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Una enseñanza definitiva

Una enseñanza definitiva

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Es muy fácil perderse en el mundo de la mente. A veces, incluso, si no sabemos meditar podemos acabar reforzando nuestro mundo mental en lugar de conocernos y liberarnos de la infelicidad. Tenemos que saber cómo trabajar con la mente, qué nos atrapa y cómo ser dueños de nuestros estados.

Entre las numerosas joyas del budismo hay una enseñanza muy bella. Es muy especial porque la persona que la recibe, con sólo escuchar a Buda, en ese mismo instante alcanza el Despertar espiritual. No tuvo que hacer años de meditación ni someterse a numerosas etapas de disciplina y control. Sólo al abrirse las palabras del Maestro, las entendió inmediatamente. La enseñanza se llama el Sutra de Bahiya 

Bahiya quería liberarse del sufrimiento y se entera de que Buda enseña el camino de la liberación. Entonces deja su casa y va a verle a la ciudad de Sāvatthī . Cuando llega al lugar donde le habían dicho que residía Buda, el monasterio de Anathapindika, los monjes le explican que el Señor se ha ido a pedir comida a la ciudad.

Así, Bahiya entra en la ciudad para encontrar al Maestro. En cuanto le ve, se acerca y le pide una enseñanza para liberarse del sufrimiento. Sin embargo, Buda le dice que ha llegado en mal momento porque están pidiendo comida por las casas. Bahiya insiste y Buda vuelve a negarle la enseñanza. Pero Bahiya no se rinde y a la tercera petición, finalmente Buda accede y le transmite la enseñanza que con solo oírla le lleva a trascender el sufrimiento y el final de de todos los renacimientos. Así pues, esto es lo que Buda le dice:

“En lo que se ve, solo hay lo que se ve,
En lo que se oye, solo hay lo que se oye,
En lo que se siente, solo hay lo que se siente,
En lo que se concibe solo hay lo que se concibe .
Por tanto, deberías ver que;
En verdad no hay ninguna cosa aquí.
Así es, Bahiya, cómo deberías adiestrarte.
Puesto que, Bahiya, para ti hay,
En lo que se ve, solo lo que se ve,
En lo que se oye, sólo lo que se oye,
En lo que se siente solo lo que se siente,
En lo que se concibe, solo lo que se concibe,
Y ves que no hay ninguna cosa aquí,
Por consiguiente, verás que
En verdad no hay ninguna cosa allí,
Al ver que no hay ninguna cosa allí
Verás que,
Por consiguiente, no estas ubicado ni en el mundo de esto,
Ni en el mundo de eso,
Ni en ningún lugar
entre ambos.
Solo esto es el final del sufrimiento”.

Esto es lo que el Maestro le transmitió a Bahiya y en estas palabras está contenido todo lo que necesitamos saber para trascender nuestras frustraciones, insatisfacciones, inseguridades y conflictos vitales. Esta es la enseñanza que liberó a aquel hombre y es una de las llaves para nuestra propia liberación. Así pues, todo lo que necesitamos es sentarnos a contemplar las palabras, y tratar de captar lo que de verdad significan.
Conforme realizamos la indagación se van desvelando distintas capas, distintos significados cada vez más sutiles y profundo.

Una primera lectura nos hace reconocer que siempre estamos contaminando nuestra experiencia con la mente, y si fuéramos capaces de quedarnos tan solo con lo que sucede tendríamos más paz. Dicho de otro modo, nuestros conflictos y problemas están determinados por nuestra forma de entender las cosas, las interpretaciones que hacemos, las expectativas, las creencias de cómo debe ser todo, las valoraciones subjetivas, etc.

No vivimos, la afirmación De Buda: “en lo que se ve sólo hay lo que se ve”, sino que en lo que vemos se mezclan además todo tipo de proyecciones, significados y procesos mentales distorsionando lo que hay. Si fuéramos capaces de apartar nuestra mente y ceñirnos a lo que sucede, a lo sentimos, a lo que vemos, a lo que oímos, etc., viviríamos con muchísima más serenidad. Esto es muy importante, cada uno tenemos que hacer una reflexión personal y cuestionarnos hasta qué punto estamos permitiendo que nuestros estados mentales deformen la realidad. 

Una de las preguntas que siempre conviene hacernos, ante cualquier dificultad en la vida, es: ¿Lo que veo es la verdad o es lo que mi estado mental me dice?

Pero este es sólo el significado más básico de las palabras de Buda. Si seguimos con la contemplación, empezamos a reconocer el sentido de las palabras “no estas ubicado ni en el mundo de esto ni en el mundo de eso, ni en ningún lugar entre ambos”. Es poner en tela de juicio el sentirse alguien: Yo soy, Yo existo, yo tengo, yo hago, yo percibo, yo vivo. Pero, esto no es una cuestión intelectual ni viene como consecuencia de un profundo análisis filosófico. Viene de poner conciencia en la experiencia, en el momento presente.

Cuando experimentamos las cosas, cuando vemos, oímos, sentimos y concebimos cosas, tenemos una imagen de nosotros mismos. Una idea muy firme y arraigada que se vive muy real. Nos sucede constantemente y no parece haber motivos para cuestionarla. Sin embargo, cuando nos detenemos aquí y nos enfocamos en esa sensación de ser empieza a verse menos real.

Es especial, si investigamos si esta sensación de yo está viendo o sintiendo algo, no se ve tan claro. Más bien, lo que se ve es la experiencia de ver o la experiencia de oír y la experiencia de sentirse alguien. Se perciben experiencias diferentes sin ninguna relación. Si persistimos en la contemplación, dejando a un lado argumentos, descubrimos que hay experiencias de ver, oír, sentir, y concebir, que incluso está la experiencia de yo, pero no hay nadie que ve, oye, siente o concibe. Captar esto, es un nivel más profundo y definitivo de liberación del sufrimiento.

Ahora, si en nuestra contemplación seguimos desgranando las palabras de Buda a Bahiya, todavía podemos encontrar significados más sutiles. Uno de ellos, desconcertante y profundamente revelador es descubrir que más allá de estas experiencias de ver, oír, sentir, pensar y demás, no hay nada que exista por sí mismo; no hay objetos aislados e independientes, ni cosas ni fenómenos que tengan una realidad separada. Sólo hay este sentir, no hay nada aquí ni allí. Las cosas, los fenómenos se originan dependiendo unos de otros. Los objetos, las personas, los fenómenos que conocemos sólo son el percibir y más allá de esto no se encuentra ninguna realidad objetiva.

La verdadera sabiduría empieza cuando no encontramos nada ahí, separado de la experiencia o del conocimiento de ello. El objeto es una experiencia y no hay nada más que la experiencia. No hay un objeto ahí y luego, ese objeto se ve o se toca, o se piensa. Solo hay una experiencia que surge aquí.

Hay experimentar, pero no hay objetos ni nadie que experimenta. La sensación de un mundo externo y alguien que lo percibe, viene de ciertas ideas que se producen en la mente. Ideas que parece que apuntan a algo objetivamente real y que nunca son cuestionadas. Parece que las ideas se refieren a cosas que existen independientes de ellas. Como si las cosas pudiesen existir sin necesidad de pensamientos y conceptos.

El asunto es que no hay motivo para cuestionarlo, pues nos sirve para funcionar en la vida, para obtener lo que necesitamos, para sentirnos seguros, para relacionarnos, etc., esencialmente para sobrevivir.

Ahora bien, tras la indagación lúcida y directa de lo que hay aquí, se desvela que nada existe sin la mente como condición; las cosas, las personas, el yo, son fenómenos que requieren de conceptos y procesos mentales para existir. Por consiguiente, nada existe por sí mismo. Todo está vacío de existencia propia. Aprehender esto es liberación.

Pero es preciso tener cuidado, sin la investigación correcta podemos llegar a la conclusión errónea de que no existe nada. Por el contrario, la sabiduría no dice que no hay nada.  Cuando llegamos a la sabiduría encontramos que las cosas, los fenómenos, el mundo, las personas, el yo, ni existen ni dejan de existir. Sólo son convenciones para manejarnos en la vida. La realidad final es inefable, inconcebible, inaprensible y sutil. Y, sin embargo, no hay nada más cerca ni más íntimo en este instante.

Evidentemente aprehender todo esto requiere una gran lucidez y claridad. Necesitamos parar y contemplar de un modo directo e inmediato lo que hay aquí. Es esencial dejar de buscar todo tipo de experiencias, dejar de seguir llevándonos de conceptos e ideas, y ponernos a mirar con honestidad el momento presente, lo que vemos, sentimos, pensamos y demás. Solo así encontraremos el camino a la sabiduría que libera de las insatisfacciones e incertidumbres de la vida.


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