas las tendencias habituales, etc., que pudieron anteriormente recubrir la conciencia de base porque ésta era una idea en la mente : no se la reconocía como no-nacida, se pensaba que existía realmente y que podía así estar recubierta por estas tendencias habituales) desaparecerían natural y espontáneamente; se purifican de sí mismos. Y el alaya, esta conciencia-almacén, tampoco será, puesto que es innata, ni siquiera una base para pensamientos positivos : cualesquiera que sean las buenas cualidades que pueden aparecer en la mente después de nuestra realización de la naturaleza innata del alaya, no sacaremos orgullo alguno de estas cualidades porque reconoceremos que ellas son igualmente no-natas.

Permanecemos cómodos en este estado, y toda manifestación que aparece es reconocida como nuestra propia manifestación, como la manifestación de nuestra propia mente. No ejercemos apego alguno para con las ideas que surgieran en la mente. Tales son las instrucciones que es necesario guardar cuando practicamos la meditación.

El canto trata a continuación de la naturaleza de la perspectiva, de la meditación, de la acción y del resultado. Estar completamente libre de la idea de circunferencia y de centro es lo que se llama la visión suprema. El comentario explica que se habla de una visión última y perfecta : esta visión no implica ninguna idea de un objeto (que es visto) ni de un sujeto (que mira). Al contrario, si consideramos la existencia como alguna cosa que existe verdaderamente y la no-existencia como alguna cosa que es realmente no existente, experimentamos la aceptación y el rechazo en nuestra meditación. Hay que vigilar eso.

Hay que permanecer en el estado de Mahamudra, completamente libre de todo extremo o de toda calificación de la realidad en términos de "existe" y de "no existe", y dejar a la mente descansar en su propio estado natural; tal es la visión suprema. Pero sea lo que sea no se trata de mirar con la mente intelectual, esta mirada está más allá del intelecto. La meditación regia es un estado de meditación desprovisto de centro, muy profundo y muy abierto.

La acción suprema está privada de toda parcialidad o toda limitación. Nuestras acciones deben estar libres de las ideas de bien y de mal, libres de todo extremo. Eso se aplica igualmente al resultado del Mahamudra, que no es alguna cosa nueva producida por causas y condiciones, más bien es algo espontáneamente presente; y, de hecho, no debemos mantener ninguna esperanza de obtenerlo ni ningún miedo de no obtenerlo.

El texto raíz dice : "Estar sin esperanza y permanecer naturalmente es el fruto o resultado supremo". Llegamos (ahora) a la cuarta parte de este texto sobre el Mahamudra, y el canto explica las diferentes etapas que se encuentran en la meditación cuando practicamos el Mahamudra. La meditación del principiante se compara a una cascada o a un torrente; la del practicante medio se parece más al río Ganges : se despliega mucho más lenta y suavemente; finalmente, la meditación se convierte en el punto de encuentro entre el río y el océano, semejante a una madre que encuentra a su hijo. El comentario explica estas comparaciones.

Cualquiera que empieza a meditar tiene la experiencia de una mente agitada por múltiples pensamientos, y su meditación se parece a un torrente de montaña donde el agua se desliza muy rápidamente. El principiante permanece sólo un corto momento en meditación, después un pensamiento muy poderoso viene a interrumpir este estado; trata entonces de aplicar un remedio para liberarse de los pensamientos y restablecer en la mente ese estado de calma que piensa que es muy importante. Cuando lo consigue, el principiante está muy satisfecho; pero cuando no llega a permanecer en una meditación estable, trata enseguida de reproducir un estado de calma y de estabilidad en su mente. Por esta razón, la mente está muy agitada, yendo de un extremo al otro, tan pronto perfectamente en calma como llena de pensamientos. Es por esto por lo que la mente de un principiante en meditación se compara a un torrente de montaña o a una cascada.

Cuando el texto habla de un principiante, precisa Rimpoché, no se trata estrictamente de un principiante, sino de aquel que ya experimenta una cierta estabilidad de mente. Es cierto que esta estabilidad es alterada o interrumpida por toda clase de pensamientos, pero no es completamente destruída : simplemente, desde el interior de esta estabilidad, el principiante tiene todavía la experiencia del movimiento de los pensamientos. Eso significa que el principiante permanece en un estado de meditación en calma y estable, perfectamente consciente de los pensamientos que aparecen en su mente, y que esta estabilidad se busca. No hablamos pues estrictamente de un principiante en meditación, quien será arrastrado completamente por los pensamientos que aparecen en su mente.

Aquel que ha progresado en su práctica de la meditación y que ha alcanzado una estabilidad mayor ve su meditación comparable a la lenta corriente del Ganges. Aún cuando los pensamientos aparecen en su mente, este practicante reconoce la verdadera esencia desde el momento en que se presentan; por esta razón, no se manifiesta en su mente ningún movimiento fuerte de pensamientos.

El practicante medio no sigue los pensamientos que aparecen ni se deja llevar por su sucesión, y evita igualmente las búsquedas y los esfuerzos desmesurados en sus acciones del cuerpo y de la palabra. Cualquier pensamiento que aparezca, el movimiento de la mente es muy suave. Y cuando se ha alcanzado este nivel de meditación, no es necesario esforzarse en aplicar diferentes remedios a los pensamientos; es suficiente con establecerse en el estado natural de la mente y los pensamientos desaparecen automáticamente.

En fin, para el meditador que ha hecho todavía más progresos, no hay por qué abandonar nada por más que eso ocurra en la meditación, como tampoco hay ya necesidad de crear los remedios. Este practicante no piensa en crear ninguna cosa nueva, que llamaría la sabiduría primordial y que actuaría como un remedio sobre los pensamientos de los cuales quisiera deshacerse : está liberado de toda idea sobre alguna negatividad que abandonar o de crear un remedio para tratar de liberarse de lo que es negativo.

Para un meditador semejante, los conceptos de existencia y de pacificación, de samsara y de nirvana, tienen el mismo sabor; no hay necesidad de hacer distinción entre los dos. Es la razón de que la esfera de la realidad y de la sabiduría primordial sean inseparables e indiferenciadas, es lo mismo una madre que se confunde con su hijo; este estado de encuentro y fusión es el de la Clara-luz madre con la Clara-luz hijo. Se dice que este proceso se parece a un río que se mezcla con el océano hasta el punto de que se convierten en el mismo sabor y que no se les vuelve a distinguir.

Con esta idea de que hay que abandonar algo y así crear un remedio para eliminar lo que hay que abandonar caemos en un sistema dualista y esto se compara a un barranco. Hay que conseguir allanar los dos extremos. La persona ordinaria lo hará bajo la forma de un pensamiento posterior en su meditación : recordará que ella desarrolla estos dos extremos y deliberadamente tratará de desembarazarse de ellos. El practicante medio allana los dos extremos y ve la similitud entre lo que se debe de abandonar y lo que hay que crear para actuar como un antídoto. El practicante superior es capaz de liberar todo lo que aparece en su mente de manera natural y sin esfuerzo. Estas diferentes etapas de la meditación son muy conocidas en la tradición kagyu y todas tienen el mismo sentido.

La siguiente parte habla de nuevo de las diferentes experiencias de Mahamudra y explica cómo disipar los obstáculos con el fin de conocer estas experiencias. El canto explica que si la persona ordinaria no puede permanecer naturalmente en este estado, debe dirigirse a los loungs, a los vientos sutiles del cuerpo, y disciplinar su conciencia deliberadamente. Debe también ayudarse de diferentes métodos que permiten mantener la mente sobre un objeto, usando las particulares maneras de mirar los objetos de meditación, y hacer esto hasta que la conciencia se estabilice naturalmente.

El comentario explica que una persona que, en el pasado, no ha acumulado muchos méritos y que por eso tiene mucha dificultad para mantenerse estable en su meditación necesita utilizar las instrucciones orales como una ayuda en su meditación; la utilidad de esas instrucciones dependerá de su propia capacidad.

Existen métodos en los que retenemos los loungs y, cualquier cosa que aparezca en la mente durante la meditación, no la seguimos, mantenemos la consciencia muy disciplinada, muy penetrante, y dejamos nuestra mente reposada sobre sí misma. La clave de la mente está en los loungs; la clave de los loungs se encuentra en los canales de la energía sutil en el interior del cuerpo; la clave de estos canales se sitúa en los ojos, de ahí la importancia de la mirada que adoptamos en la meditación. Existe un método que consiste en utilizar la mirada para fijar un objeto particular o un punto de referencia en la meditación, de manera que ayude a la mente y a mantenerla clavada sobre este objeto.

Hay, por tanto, varios métodos y todos tienen por objeto estabilizar la mente; existen numerosas enseñanzas en este sentido. Por ejemplo, se puede utilizar un objeto puro de meditación, tal como una estatua de Buda Sakyamuni o de una divinidad de meditación : desarrollamos una visualización muy clara y meditamos sobre ella. Podemos igualmente utilizar un objeto impuro -no importa lo pequeño que sea tal objeto como una piedra o un trozo de madera- como punto focal de meditación. Podemos igualmente estabilizar la mente utilizando los loungs, la respiración en el cuerpo. Podemos también hacerlo sin utilizar ningún punto de referencia. Todos estos métodos existen como forma de ayudar a aquellos que no pueden estabilizar su mente naturalmente y sin esfuerzo.

El mejor método consiste en utilizar un objeto puro de meditación : Hay que aprender a estabilizar la mente sobre un aspecto de sabiduría primordial y es eso lo que es una divinidad. Los diferentes yidams, las diferentes formas de divinidades de meditación representan una manifestación totalmente pura basada en la sabiduría primordial.

Meditar sobre esas divinidades tiene por efecto disipar los pensamientos impuros y engendrar en la mente pensamientos basados en la sabiduría primordial. No hay una divinidad determinada que utilizar como objeto de meditación, podemos elegir cualquier divinidad hacia la que nos sentimos atraídos o sobre la cual la mente prefiere meditar. Meditamos sobre los diferentes aspectos de la divinidad : su forma, el color de su cuerpo, sus adornos, etc. De esta manera, la mente queda fijada sobre ese objeto de meditación y desde ahí llega a apaciguarse del todo naturalmente.

Esta meditación sobre una divinidad disipa todas nuestras manifestaciones impuras y nos unimos de manera inseparable a la sabiduría primordial última. Que utilicemos la estatua de una divinidad o un objeto ordinario impuro tal como una piedra o un trozo de madera, hay que colocar el objeto de meditación enfrente de sí un poco por debajo de los ojos, de manera que la mirada baje sobre ese objeto, y debemos simplemente dejar nuestra mente posarse encima sin distracción, sin pensar en nada diferente, incluso sin meditar en las cualidades del objeto, es decir, dejando simplemente nuestra conciencia unida al objeto. Calmamos así la mente.

Acerca de lo que viene a continuación del texto, Rimpoché nos lee exactamente las palabras de manera que recibamos la transmisión de la bendición, pero no quiere que se traduzca porque encierra enseñanzas muy secretas e inaccesibles para los principiantes. Rimpoché explica el sentido general de ello.

Para los principiantes, la primera cosa que se debe hacer es tener la mente estable e inmutable, y para ello utilizar los métodos descritos más arriba. La fase siguiente de nuestra práctica consiste en transformar todas las experiencias, ya sean negativas o positivas, en el camino hacia la iluminación. Así, nos hace falta aprender a transformar los cinco o los tres venenos -las diferentes emociones que aparecen en nosostros- en el camino hacia la iluminación; necesitamos métodos muy poderosos para transformar nuestras emociones tan fuertes, y algunos de esos métodos utilizan los canales del cuerpo y la energía sutil que circula en el interior, los loungs.

Estos métodos pueden ser brevemente resumidos bajo el nombre de los Seis Yogas de Naropa; son secretos y requieren de una esmerada preparación antes de dedicarse a ello. Una persona ordinaria no puede emprender estas prácticas en la vida cotidiana ordinaria, es necesario estar en retiro riguroso y esta es la razón por la que no se enseñan más que en el contexto del retiro de tres años.

Con el fin de dar algunas indicaciones sobre el sentido de los Seis Yogas de Naropa, Rimpoché explica que al principio de nuestro camino hacia la iluminación necesitamos purificar las tres emociones de base, que son la ignorancia, la cólera y el deseo.

El estado de ignorancia es purificado por la Clara-luz. La cólera se puede manifestar bajo dos aspectos : en la vida ordinaria en primer lugar, y para remediar eso practicamos entonces el yoga del cuerpo ilusorio; a continuación en el sueño, y disipamos esta emoción por el yoga del sueño en el que reconocemos la relación que existe entre la confusión en el estado de sueño y en el estado ordinario. Por lo que se refiere al deseo, efectuamos la práctica de Tumo, donde todos los deseos los quema el fuego de la sabiduría.

En el transcurso de estas prácticas, todos los pensamientos y las ideas impuras las consume el fuego de la sabiduría primordial, y sólo la pureza de la mente permanece. Tilopa termina el canto con la dedicación total de mérito acumulado y expresa este voto : "puedan todos les seres vivos afortunados alcanzar el corazón de estas instrucciones claves del Mahamudra". El texto raíz describe finalmente las circunstancias de composición. El gran practicante de Mahamudra, el Glorioso Tilopa, dió estas instrucciones al Pandita de Cashmira, Naropa, después de que éste hubo superado doce pruebas; le transmitió en las orillas del Ganges. Este canto lleva también el nombre de "Mahamudra en veintiocho versos".

Sobre la traducción del canto, Naropa recibió estas instrucciones en persona las transmitió a Marpa, Gran Traductor Tibetano, y éste las tradujo para el centro de retiro del Norte de la India llamado Poula Ari. Tilopa revisó la traducción después de haberle pedido a Naropa explicaciones sobre algunos puntos no comprendidos en la primera escucha.

El comentario señala que la explicación de estas profundas instrucciones llamadas "las palabras del Vajra" o "el discurso indestructible" fue escrito a petición de Kunga Dordjé, maestro que tenía una gran fe en el camino rápido del Vajrayana. Este comentario fue escrito por uno de los detentores de la cofia roja, el Shamarpa Kuncho Yenlak (el servidor de las Tres Joyas). La redacción se hizo en el monasterio de Gaden Mai y el mismo redactor dice que si se ha deslizado algún error en el texto lo confiesa delante de las Dakinis detentoras de enseñanzas.

El comentario se termina con estas palabras : "puedan todos los seres vivos probar la felicidad, gozar de la constante marea de exquisita miel que es esta enseñanza". Enumera finalmente a los detentores del linaje que comienza por la Dakini de Sabiduría Primordial la cual transmitió sus enseñanzas a Tilopa, y prosiguió con Naropa, Marpa, Milarepa, Gampopa, y el Primer Karmapa Dusoum Khyenpa. Hemos recibido pues las instrucciones describiendo el Mahamudra y a través de ellas hemos alcanzado una comprehensión intelectual del Mahamudra. Esta comprehensión no es suficiente, nos falta practicar la meditación y poner en práctica las enseñanzas recibidas.

Es importante recibir estas enseñanzas porque sin ellas pensaríamos que la meditación es un estado de no-pensamientos; las personas que piensan así intentan meditar el cuerpo, la palabra y la mente completamente tensos. El cuerpo se vuelve entonces como un trozo de madera. Este tipo de meditación no tiene ninguna utilidad porque hay tanta tensión en el cuerpo, la palabra y la mente que no es posible ninguna realización. El único resultado de una meditación así es ¡el dolor de cabeza! .

Meditar verdaderamente consiste simplemente en dejar ir todo aferramiento de la manifestación y en reconocer que por más que se manifieste, eso no tiene ninguna importancia : es no-real, no es pues necesario apegarse a ello. Se debilitan así todos los apegos interiores habituales acerca de la importancia de las actividades mundanas; y cuando la mente está liberada desde el interior la conciencia ordinaria puede permanecer en su estado natural sin ninguna artificialidad en la mente.

Cuando podemos permanecer en este estado nuestra meditación progresa, ya sea la de Shiné (la calma mental), de Laktong (visión penetrante) o Mahamudra. Debemos meditar en un estado que es un estado de no meditación, donde no nos apegamos a nada, o no nos distraemos por nada, donde no tratamos de bloquear lo que aparece en la mente. De esta manera todas nuestras impurezas se desvanecen como los vestidos que caen del cuerpo.


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