Meditación Juan Manzanera Foros 2025-foro-21dias Día 21 Bodhicitta Respuesta a: Día 21 Bodhicitta

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Juan Pedro
Invitado

La Bodhichita extraordinaria. La gran compasión.

Querer la iluminación por el bien de todos los seres. Querer que descorrer el velo de Maya, la ilusión, el sueño, la apariencia que todo es, tal y como se me presenta.
La bodhichita extraordinaria es un estado ya no reversible de iluminación y despertar. Podemos medir por medio del sufrimiento y, por tanto, de la ausencia o no de ego. Sin yo egoísta -el yo funcional siempre lo hay- no hay sufrimiento. Eso significa que uno ha alcanzado la iluminación, que ha despertado. Pero, la bodhichita, es el gran despertar la gran liberación es la iluminación por que los demás seres no sufran.
¿Cómo debemos concebir este camino, este viaje de transformación? Pues no lo sé si con esfuerzo o como un dejarse fluir. Parece que en el samsara todo es sufrimiento, pero una vez alcanzado el nirvana, no hay sufrimiento, nos damos cuenta de nuestra naturaleza primordial que no es inherente. Pero volviendo al Sutra y a Nagarjuna, resulta que el vacío es forma y la forma vacuidad… y Nagarjuna habiendo entendido-vivido esto, pues lo capta perfectamente. Siempre estamos en el samsara, siempre en la Caverna platónica. Por eso, el sufrimiento siempre está ahí, como lo está la liberación de tal sufrimiento. No hay un yo sustancial que sea la vacuidad o que sufra. Hay olas en el océano, hay ecos, hay arcoíris en el cielo y reflejos en la nada del espejo perfectamente pulido. Nada es sustancial o de naturaleza inherente, pero todo es. Ya estamos absolutamente despiertos, pero también atados a las cadenas de la ignorancia, la aversión y el deseo. Llega un momento en el que no hay un camino que seguir, una serie de escalones que ir subiendo trabajosamente. No, porque no hay camino. Has cruzado a la otra orilla y puedes caer en la corriente de nuevo, de ahí la necesidad de mantener la vigilancia y la presencia. Ahora todo es alegría. Pero “ahora”, realmente comienza todo. Porque el camino es un viaje hacia tu interior. Te llenas de gozo y de alegría. Pero ese viaje, en un principio es doloroso porque, ni sabe uno donde está, andamos a ciegas en el samsara con vislumbres que nos deslumbran de despertar, de tener o estar o ser la bodhichita. Pero hay un ir y venir, no hay estabilidad. Aquí hay que tener cuidado de no engañarse y creer que hemos terminado, que estamos en la bodhichita extraordinaria. Creer esto ya implica que aún no tenemos estabilidad en la bodhichita. Cuando habitamos en la iluminación, el despertar, la bodhichita, desaparece la diferencia entre yo y la bodhichita, porque no hay yo, solo hay naturaleza originaria, consciencia última, la Clara Luz.
Pero, claro, como nirvana y samsara coexisten aún estamos sumergidos en un viaje interior. Una vuelta a casa (El mito de Ulises), por eso esto es un viaje interior que, curiosamente, se hace en beneficio de todos los seres, cuidando de todos. Cuidar en el sentido de enseñar a salir del sufrimiento a los demás. Es una vuelta a casa como la del hijo pródigo. Tanto el padre como el hijo están llenos de amor que los desborda, por eso gozan, están alegres. Y donde hay alegría tampoco hay yo egoísta. Sino un yo que se desparrama hacia los otros, hacia el hermano que sufre por celos, envidia. Pero no es culpable de nada de eso. Está atado a la ignorancia. Por tanto, esa ignorancia lo hace sufrir enormemente. Está absolutamente contraído. Necesita la compasión, necesita a un bodhisatva que están en las palabras del padre, que le muestran el camino de salida del egoísmo y en la alegría que desborda el hermano; que, instalado en la bodhichita sólo quiere el bien de todos.
El gran despertar, la bodhichita extraordinaria es un caer en la cuenta o darse cuenta. Por eso, aparentemente, no hay esfuerzo. Pero sí lo hay. Porque el esfuerzo está en estar perdido, sumergido en el samsara, siendo nirvana. Creerse vivir en la forma, sin saber que la forma es vacuidad. La aspiración a la bodhichita extraordinaria es un estar en las puertas, un entrever lo que ya sabemos. Una forma “sabia”, como dice el Dalai lama de ser egoísta. Queremos nuestra iluminación para el bien de los demás. Pero no hay un “nuestra” porque no hay un yo, ni un tú, salvo ilusoriamente. Por eso la aspiración a la bodhichita es sabia, porque sólo hay un yo ilusorio en el deseo de la liberación. Pero en el fondo sabemos que la liberación es la de uno mismo. Por eso, cuando se cruza el río quizás has encontrado “tú” iluminación, te has liberado, tienes gozo, alegría. pero, al poco tiempo te das cuenta de que hay inestabilidad, que vuelves a caer en estados aflictivos. Pero no tienes ningún camino por delante, sino que inicias un proceso de autodisolución, de soltar todo, toda creencia, toda religión, toda teoría…no son más que palabras en las que nos enredamos, palabras que encubren la realidad. De ahí que, lo que comienza es un viaje hacia el interior que es una autodisolución. Es el viaje del bodhisatva, del que se ha comprometido a obtener la bodhichita extraordinaria. El estado de liberación (autodisolución) que no tiene vuelta atrás. Ese viaje interior es el descubrimiento de la sombra y de los antídotos contra ella, que no son ni más ni menos que las virtudes o “Paramitas” y que no tienen que ver con uno solamente, sino con los demás: la ecuanimidad, el agradecimiento, la alegría o regocijo, la generosidad, la ética y la sabiduría (la bodhichita misma y la autodisolución). Éste es el viaje del bodhisatva que se puede hacer desde cierta iluminación. Pero como aspiración al bien de todos los seres, lo que se pretende es no ser, la vacuidad del yo. Y, para ello, hay que salir de casa y tropezarse con el mundo, para volver a casa con sabiduría. Este viaje hacia uno mismo es aprender a ir soltándolo todo hasta no ser. O ser consciencia última inefable.
De esta forma, la paradoja del esfuerzo-no esfuerzo queda resuelta. El soltar es dejar de aferrarse, que es un no esfuerzo; pero, estamos aferrados, de ahí el esfuerzo que cuesta soltar. Pero si uno se resiste, no suelta y no alcanza la bodhichita. Y, claro que es difícil, tienes que vivir como si fueras otro, amar al otro, a cualquier otro, incondicionalmente, ser infinitamente agradecido a todos los seres. Sin ellos, sin uno sólo de ellos, no serías, no vivirías y no podrías liberarte, has de tener una paciencia infinita y una dedicación constante, tanto formalmente como en la cotidianidad. Pero todo esto no se puede hacer a menos que uno no se resista, se relaje y suelte todo, hasta el lenguaje. Por eso ya no se habla, o no se habla para decir, porque no hay nada que decir, se habla para mostrar la vía del no sufrimiento a todos los seres.

MUCHAS GRACIAS JUAN. MUCHAS GRACIAS A TODOS POR ESTE VIAJE.