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Traducción: Sutra de Bahiya

Bahiya Sutta

(Udana 1.10, Khuddaka Nikaya, Sutta Pitaka)

Entre las numerosas joyas del budismo se encuentra esta bella enseñanza. Es muy especial porque la persona que la recibe, con sólo escuchar a Buda, en ese mismo instante alcanza el Despertar espiritual. No tuvo que hacer años de meditación ni someterse a numerosas etapas de disciplina y control. Sólo al abrirse las palabras del Maestro, las entendió inmediatamente. La enseñanza se llama el Sutra de Bahiya.

Esto he oído:

En cierta ocasión el Bendecido moraba en el monasterio de Anathapindika, en la arboleda de Jeta, cerca de Sāvatthī. En aquel tiempo Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, moraba en Supparaka en la costa. Era apreciado, reverenciado, honrado, venerado, y objeto de deferencia. Tenía hábitos y donativos de comida, vivienda, y los requisitos medicinales para el enfermo.

Ahora, cuando estaba recluido, surgió en Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, la siguiente consideración: “Me pregunto si seré yo uno de esos en el mundo que son Arhats o han llegado el sendero del Arhat.”

Entonces, un devatta, que había sido anteriormente un pariente de Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, captó esta reflexión. Siendo compasivo y deseando beneficiarle, fue a donde se encontraba Bahiya y le dijo:

“Bahiya, no eres un Arhat ni has alcanzado el sendero de Arhat. Tú no sigues la práctica por la cual podrías ser Arhat o alcanzar el sendero de Arhat”.

“Entonces, ¿Quiénes en el mundo incluidos los dioses son Arhats o han alcanzado el sendero de Arhat?”

“Bahiya, hay una ciudad llamada Sāvatthī, en un país lejano. Allí mora ahora el Bendecido, quien es Arhat, el Plenamente Despierto. Él es en verdad un Arhat y enseña el Dharma por el que se alcanza el estado de Arhat”.

Entonces, Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, profundamente conmovido por las palabras de ese devatta, en ese momento dejó Supparaka. Descansando sólo una noche durante el viaje, fue a Sāvatthī donde moraba el Bendecido, al monasterio de Anathapindika, en la arboleda de Jeta.

En ese momento unos monjes paseaban al aire libre. Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, se acercó a esos monjes y les dijo:

“Reverendos señores, ¿dónde vive ahora el Bendecido, el Arhat, el Plenamente Despierto? Deseo ver a ese Bendecido, el Arhat, el Plenamente Despierto”.

“Bahiya, el Bendecido se ha ido a la aldea a pedir comida”.

Entonces Bahiya, a toda prisa, dejó la arboleda de Jeta. Al entrar a Sāvatthī, vio al Bendecido caminar pidiendo comida en Sāvatthī, con bella apariencia, un placer era contemplarlo, los sentidos calmados, la mente tranquila, en perfecto logro de compostura y calma, controlado, vigilante con los sentidos dominados, un Grande.

Al ver al Bendecido, se acercó, se tendió con su cabeza a los pies del Bendecido y le dijo: “Bendecido, enséñame el Dharma. Sugata, enséñame el Dharma para que sea en mi provecho y felicidad por mucho tiempo”.

A estas palabras el Bendecido le dijo a Bahiya, el del tejido de corteza vegetal: “No es el momento oportuno, Bahiya, hemos entrado en la aldea a pedir comida”.

Entonces, por segunda vez, Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, dijo al Bendecido: “Es difícil saber con certeza los peligros que puedan acaecer en la vida del Bendecido o en la mía. Bendecido, enséñame el Dharma. Sugata, enséñame el Dharma para que sea en mi provecho y felicidad por mucho tiempo”.

Por segunda vez el Bendecido le dijo a Bahiya: “No es el momento oportuno, Bahiya, hemos entrado en la aldea a pedir comida”.

Aun por tercera vez, Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, dijo al Bendecido: “Es difícil saber con certeza los peligros que puedan acaecer en la vida del Bendecido o en la mía. Bendecido, enséñame el Dharma. Sugata, enséñame el Dharma para que sea en mi provecho y felicidad por mucho tiempo”.

 

“De aquí en adelante, Bahiya, has de entrenarte así:

En lo que se ve, sólo hay lo que se ve, En lo que se oye, sólo hay lo que se oye,

En lo que se siente, sólo hay lo que se siente,

En lo que se concibe sólo hay lo que se concibe.

Por tanto, deberías ver que;

En verdad no hay ninguna cosa aquí.

Así es, Bahiya, cómo deberías adiestrarte.

Puesto que para ti Bahiya,

En lo que se ve, sólo hay lo que se ve,

En lo que se oye, sólo lo que se oye,

En lo que se siente sólo lo que se siente,

En lo que se concibe, sólo lo que se concibe,

Y ves que no hay ninguna cosa aquí,

Por consiguiente, verás que, en verdad, no hay ninguna cosa allí,

Al ver que no hay ninguna cosa allí verás que, por consiguiente,

No estas ubicado ni en el mundo de esto,

Ni en el mundo de eso,

Ni en ningún lugar entre ambos.

Sólo esto es el final del sufrimiento”.

 Gracias a esta concisa enseñanza del Dharma del Bendecido, Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, inmediatamente quedó liberado de todas las contaminaciones al dejar el aferramiento. Luego, el Bendecido, tras instruir con esta breve enseñanza a Bahiya el del tejido de corteza vegetal se marchó.

Poco después de que partiera el Bendecido, una vaca con un becerro atacó a Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, y le causó la muerte. Cuando el Bendecido que había ido a Sāvatthī a pedir comida, después de comer, volvió de la ronda de pedir con algunos monjes, vio que Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, había fallecido.

Al verlo dijo a los monjes: “Monjes, tomad el cuerpo de Bahiya, ponedlo en una litera, llevároslo, quemadlo y levantadle un túmulo. Ha fallecido vuestro compañero en la vida santa”.

“Como diga, señor”, respondieron los monjes al Bendecido. Tomaron el cuerpo, trajeron una litera, lo colocaron sobre ella y lo quemaron. Cuando hubieron levantado un túmulo, fueron a donde estaba el Bendecido, se postraron y se sentaron a un lado.

Entonces, sentados allí, le dijeron: “El cuerpo de Bahiya ha sido quemado y se ha levantado un túmulo. ¿Cuál es su destino? ¿Cuál es su estado futuro?”

“Monjes, Bahiya, el del tejido de corteza vegetal era sabio. Practicó el Dharma de acuerdo con el Dharma, y no me importunó con asuntos sobre el Dharma. Bahiya, el del tejido de corteza vegetal, monjes, está completamente libre de ataduras”.

En seguida, el Bendecido, al percatarse del significado de ello exclamó en aquella ocasión:

Donde el agua, la tierra, el fuego y el aire no tienen punto de apoyo.
Allí las estrellas no brillan, el sol no irradia luz. Allí la luna no resplandece.
Aun así, no reina ninguna oscuridad.
Y cuando un sabio, un brahmán, ha llegado a conocer esto por su propia sabiduría,
Está liberado de la forma y de la no-forma, del gozo y del dolor.

 

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Bahiya Sutta (Udana 1.10, Khuddaka Nikaya, Sutta Pitaka), traducido del Pali por Thanissaro Bhikkhu y John D. Ireland. Access to Insight (BCBS Edition) http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/kn/ud/. Traducción al español por Juan Manzanera a partir de las traducciones de Thanissaro Bhikkhu y John D. Ireland.


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